20/02/2024

Sobreviviendo a First Dates

Relato narrado en el Programa de radio Martes de Terror en:
San Valentín de Terror 4; Volumen 2

Estoy muy feliz por decir que el relato de hoy fue seleccionado por Lux Ferre Audio para su programa Martes de Terror. Es el segundo episodio del especial San Valentín de Terror 4, narrado por la voz de Elena Navarrete.
Podéis escuchar el programa completo AQUÍ.
**********

No era la primera vez que veía First Dates en la televisión. Un programa que entretenía mis cenas desde el sofá. Pero llevaba una buena temporada a mis veintisiete años, soltera y muy aburrida, sufriendo una abstinencia no voluntaria de amor y pasión. Y me dije que por qué no me apuntaba para conocer a mi media naranja. Así que sin pensarlo mucho, me metí en la página del programa y rellené las diecisiete preguntas que me pedían para ayudarme a encontrar al chico ideal para mí.
Aquella noche me fui a dormir creyendo que no me llamarían por la cantidad de solicitudes que tendrían diariamente. Pero dos semanas después, recibo la llamada de un simpático redactor diciéndome que les había molado mucho mi perfil y que querían saber más de mí. Tenía que enviarles fotos, un vídeo presentándome y rellenar otro cuestionario larguísimo explayándome sobre lo que andaba buscando.
Tras completar y enviar el formulario repleto, el Equipo de Emparejamiento, que así se hace llamar, no tardó ni 48 horas en contactar conmigo nuevamente. Les había encantado mi desparpajo. Yo estaba alucinada. No entendía cómo el cutre vídeo en el balcón de casa había podido gustar tanto. El caso es que ya estaban en marcha para encontrar a mi príncipe azul y a los pocos días me afirmaron que efectivamente, habían encontrado al chico perfecto. No me lo podía creer.
La verdad por la que me había apuntado a todo esto era por la experiencia de verme en la tele y echarme unas risas con mi familia… Pero una parte de mí pensó en la posibilidad de encontrar el amor verdadero y quizá al futuro padre de mis hijos.
Cuando lo comenté en el trabajo, los adjetivos loca, chalada o zumbada, fueron los más escuchados. Aún así mis compañeras me apoyaron, y mi jefa me dio el día libre.
Ya no había vuelta atrás. Ya tenía los billetes de AVE y mi madre había propagado la noticia por todo el pueblo. De perdidos al río. 
Lunes. Cinco de la mañana. Los nervios hicieron que me levantara antes de sonar el despertador. Me preparé, llamé a un taxi. Y ahí estaba con mi maleta cargada de modelitos esperando que el tren Lleida-Madrid de las 6:25 arrancara. Al llegar a Atocha, un coche de producción me estaba esperando para llevarme a los estudios.
Pero más que estudios glamurosos, me encontré con una antigua fábrica de muebles situada en el quinto pino y que es a la vez la redacción y el plató. Porque no, First Dates no es un restaurante en Gran Vía.
Sobre las diez de la mañana llegué a los estudios donde me recibía mi redactor. Nada más entrar comenzaron las prisas para que el estilista aprobara mi ropa, firmara los papeles y me microfonaran. Una locura sin un segundo para hincarle el diente a la bandeja de croissants que había sobre una mesa. 
Porque, al igual que el restaurante no es un restaurante al uso, la grabación tampoco es lo que parece. La cena que se ve en televisión, es muy probable que esté ocurriendo a las once de la mañana o a las cinco de la tarde según el horario de cita que te toque.
El estilista había validado mi super look de blusa blanca y pantalón vaquero, y unos taconazos rojos. El micrófono estaba puesto y yo había firmado la cesión de mis derechos. Eran las once de la mañana y ya estaba maquillada, vestida, microfoneada y temblando como un flan cuando mi redactora me dio las últimas indicaciones antes de entrar al restaurante.
Tras una breve charla con el presentador, el guapo camarero me preguntó qué quería tomar. Y me pedí una cerveza para parecer una mujer decidida. O eso creía yo. Entonces mi cita apareció en escena. Un tipo que del montón que dependiendo de su desparpajo podría ser ascendido al montón de los empotrables o desterrado al huerto de los cardos.
Pasamos a la mesa y lo que más me llamó la atención fue el silencio sepulcral que había. Al mismo tiempo se grababan tres citas y el resto son figurantes. Gente que aunque en la tele parece que hablan, in situ no se oye una mosca.
Mientras mi cita y yo intentábamos encontrar un tema de conversación, empezamos a oír gritos y gemidos provenientes de fuera. Al asomarnos a la puerta, quedamos horrorizados al ver una multitud de personas avanzando hacia el estudio. Yo, friki donde las haya, sabía que eran zombis. El silencio del plató se convirtió en histeria y gritos. El presentador del programa nos instó a mantener la calma y permanecer en el restaurante mientras el equipo de producción intentaba encontrar una solución. Pero la situación se volvía cada vez más caótica y los zombis se iban congregando en la puerta, golpeándola insistentemente. Pronto me di cuenta junto a Imanol, mi cita, de que no podíamos esperar a que el equipo de producción nos rescatara. Buscamos objetos afilados y utensilios de cocina para defendernos, y finalmente, nos aventuramos afuera.
La calle estaba plagada de aquellos zombis, y con el corazón en la mano, Imanol y yo nos abrimos paso a través de los no muertos, usando nuestro ingenio para sobrevivir.
Al divisar una comisaría a escasos cien metros, nos vimos a salvo y empezamos a correr hacia allí. La puerta estaba cerrada pero un policía al vernos, abrió con llave. 
Cuando yo ya estaba entrando, cuatro zombis se abalanzaron sobre Imanol y empezaron a morderle con saña. Incluso vi cómo le arrancaban las entrañas mientras el policía tiraba de mí. 
Dos días después aún  estoy aquí, en comisaría junto a otras personas y sin saber nada de mi madre o de mis amigas. Los gritos de mi cita en First Dates me atormentaban cada vez que cierro los ojos. Es uno de los no muertos aporreando la comisaría y ya nunca podré saber si hubiera podido ser el padre de mis hijos. Soy moñas hasta en momentos así.

11/02/2024

La memoria que va y viene

Reto: Voces de Ramón J. Sender
de Libros.com



—¿Cómo estás esta mañana, Aquilino? Hoy hay tu comida favorita: sopa de estrellitas y tortilla de patatas —dijo Víctor, el sonriente enfermero. 

—¿Con cebolla? 

—Siempre con cebolla para ti. 

—¿Aún te acuerdas de cuando comíamos patatas pero no así, Rafael? Hasta las mondas nos parecían buenas cuando éramos unos zagales. 

—Aquilino, yo no... 

—Ya sé que no nos hemos visto en veinte años. ¡Estás hecho un buen mozo! ¿Te has casado? ¿Tienes críos? Pobrecita tu madre, que en gloria esté. Me lo dijo Antoñita el año pasado. 

—Aquilino... De verdad. Yo no... 

—Tranquilo. Coge esa silla y siéntate. Tengo un poco de neumonía y por eso estoy en este hospital. A ver si viene mi Candela y la conoces. 


Aquilino se había olvidado por completo de su realidad. La que le situaba en los años veinte del siglo XXI, a pocos días de soplar noventa y dos velas. Nacido en 1932, la Guerra Civil le pilló siendo un niño. 


—Amigo mío —siguió. Me apenó mucho el no haber sabido casi nada de tu vida durante estos años. Yo me casé con Candela, la hija del boticario. No tenemos familia y, me temo que no tendremos, pues no le aguantan los críos en el vientre. La pobre llora cuando cree que no la escucho, pero yo no sé qué decirla. No es culpa suya...

Nos hemos venido aquí a Madrid porque me salió un trabajo de chófer. Me saqué el carné haciendo el servicio militar. Me gusta tanto estar al volante que no me lo pensé. A ver si en dos días me dan el alta y vuelvo a las calles. ¿Y tú qué? —Suspiró Aquilino antes de continuar—. Me enteré por mis suegros que tu madre y tú os habíais marchado del pueblo por los rumores. Que en Barcelona tu madre servía en casa de unos señores ricos. Si bien es cierto que tú y otros zagales del pueblo no teníais padre porque vuestras madres quedaron embarazadas sin estar casadas, o tan siquiera ennoviadas. Entonces nos cambiaron de párroco. A don Agustín se lo llevaron y dicen que lo fusilaron. Y que tu madre y otras cinco mozas germinaron seis criaturas del padre pecador. Pero a mi eso no me importa, Rafael. Siempre fuimos amigos. Y aunque yo siempre tuve padre y madre, soy el séptimo hijo del cura. Mi madre conoció a mi padre estando embarazada de dos meses. Se lo contó al poco aun con miedo a que la dejase por ello. Pero él la quería tanto, que le juró que cuidaría de ella y de mí como si fuese de su propia sangre. De esto me enteré hace poco, cuando mi padre murió. Así que, Rafael, además de mi amigo, eres mi medio hermano.


Aquilino, después de soltar aquello en uno de sus recuerdos no borrados por el Alzheimer, cerró los ojos y exhaló el aire de sus pulmones. Perplejo por lo que le había contado, Víctor sólo pudo certificar la muerte del residente.

05/02/2024

Amar a oscuras

VadeReto Febrero 2024


¿Recuerdas el día en que nos conocimos, Milena? Yo estaba como un flan. 

Llevaba un mes yendo cada viernes a aquel club de jazz cuando, el maestro de ceremonias te presentó al público. Tú eras el nuevo fichaje tras la marcha de Anthony Fellows. Tu voz se pegó a mí como un chicle en el pelo, tanto que me fui a casa con ella en mis oídos hasta que por fin me dormí. 

Pasaron dos meses más y siempre arrastraba a mi amigo Gerald a que me acompañara al club. Fue precisamente él quien ideó todo para que tú y yo nos conociéramos. 


—Qué delicia de mujer. Parece imposible pero cada vez canta mejor —suspiré. 

—Bueno, amigo mío —contestó Gerald—. He estado hablando con ella y ha accedido a conocerte. 

—¿Cómo? ¿Estás loco? No pretendo incomodarla. Va a creer que soy uno más de tantos admiradores que tendrá —logré decir mientras sentía mi cara encenderse. 

—No hay problema. Ya le he explicado todo. 

—¿Qué tenías que explicarle?

—Nada. Termínate el whisky y agárrate a mi brazo. 


Gerald me llevó hasta tu camerino cuidándome en todo momento para que no tropezara con algo. Abriste la puerta y tu voz al hablarme hizo que me estremeciera. Me habías tendido la mano para saludarme pero al ver que yo no reaccionaba, me diste un reconfortante abrazo. Tu olor a agua de rosas me desconcertó, no parecía un aroma para alguien que canta jazz. Luego, cuando nos fuimos conociendo más, supe que ningún otro perfume casaría tan bien con tu personalidad como aquel. 

Accediste a quedar conmigo, un sencillo profesor que no podía verte. Un ciego al que todo el mundo decía lo guapa que eras y la suerte que yo tenía. No sé si es suerte el no poder ver tu cara y mirar tus ojos. Pero lo que sí es suerte, es poder amarte y ser correspondido. Este amor que para mí es a oscuras pero lleno de luz.


15/01/2024

Como una condena

Poema presentado al IV Certamen 25N
de relato corto de InventArte



Un año y un día, que suena a condena
Te dije adiós a ti y a lo que me envenena
No me escribas más mensajes, no te tengo pena.

Te he dicho que no mil y una veces
Pasaron los días, semanas y meses
Yo no voy a volver y tú no desapareces.

Yo no soy la mala por quererme a mí misma
Pero no vas a verlo desde mi prisma
No me sigas atosigando, no formes un cisma.

Quieres volver pero me dices mala
Quieres hablar pero me llamas fría
Quieres mi sí pero me amenazas
Dices que me quieres pero no me respetas.

Qué he de hacer para que desaparezcas
Cómo he de actuar para que no permanezcas
Y dejes de aparecer cuando a ti te apetezca.

Nunca pensé que tenía tanta paciencia
Te he suplicado, escuchando tu condescendencia
Te he mentido e ignorado por supervivencia.
Un año y un día, como una condena
Que no quieras dejarme ir, es una pena
Yo ya no soy tuya, nada me frena.

Te he dicho que no mil y una veces
Pasaron los días, semanas y meses
Yo no voy a volver y tú no desapareces.

Yo no soy la mala por quererme a mí misma
Pero no vas a verlo desde mi prisma
No me sigas atosigando, no formes un cisma.

Quieres volver pero me dices mala
Quieres hablar pero me llamas fría
Quieres mi sí pero me amenazas
Dices que me quieres pero no me respetas.

Qué he de hacer para que desaparezcas
Cómo he de actuar para que no permanezcas
Y dejes de aparecer cuando a ti te apetezca.

Nunca pensé que tenía tanta paciencia
Te he suplicado, escuchando tu condescendencia
Te he mentido e ignorado por supervivencia.

Un año y un día, como una condena
Que no quieras dejarme ir, es una pena
Yo ya no soy tuya, nada me frena.


05/01/2024

El color de la vida

Microrreto: Los colores


Tonos rosados, melocotón, y blancos suaves…

He estado flotando en calma y ternura, ingrávida, durante un tiempo, siempre sintiendo el abrazo del útero. Descubriendo un mundo lleno de sonidos líquidos y cálidas luces. Aunque cada vez soy más grande y mi lugar se hace más pequeño. Me di la vuelta y me encajé, sintiendo que dentro de poco algo muy importante va a pasar.

Hay una voz que sobresale de entre todas. Es mamá. La mayor parte de las veces, hablando, y otras, cantando. Cuando me muevo, me habla directamente a mi y, soy capaz de diferenciar cuando se toca la barriga o lo hace también papá. Y no me gusta cuando es esa cosa que le ponen en el vientre para poder verme.

Mientras me encuentro entre tonalidades de rosa y rojo, como sumergida en un sueño tranquilo, nos han dicho que ya salimos de cuentas. Aunque no veo, percibo la luz filtrándose creando sombras suaves que bailan a mi alrededor.

De pronto, rompí algo y el agua en la que flotaba se va. Todo se mueve, se contrae y oscurece, haciéndome avanzar por un estrecho túnel esperándome al final, una luz cegadora y sonidos demasiado fuertes. Tengo frío mientras paso por diferentes manos hasta que ella me coge. Es mamá. Ahora me abraza para que entre en calor y mi cuerpo adquiera el color de la vida. Tonos rosados, melocotón y blancos suaves.


03/01/2024

Por el sueño de los niños

VadeReto Enero 2024
Horizontes compartidos

¿Qué nos paraliza?

Normalmente es el miedo, pero también la incertidumbre, la pereza por conformismo, por pensar que todo está bien tal y como está, por el dicho que a veces es cierto y otras veces no, como los pimientos de Padrón, que a veces pican y a veces no. Más vale malo conocido que bueno por conocer. 

Pero en ocasiones hay que desechar al malo conocido y expulsarlo para que sea lo que venga, si es bueno o malo, pues ya se verá. La vida a veces se hace lenta y cuesta arriba, pero es muy corta, y sí, de vez en cuando, nos supera y es normal. Y aunque no es consuelo saberlo, no eres un bicho raro por admitir que te pasa. 

Miro a mi bebé que duerme plácidamente junto al otro cachorro de la casa. Son amigos y ahora puedo fantasear e imaginar el horizonte de sus vidas. Lo que por natura sería lo lógico que sucediera. Mi hijo crecerá, pero mi perro crecerá y envejecerá mientras el cachorro humano estará rozando la adolescencia y será su primer mazazo en la vida, si todo va como tiene que ir. Cuando tenga que decir adiós a su compañero de aventuras peludo. Pero mientras tanto, vamos a disfrutar el momento. Vamos a ir viendo juntos, como el pequeño de los sabrosos mofletes mejora su manera de comunicarse y aprende a andar. Como sin prisa pero sin pausa, adquiere sus conocimientos. 

Los niños son el presente, y sobre todo el futuro. No se trata de que la gente tenga muchos niños porque aunque suene mal decirlo, hay sobrepoblación en el mundo. Si no de que ningún niño o niña vea interrumpido su plácido sueño por la estupidez de los adultos, con sus guerras y sus taras mentales. Si siempre fuéramos inocentes y con la capacidad de distinguir y escoger el bien sobre el mal. El mundo sería mucho mejor.


08/12/2023

Catarsis

Microteatro de Diciembre 2023
 

—Escucha. Tengo que hacer un parón en la sopa de letras que estoy preparando, porque el caldo es de pollo y, algo me está carcomiendo.
—¡Soy todo oídos!
—Pues verás. Ayer maté a un conejo. 
—¿Cómo? 
—Con nocturnidad y sin alevosía. 
—Ya me imagino. No eres de esas pero, ¿cómo pasó? 
—Conduciendo. Fue sin querer. 
—Tranquila. No pasa nada. 
—¿Y por qué me siento tan mal? Si al menos, lo hubiese matado por necesidad. Para comer... Pero yo no como conejo. Precisamente porque me da pena. Pollo sí. Que es lo más parecido que se me ocurre. Por eso es de pollo el caldo que más me gusta. 
—Los conejos son animales bobos. Se quedan parados ante los faros y, ya está. Caput. 
—Es que sonó cloc-cloc. La rueda izquierda delantera primero. Y a continuación, la trasera. Un conejito precioso que parecía suave y achuchable. Me sorprendió, no lo esperaba. A mi edad, ha sido la primera vez. Y tengo que dar gracias a que no fue un jabalí el que se cruzó en mi camino. 
—Entonces, estaríamos hablando de algo mucho más grave. 
—Ya... Que en su gloria esté el desgraciado conejillo. Lo siento con toda mi alma. He matado sin remordimientos a moscas, mosquitos, hormigas y otros bichos. Y sin querer, al pisar a algún que otro caracol que no vi. ¿Me sigues? 
—Te sigo y lo corroboro. 
—Me quedo mucho más tranquila. Ha sido un placer poder hablar contigo, cerebro. Necesitaba soltarlo de alguna manera. Ha sido toda una catarsis y escribiré sobre ello. Pero antes, debo terminar la sopa. Que estoy deseando comerme un buen plato y añadirle unos picatostes. 
—No hay de qué. Y yo agradeceré la tranquilidad que me dará el que te comas esa sopa.


Postdata: Pasadas las doce de la noche del 6 de diciembre. Atropellé a un conejo. En estos casos, la DGT aconseja no frenar para salvaguardar al conductor y a los acompañantes que pudiesen ir en el coche.

06/12/2023

El Club de los Zombis

Dibujo sacado de la app de SHEIN
CONCURSO DE RELATOS 39ª Ed. HARRY POTTERY LA PIEDRA FILOSOFAL de J. K. Rowling


A mí siempre me han tildado de rarita. Pero a estas alturas de la vida, poco me importa.

Mis queridos (y hippies padres), me habían enviado a la fantástica Everglow Magic School. Una maravillosa escuela en donde según ellos, yo podría hacer florecer mis mil y un dones. Para ellos, su pequeña Maya, era lo mejor del mundo mundial, lo que me hacía muy feliz.  ¡Cuánto les echo de menos! 

Pues eso, que allí estaba yo con mis rizos de colores y Mr. Rainbow, mi cama-camaleón como le decía yo. Y sí. Antes de pregúntame, podíamos tener a nuestra mascota en aquella escuela en la que estaría internada hasta terminar bachillerato.

Pues el primer día, los de mi clase ya me miraron con cara de oler fuertemente a piara y, me llamaron a la cara, y las espaldas, Tuerta Turulata. ¿En serio? ¡Qué originales! Y es que, si os acercáis al dibujo de mi cara súpermegahíperrealista que mi madre me dibujó para que lo tuviese conmigo en Everglow, veréis que mi ojo izquierdo es distinto. Con ese ojo sólo veo de noche, y con el derecho, de día.

Y entonces a la hora del recreo de aquel primer día, sola como yo estaba comiéndome una dulce y deliciosa manzana roja, se me acercaron cuatro criaturas la mar de encantadoras. 

—¡Hola, Maya! Vamos a la misma clase y mi nombre es Matt. Y estos son Serena, Andrew y Rocket. Que van al "B" pero son mis amigos y nos llaman los Zombis porque somos los raros e inadaptados. ¿Quieres unirte a nosotros? —dijo el niño de carrerilla mientras me tendía la mano para saludarme.

—¡Hola, Matt, Serena, Andrew y Rocket! ¡Qué fantásticos sois! ¡Y qué bien que tengo cuatro amigos de golpe! Pero, raros… ¿de qué? Yo os veo la mar de normales. Si es que la normalidad existe, que ya es decir.

—Me encanta lo filosófica que eres, Maya. Pero como podrás ver, llevo dos prótesis para andar porque nací sin piernas — dijo Serena mientras saltaba haciendo ver que corría.

—Yo, Rocket, me llaman así porque siempre he sido un trasto que no para quieto y en una de mis ocurrencias, jugando con un candil, me quemé media cara. De ahí mis cicatrices y que parezca que la mitad de mi rostro se vea como derretido. 

—Andrew no habla. No es sordo ni mudo, porque habla en sueños. Si tiene algo que decir, lo escribe en su cuaderno del que jamás se separa —suspiró Matt. —Y yo, pues albino y zurdo. No puede darme la luz del sol directamente porque se me descama la piel y puedo desarrollar melanomas diez veces más que cualquier persona. Y por eso somos los zombis. ¿Qué te parece? ¿Te asustamos o te molamos?

—¡Me moláis, y quiero ser una de vuestros zombis! ¡Rarezas al poder! Mis padres se van a poner supermegahíperfelices por tener tantos amigos tan geniales y tan pronto. ¡Ajo y agua pa' los siesos!

A la semana de haber empezado el curso, el ambiente de Everglow se volvía más denso. Extraños sucesos mágicos comenzaron a perturbar la tranquilidad de todo el mundo. Hechizos descontrolados, objetos encantados que se volvían inestables y criaturas mágicas que actuaban erráticamente, generando un gran caos. Alguien había robado de su vitrina La Gema de la Discordia. Así que el club de los Zombis nos reunimos para concentrar nuestros poderes y neutralizar la mala vibración de dicha gema.

Serena, con su don de la transformación, se convirtió en una criatura capaz de detectar la emanaciones de la piedra, guiando al grupo hacia donde se hallaba. 

Matt aplicó su magia de velocidad para crear un vórtice de energía alrededor de la gema, ralentizando sus efectos para que los demás actuasen con mayor precisión.

Andrew, utilizó su magia silenciosa para contrarrestar los sonidos discordantes generados por la gema, creando una barrera de calma a su alrededor.

Rocket, con su magia de fuego controlado, purifica la energía negativa, despojando a la joya de su malignidad.

Y yo utilicé mi control sobre la magia de la noche para envolver la gema en sombras, disminuyendo su resplandor para devolverla a la Cámara de las Reliquias.

Al cerrar la vitrina, un papel amarillento cayó a mis pies. Era un antiguo contrato mágico que vinculaba a Ignatius, un profesor despedido por sus malas artes, que murió de un infarto ipso facto

—¡Sacad de nuevo esa gema y devolvédmela!

—¡Ni hablar!

Ante nosotros estaba el mismísimo espectro de Ignatius, pero acabamos con su malvado plan. Yo le deslumbraba con mis sombras nocturnas, mientras Matt y Serena le neutralizaron, Rocket creó a su alrededor una barrera de fuego. Entonces Andrew, en su silenciosa maestría, contrarrestó los conjuros oscuros. 

Ignatius fue entregado al director de la escuela que, encerró al fantasma en un tarro mágico e imposible de abrir o romper. 

La Escuela Mágica de Everglow se transformó en un lugar donde  cada estudiante, independientemente de sus habilidades o peculiaridades, encontraba un espacio para crecer, aprender y prosperar en armonía. Nosotros seguíamos siendo los raritos, El Club de los Zombis, aunque ahora todos querían ser nuestros amigos. 

Y aquí hemos vuelto Matt y yo veinte años después. Acompañando a nuestra hija, Candy, en su primer día en la escuela, con sus rizos de colores y Mr. Rainbow, que es inmortal y nunca envejece. Ha heredado mis ojos y es zurda como Matt. Toda una súpermegahíperbendición.


03/12/2023

La doncella del sauce

VadeReto Diciembre 2023
Recuéntame un cuento
Basado en la canción: The Willow Maid, de Erutan
Podéis ver el Life Action AQUÍ


Una fría mañana de diciembre un joven caminaba por el bosque con su aljaba y su arco de caza pensando en la mala suerte que estaba teniendo aquel día, pues no había cazado nada. Pero de pronto, empezó a escuchar una dulce voz que entonaba una canción.

Movido por la curiosidad, siguió la melodía hasta el lugar donde junto a un gran sauce en mitad de un claro, se encontró a una bella joven que dejó de cantar al verle. 

—¡Oh, linda doncella! Ven conmigo y deja este sombrío y frío lugar. Yo te tendré bien cuidada y tendrás un verdadero hogar.

—Lo siento, noble caballero, pero no me puedo ir. No me pidas que te siga. Pues desde que nací, mi lugar está aquí.


El joven se fue cabizbajo pero al día siguiente, volvió a aquel bosque portando una flor amarilla y vistiendo su elegante capa verde. La doncella por la que suspiraba, tenía el pelo rojo como el fuego y los ojos brillantes como esmeraldas. Ella estaba radiante y bella, sentada junto a su sauce, cuando él le regaló la flor. 

—¡Oh, linda doncella! Me has obnubilado y mi corazón has capturado, por eso te digo que tu novio yo quiero ser.

—Pero yo no puedo casarme, ni cerca, ni lejos, ni pronto. Lo siento, noble caballero. No me pidas que te siga. Pues desde que nací, mi lugar está aquí.


Pasó otro día y el joven, cada vez más desesperado, volvió a adentrarse en el bosque con un hacha recién afilada. Pensando que al fin se llevaría a su hada de ojos verdes para poderse casar. Ella sería la esposa con la que criaría a sus hijos y viviría feliz hasta que llegase su final. Pero la doncella nada más verle, se rompió en mil lágrimas, suplicando que no hiciera lo que podía leer en el rostro del chico. 

El joven blandió el hacha hasta que el centenario sauce al fin al suelo cayó.

—¡Oh, linda doncella! Ya nada te ata aquí. Tu sauce yo he talado. Ahora, mi amor, me perteneces.

—No has entendido nada porque jamás me escuchaste. No me pidas que te siga. Por favor, mi lugar está aquí. 


Él la tomó de la mano y, ella arrastró los pies como alma en pena. La forzó a seguirle pero, a escasos metros, la bella doncella, cayó fulminada sobre la tierra y, del manto verde de la hierba que la vio nacer, se desvaneció en una flor. Una que sólo florecerá durante un día al año. 

El joven sin comprender lo sucedido, no pudo sacar a la doncella del bosque, porque nunca puedes poseer lo que nunca estuvo destinado a ser tuyo.


La Moraleja podría ser:

«La imprudencia puede llevar a la pérdida».


20/11/2023

Él no te ama


Relato finalista del IV concurso:
Construyendo Cultura en Salud Mental
Unidad de Salud Mental Comunitaria del Hospital de Los Arcos-Mar Menor, las concejalías de cultura de los municipios de Los Alcáceres, San Javier, San Pedro del Pinatar y Torre Pacheco, las asociaciones AFEMAR, AIKE Mar Menor y LAEC, y la Fundación entorno Slow-Proyecto Neurocultura de Torrepacheco


Más de un año desde la ruptura ella nunca pensó que tuviera tanta fortaleza. No podía permitirse el lujo de flaquear, principalmente por sus padres, por sus hijas y por ella misma.

El hombre que fue su pareja durante ocho años no quería dejarla marchar. Obsesionado con ella, sus mensajes daban pavor. Audios suplicando, amenazando, surrando o gritando.

Ayer me llamó llorando desconsolada. Le bloquea pero se hace cuentas nuevas para volver a acosarla. Está aterrorizada y sobrevive a base de ansiolíticos y somníferos.

Fuimos a tomar un café. Me contó que se quedó paralizada mientras echaba gasolina al coche, minutos antes de nuestra quedada. Vio un poco apartado a un hombre fumando que al principio le pareció idéntico a él. Se quedaron mirando unos segundos hasta que por fin vio que no era él. Aún así, temblaba mientras sus manos rodeaban la taza en la cafetería. Menos mal que vive a miles de kilómetros. ¿Pero, quién sabe?

Él le dice que no tenga miedo porque la ama y jamás le haría daño.

Y yo le digo a mi amiga, que alguien que te quiere, nunca te haría pasar por esto, pues preferiría que fueras feliz.