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16/07/2026

Grady Hendrix. Celsius 232

GRADY HENDRIX. CELSIUS 232
Desvarío: Encuentro

Libros que poseo:

  • Horrorstör
  • El exorcismo de mi mejor amiga
  • Vendimos nuestras almas
  • Guía del club de lectura para matar vampiros
  • Grupo de apoyo para Final Girls
  • Cómo vender una casa encantada
  • Brujería para chicas descarriadas

"El humor se solo una más de las herramientas con las que cuentas, un buen instrumento para que el lector baje la guardia. Le has de hacer olvidar que se trata de una novela de terror, y de golpe recordárselo. Y, por otra parte, también es así la vida real: no es como un libro de un género. Es como todos los libros juntos, es horror, es humor, es romance, es acción".

*Un video que grabó mi hija durante la charla.

Por cuestiones de la vida, ésta quiso que yo me encontrara trabajando y que mi hija estuviera con su padre de vacaciones en Asturias. Como cada año.

Ni idea tenía yo de algunas cosas que acontecen cuando ella me dice que mi nuevo autor favorito, Grady Hendrix, está en Avilés.

Así que su padre y ella se plantaron en dicha localidad a ver al autor en el Celsius 232 y me envió un pequeño vídeo. Suficiente. Yo estoy feliz de que ella haya podido ir y disfrutarlo, y enviarme este pequeño y gran recuerdo a la vez.

Esta entrada espontánea, surgida de la nada, es una de las que más me gusta. Uno más de mis desvaríos.

Hay un metarrelato haciéndole un guiño AQUÍ.

Dice mi hija que es chistoso y simpático y que habla un poco de español. Y yo apostillo que es una cosa de agradecer y más siendo él de Estados Unidos (de América, que no del Ombligo del Mundo).

En fin, que lo comparto por aquí en mi pequeña ventana al mundo.

18/11/2025

La lista de la compra

Relato narrado en el Programa de radio Martes de Terror
Noche de Terror IX ; Volumen 3


Me complace decir que el relato de hoy fue seleccionado por Lux Ferre Audio para su programa Martes de Terror. El segundo episodio del especial Noche de Terror 9, con las voces de Elena Navarrete, Toni López e Inés Vega. Podéis escuchar el programa completo AQUÍ.

**********

Tras el desayuno, Mateo apuntó magdalenas a la lista. Mientras se ataba las botas, silbó. Afuera, la brisa mecía los olivos, y el canto de los pájaros era más insistente que de costumbre.

—¡Trufa! ¡Vamos, chica, que toca ir al pueblo!

La joven bodeguera ignoró la orden y el hombre frunció el ceño, asomándose al porche. Estaba ella bajo un árbol meneando el rabo alegremente con un pajarillo en la boca.

—¿Otra vez? ¡Por el amor de Dios! —suspiró, saliendo de casa con resignación—. ¿Cuántas veces te he dicho que no se cazan, no se comen, y tampoco se juega con ellos?

La perrita agachó las orejas y soltó al jilguero que quedó sobre la tierra como una nota disonante. Mateo se acercó a ella y le acarició la cabeza.

—Eres muy bestia. ¿Sabes? Una bonita y cabezota.

Entró a la casa a por la lista. Martes. Huevos, leche, tomates y pienso, entre otras cosas. Cerró con llave y subió al coche, y con un par de palmadas en el asiento, Trufa se subió en la parte de atrás.

La carretera estaba desierta. Como casi siempre. Eso le gustaba a Mateo, sin ruido, sin pitidos, sin domingueros. Hasta que en la última curva antes del pueblo, frenó en seco. Había alguien en mitad del asfalto.

Estaba inmóvil en medio de la línea continua, y parecía llevar ropa de trabajo. Vestía chaleco amarillo y pantalones grises, ambos con rayas reflectantes. Tenía la cabeza ladeada, como si se le hubiera desencajado el cuello y los brazos le colgaban con una rigidez rara, como si no recordara del todo que los tenía.

Trufa soltó un gruñido grave, casi inaudible. El pelo del lomo se le erizó como una cresta. Tenía las orejas tensas hacia adelante, el morro cerrado, y los ojos fijos en aquel hombre.

—Tranquila, chica —dijo sin mucha convicción.

Jamás la había visto así ante cualquier extraño.

Miró de nuevo al hombre y bajó despacio, dejando la puerta entreabierta. Se acercó pensando que no parecía haber escuchado el motor del coche, ni su voz. Su cara tenía un tono ceniciento y la mandíbula le colgaba un poco, babosa.

Mateo tragó saliva. Aquel tipo parecía colocado o enfermo. O ambas cosas.

—Jefe, ¿está bien? —preguntó, manteniendo la distancia.

Silencio. Mateo solo dio un paso más.

El hombre alzó la cabeza con un movimiento espasmódico. Sus ojos estaban enrojecidos y vidriosos, con una mirada vacía, como si vida. Entonces abrió la boca y dejó escapar un sonido sordo, como un gemido roto. Y fue cuando, con un crujido apenas audible, se enderezó y dio su primer paso.

Aquel desconocido se acercaba a Mateo con la boca abierta y los brazos estirados. El hombre de campo, que solamente quería hacer la compra, no esperó más. Le plantó ambas manos en el pecho y lo empujó con fuerza. El hombre cayó pesadamente hacia atrás, sin apenas resistencia,  y se oyó un crujido, como el de una rama rota.

—Vamos, no me jodas —murmuró Mateo contrariado—. Encima le habré roto algo.

El hombre no se quejó ni gritó. Ni siquiera se llevó la mano a donde fuera que se hubiera hecho daño. Se quedó un momento tumbado con los ojos clavados en el cielo, y luego intentó ponerse de pie otra vez. Pero parecía una marioneta de hilos. Eso fue lo que le dio más miedo a Mateo. Volvió al coche a toda prisa. Trufa lo recibió con lloros impacientes.

—Ya, bonita, ya. Nos vamos cagando leches.

Metió primera y salió pitando hacia el pueblo. Daría parte a la Guardia Civil. Tal vez era una droga de esas sintéticas que volvían a la gente loca. O alguien fugado del psiquiátrico. No sería la primera vez.

Cuando al fin llegó al pueblo, vio entonces a una mujer corriendo. Llevaba la ropa rota y manchada de tierra y sangre. Al ver el coche, alzó los brazos desesperada y se puso delante de él. El coche frenó.

—¡Ayúdeme! —gimió ella—. ¡No me deje aquí!

Mateo bajó la ventanilla solo un dedo.

—¿Qué pasa? ¿Está herida?

La mujer temblaba y tenía los labios resecos y partidos.

—No me han mordido. Le juro que no me han atacado.

Trufa volvió a gruñir en el asiento trasero, agazapada. Mateo dudó pero abrió la puerta.

—Entre despacio y dígame qué está pasando.

Ella entró de un salto y cerró la puerta a toda prisa. Pasaron algunos segundos callados, solo el sonido del motor y el jadeo de Trufa llenaban el coche.

—Todo empezó el viernes —dijo la mujer al borde del llanto—. En el hospital, incluso en las ambulancias. No sabíamos qué pasaba… personas que morían y resucitaban… y mordían a la gente. Les arrancaban la cara o se comían sus tripas. Y luego, ellos se levantaban a su vez, voraces.

—¿Quiénes?

—Los que morían se levantaban, igual que el primero. Como si no estuvieran muertos del todo.

Mateo tragó saliva. Quería echarla y mandarla a paseo. Pero la imagen del hombre de la carretera le vino a la cabeza. Y pensó que no parecía humano.

—He perdido a mi hermana. Le mordieron el brazo el domingo. Pero no tuve el valor de matarla. Era mi hermana…

Mateo miró por el retrovisor sin responder. Todo parecía tranquilo, pero algo olía mal. No era solo paranoia.

—Yo soy Mateo. ¿Y usted?

—Silvia.

—Vale, Silvia. Vayamos a la Guardia Civil. Ellos deben saber algo.

—No lo entiende, ¿verdad? Incluso los guardias se han convertido. Soy de las pocas que aún queda con vida. Aunque aún no sé por cuánto tiempo.

Silvia empezó a sollozar. Mateo intentaba procesarlo todo. Aquello era demasiado para él, un hombre sencillo y con los pies en la tierra. Un perro empezó a ladrar a lo lejos. Y entonces vio junto al estanco a Pepe, el del bar. Caminaba despacio, arrastrando los pies, con las tripas fuera.

—Bueno, Silvia. Nos vamos.

—¿Adónde?

—A casa. A por mi escopeta. Aún tengo que hacer la compra.

08/04/2025

Ara Malikian. Intruso

 
ARA MALIKIAN. INTRUSO
Desvarío: Concierto


"En el Líbano no me consideraban suficiente “Libanés” porque era de origen Armenio; los Armenios no me consideraban suficiente “Armenio” porque había nacido en Líbano; cuando me establecí en Europa no me consideraban “Europeo” porque no había nacido en Europa. Me costó años estar en paz conmigo por lo que soy y aceptar ser el eterno “Intruso” y abrazar la riqueza de mi identidad multicultural.


*Unos videos que grabó mi hija durante el concierto.

Lo único que sabía de él, era porque le había visto un par de veces que fue invitado a un concurso de televisión que antes estaba en una cadena, y ahora, creo que continúa en pantalla en otra y con otro presentador.

Con sus locos rizos, su sosegada voz y la electrizante energía tocando su violín, supe que era un ser humano especial.

El abuelo de Ara Malikian sobrevivió al genocidio armenio al hacerse pasar por violinista, cruzando la frontera en busca de un futuro. Su padre intentó ganarse la vida con el violín, pero no tuvo tanta suerte, aunque vio aptitudes en su hijo y fue riguroso con él para que aprendiera a tocarlo.

La familia de Ara procedía de Armenia, nació en Líbano en 1968, y a mediados de los setenta, época de guerra civil, ser músico podía ser una forma para salvarse. Así que con su talento, consiguió una beca de perfeccionamiento en Alemania, con apenas 15 años- Empezando en la música clásica, con concursos, conciertos como solista o en orquesta, que tiempo después tomó otros derroteros y otras músicas.

Es una persona que puede tocar en Nueva York, París o Londres, como luego en Burriana, Palencia o en mi ciudad, Lérida.

Su mujer, Nata Moreno, es actriz, directora, productora, dramaturga y la artífice del documental sobre la vida de Ara, que ganó el Premio Goya 2020 a la mejor película documental.

Lo que yo vi este pasado domingo, fue a un hombre tranquilo al hablar y tremendamente enérgico y pasional en cuanto su arco roza las cuerdas de su violín. Quedé fascinada. Tampoco me olvido de los cuatro músicos que le acompañan. Simplemente excepcionales los cinco sobre el escenario, los instrumentos, la música, el humo y el juego de luces.

25/12/2024

El alma de las muñecas

Relato narrado en el Programa de radio Martes de Terror
Navidad de Terror 5; Volumen 3


Hoy, en el día de Navidad, traigo de regalo un relato inédito seleccionado por Lux Ferre Audio para su su programa de Martes de Terror. Lo encontraréis en el tercer episodio del especial Navidad de Terror 5, narrado por las voces de Rebeca G. BrionesToni López, Nieves G. Briones e Inés Vega.
Programa completo AQUÍ.
**********

Una vez conocí a una persona obsesionada con las muñecas. Tenía tres de las cuatro habitaciones de su casa abarrotadas por ellas. Lo sé porque ella, Beverly, me compró un domingo en un mercadillo de segunda mano.

**********
Al llegar a casa me dejó sobre una mesita en el centro de una sala llena de muñecas.
—Cariño, ¿Aún no tienes suficiente con tantas? Casi no cabemos en casa —dijo con preocupación su marido Mark.
—Tranquilo, amor. Siempre hay hueco para más, aunque de momento, esta réplica de Laura Ingalls es la última —susurró Beverly acariciándole la cara.

Mark se marchó al salón para ver las noticias y Beverly me colocó entre una muñeca japonesa con kimono rosa y moño perfecto, y otra vestida y peinada como una militar al estilo de las Andrew Sisters.
Las estanterías eran de caoba y de entre todas las muñecas, fue la dispuesta enfrente de mí, al otro lado de la sala, la que me escamaba. Su pelo era muy largo, liso y negro, con un perfecto flequillo recto enmarcando su belleza. El vestido de estilo victoriano, era de un chillón color amarillo y sus negros ojos contrastaban con su palidez, pareciendo esconder algo aún más oscuro.
Yo no podía dejar de mirarla mientras notaba como el aire se enrarecía. Intenté ignorarlo, pero su voz me hizo dudar.
—Acabarás obedeciéndome, como todas —dijo la muñeca de amarillo con la mirada. —Mi nombre es Raven. La reina de todo. ¿O quizás te crees mejor que yo con tus trenzas pelirrojas y tu carita de buena. Una cateta es lo que eres. ¡Cateta!

Beverly estaba todavía frente a la estantería, mirándome. Observaba a Laura, su muñeca de la «Casa de la Pradera». Estaba tan absorta que ni notó como Mark la miraba desde la puerta del salón, preocupado. Ella había empezado a cambiar de forma alarmante. Lo que iba a ser una simple colección de muñecas, pronto se transformó en algo más sombrío. Pasaba tantas horas con sus juguetes… incluso saltándose comidas porque decía no tener hambre. Su rostro perdía color, sus mejillas se hundían y tenía problemas para dormir. A veces Mark la encontraba allí en plena noche, de pie frente a Raven. Sus ojos enrojecidos y cansados, parecían perdidos, como si estuviera atrapada en un mundo invisible. 
Pero lo más perturbador eran los extraños cortes que habían aparecido en sus dedos y manos. Mark los notó un día mientras desayunaban, pero al preguntarle, Beverly se encogió de hombros, diciendo que se cortó accidentalmente limpiando las muñecas. Sin embargo, él sabía que no eran cortes casuales; sino como hechos adrede y que siempre aparecían después de estar con Raven.

Al tiempo, los cortes fueron más frecuentes y profundos mientras en Beverly crecía una extraña devoción. Mark la encontraba en la sala con Raven en su regazo con pequeños hilos de sangre corrían por sus dedos y Beverly murmuraba cosas, meciéndose y manteniendo la mirada fija en los ojos oscuros de la muñeca. Él no podía soportar más que aquello socavase la salud y la cordura de Beverly y la él mismo.

El sonido del televisor de fondo apenas cubría el silencio pesado de la casa. Mark apretó los dientes sabiendo que cada muñeca añadida a la colección era un paso más hacia el control total de Raven. 
Aunque había intentado destruirla, siempre tenía la forma de aparecer intacta y más dominante, vigilante y peligrosa, manipulando a Beverly para debilitarla y poseerla. Pero desde que Mark vio mi expresión serena, mis trenzas y mi vestido de flores rosas y verdes, le llegó un soplo de esperanza. Por eso pensó que yo podría ser la salvación de Beverly. Y así fue.

Aquella misma noche mientras Beverly dormía gracias a los somníferos, su marido vino a la sala. La luna iluminaba directamente a Raven, que aunque ella no se movía, Mark notó que no le quitaba ojo. Él se acercó a mí y con un susurro, preguntó:
—¿Eres tú quien puede ayudarme?

Sin moverme, Mark sintió un leve escalofrío recorrer su espalda cuando mi voz se coló en su mente.
—Sí. Sabes que no he llegado aquí por casualidad y, aunque Raven no me quiere, pude entrar— respondí.

Mark dio un paso atrás. Pues hasta entonces, ninguna muñeca le había hablado.
—¿Qué debo hacer? He intentado destruirla pero siempre vuelve.

Entonces, incliné levemente mi cabeza hacia Raven, estática en su estante, y Mark vio una fina grieta cruzando la perfecta cara de la muñeca.
—Raven tiene una debilidad, pero algunas muñecas también están bajo su control. Ten cuidado también con ellas.
—¿Pero cómo lo haremos?

*****
Tras contarle el plan a Mark, se acercó a Raven y sacó una cuchilla de afeitar. Le dije que los cortes de Beverly eran la clave, un vínculo de sangre entre Beverly y Raven que debía romperse.
Entonces, las muñecas comenzaron a moverse para atacar a Mark. Pero le di la orden y él se hizo un corte en la palma con la cuchilla, dejando que la sangre goteara al suelo. Raven siseó furiosa, Levantándose mientras  su rostro se agrietaba.
Mark agarró a Raven mientras pequeñas manos arañaban su piel. Aún así, cortó la maldición sobre su esposa y un chillido agudo y monstruoso llenó la habitación, mientras la muñeca convulsionaba violentamente se hizo añicos. Yo me levanté al fin y me acerqué a Raven, posando una mano sobre lo que quedaba de ella.
—Es tu fin —musité.

Los restos de Raven se desintegraron y las muñecas cayeron inertes. Mark cayó arrodillado en la sala en silencio y sin el poso maligno. Yo me volví hacia él con una leve sonrisa.
—Has ganado, pero ten cuidado porque pueden haber otras como ella —dije antes de volver a ser una simple muñeca.

Mark respiró hondo, sintiendo alivio y terror al saber que el mundo de las muñecas, escondía una oscuridad que jamás hubiera imaginado. Pero para nuestra suerte, todo fue un remanso de paz durante los cuarenta años que permanecí en aquella casa.

18/10/2024

Tiempo de perros, tiempo de lobos


Relato narrado en el Programa de radio Martes de Terror
Noche de Terror VIII; Volumen 2


Este relato fue seleccionado por Lux Ferre Audio para su programa Martes de Terror. El segundo episodio del especial Martes de Terror 4, con las voces de Adrián Molina, Inma González y Mario Nieto. Podéis escuchar el programa completo AQUÍ.

**********

MaryLou estaba apoyada en la parada de un autobús, un simple poste en el arcén. Bajo la lluvia, con paraguas y botas de agua conjuntados en color rojo, y con sus suaves rizos rubios destacando sobre una gabardina verde musgo, sólo quedaba media hora para que la noche se echara sobre la no muy transitada carretera. La chica parecía estar esperando a un autobús que se retrasaba, pero el último del día había pasado quince minutos atrás. 


Michael iba barruntando si salir o no aquel viernes por la noche para conocer a alguna chica interesante. Los faros de su coche no se habían encontrado apenas con otros automóviles. La lluvia y el mal tiempo en general disuadía a la gente de salir del calor de sus casas. Octubre era un mes frío en el norteño estado de Maine. De pronto, clavó los frenos y paró su Chrysler beige a escasos metros de la parada de bus y las botas rojas se apresuraron hacia el auto.


—Hola. ¿No sabrá usted si aún tiene que pasar un autobús por aquí? 


—Pues a esta hora no pasa ninguno más. Si quieres te acerco, que con este tiempo puedes coger una pulmonía. ¿Vas muy lejos? No deberías estar sola cuando anochezca y seguramente alguien estará preocupado por tu tardanza.


—¡Gracias! Me haría un gran favor. Voy a Alton, a casa de mi abuelita que está muy enferma y me necesita. Es la única familia que tengo.


—¡Menuda casualidad! Yo vivo a las afueras de ese pueblecito. Está a menos de veinte minutos.


—De nuevo, muchas gracias.


MaryLou abrió la puerta y se sentó en el asiento del copiloto. Se quedó mirando el ambientador que colgaba del espejo retrovisor e impregnaba el interior del auto con su olor a lavanda. Le recordaba a su abuela. Ella le preguntó dónde lo había comprado, y él le contó que había sido idea de su hermana, porque el olor a pachuli que solía utilizar, a ella le parecía demasiado pesado, y como estaba delicada de salud y debía llevarla a sus sesiones de quimioterapia para tratar su leucemia con frecuencia, pues recibió de buena gana el cambio de ambientador por parte de ella. Michael parecía realmente un buen hombre que se preocupaba por su hermana. 


A mitad de camino, Michael detuvo el coche a un lado de la carretera. 


—Perdona un momento, pero tengo que mear o me reventará la vejiga. 


MaryLou hizo un imperceptible mohín al escuchar la palabra mear en boca de aquel hombre que había estado tan pulcro y correcto en todo momento. Cuando terminó de orinar, Michael abrió el maletero y empezó a rebuscar entre un gran saco, cuerdas, trapos y un bote de cloroformo entre otras cosas, y de repente, sintió un fuerte golpe en la cabeza que le hizo caer al suelo. Una empapada por la lluvia MaryLou, sonreía maliciosamente con un martillo ensangrentado en la mano. 


—No me digas que también tú ibas de cacería —dijo antes de asestarle el golpe definitivo—. Vaya... Pues va a ser que no. Es peligroso subir al coche de un desconocido, pero también lo es subir a alguien que no conoces.


Entonces, condujo ella misma hacia Alton dejando el cuerpo del hombre allí mismo, y pensó que ya era hora de cambiar de aspecto y optar por una melena a lo Cleopatra porque la policía estaba buscando a una chica rubia de Nueva Jersey, sospechosa de asesinar a hombres de mediana edad. Puso la radio y rió a carcajadas cuando aconsejaron no salir por la noche en solitario por el condado, sobre todo a las adolescentes y mujeres jóvenes, ya que aún no habían dado con el secuestrador y asesino que tenía atemorizada a la zona. La descripción que dieron coincidía al cien por cien con la de Michael. Su meta era cruzar hasta Canadá sin ser vista.


Y es que perro no come perro, pero cuidado con el lobo en piel de cordero.

14/10/2024

Mensaje en una botella: A bordo de la nave Europa Clipper

Mi nombre va a bordo de
la Europa Clipper

La laureada poeta estadounidense Ada Limón es la autora del oiginal poema dedicado a la misión Europa Clipper de la NASA a la luna Europa de Júpiter, que se cree que alberga un océano debajo de su superficie helada.
Narrado por la propia Ada, el poema titulado "Elogio del misterio: un poema para Europa", conecta dos mundos: la Tierra, que anhela alcanzar comprender qué hace a un mundo habitable, y Europa, que espera con secretos aún por descubrir. 
El poema va grabado en una placa, a bordo de la nave espacial Europa Clipper.
El trabajo encargado se publicó el 1 de junio de 2023 para la campaña "Mensaje en una botella" de la NASA, que invitó a personas de todo el mundo, donde me incluyo, a firmar con su nombre este poema. Los nombres de los participantes viajarán 2.890 millones de kilómetros a bordo de la nave espacial Europa Clipper hacia Júpiter y sus lunas. 
La misión se lanzará desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA en octubre de 2024 y alcanzará la órbita alrededor de Júpiter en 2030. Durante varios años, realizará múltiples sobrevuelos de Europa, recopilando mediciones detalladas para determinar si la luna tiene condiciones adecuadas para la vida. 


In Praise of Mystery:
A Poem for Europa

Arching under the night sky,
inky with black espansiveness,
we point to the planets we know,
we pin quick wishes on stars.
From earth, we read the sky
as if it is an unerring book of the universe,
expert and evident.
Still, there are mysteries below our sky:
the whale song, the songbird singing
its call in the bough of a wind-shaken tree.
We are creatures of constant awe,
curious and beauty, at leaf and blossom,
at grief and pleasure, sun and shadow.
And it is not darkness that unites us,
not the cold distance of space,
but the offering of water,
each drop of rain, each rivulet,
each pulse, each vein.
O second moon, we too, are made of water,
of vast and beckoning seas.
We too, are made of wonders of great an ordinary loves,
of small invisible worlds,
of a need to call out through the dark.

**********

Elogio del misterio:
Un poema para Europa

Arqueado bajo el cielo nocturno, teñido en la inmensa oscuridad,
señalamos a los planetas que conocemos,
enviamos nuestros deseos a las estrellas.
Desde la tierra leemos el cielo
como si ti fuera un libro infalible del universo,
conocido y evidente.
Sin embargo, hay misterios ocultos bajo nuestro cielo:
la llamada de la ballena, el canto del pájaro
su trino en la rama de un árbol agitado por el viento.
Somos criaturas en continuo asombro,
curiosos ante el latido, la hoja y la flor,
ante el dolor y el placer, el sol y la sombra.
Y no es la oscuridad la que nos une,
ni la fría distancia del espacio,
sino la ofrenda de agua,
cada gota de lluvia, cada arroyo,
cada pulso, cada vena.
Oh segunda luna, también nosotros, somos de agua, de vastos y atractivos mares.
También nosotros, estamos hechos de las maravillas de amores grandiosos y cotidianos,
de pequeños mundos invisibles,
de una necesidad de llamar a través de la oscuridad.

20/02/2024

Sobreviviendo a First Dates

Relato narrado en el Programa de radio Martes de Terror en:
San Valentín de Terror 4; Volumen 2

Estoy muy feliz por decir que el relato de hoy fue seleccionado por Lux Ferre Audio para su programa Martes de Terror. Es el segundo episodio del especial San Valentín de Terror 4, narrado por la voz de Elena Navarrete.
Podéis escuchar el programa completo AQUÍ.
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No era la primera vez que veía First Dates en la televisión. Un programa que entretenía mis cenas desde el sofá. Pero llevaba una buena temporada a mis veintisiete años, soltera y muy aburrida, sufriendo una abstinencia no voluntaria de amor y pasión. Y me dije que por qué no me apuntaba para conocer a mi media naranja. Así que sin pensarlo mucho, me metí en la página del programa y rellené las diecisiete preguntas que me pedían para ayudarme a encontrar al chico ideal para mí.
Aquella noche me fui a dormir creyendo que no me llamarían por la cantidad de solicitudes que tendrían diariamente. Pero dos semanas después, recibo la llamada de un simpático redactor diciéndome que les había molado mucho mi perfil y que querían saber más de mí. Tenía que enviarles fotos, un vídeo presentándome y rellenar otro cuestionario larguísimo explayándome sobre lo que andaba buscando.
Tras completar y enviar el formulario repleto, el Equipo de Emparejamiento, que así se hace llamar, no tardó ni 48 horas en contactar conmigo nuevamente. Les había encantado mi desparpajo. Yo estaba alucinada. No entendía cómo el cutre vídeo en el balcón de casa había podido gustar tanto. El caso es que ya estaban en marcha para encontrar a mi príncipe azul y a los pocos días me afirmaron que efectivamente, habían encontrado al chico perfecto. No me lo podía creer.
La verdad por la que me había apuntado a todo esto era por la experiencia de verme en la tele y echarme unas risas con mi familia… Pero una parte de mí pensó en la posibilidad de encontrar el amor verdadero y quizá al futuro padre de mis hijos.
Cuando lo comenté en el trabajo, los adjetivos loca, chalada o zumbada, fueron los más escuchados. Aún así mis compañeras me apoyaron, y mi jefa me dio el día libre.
Ya no había vuelta atrás. Ya tenía los billetes de AVE y mi madre había propagado la noticia por todo el pueblo. De perdidos al río. 
Lunes. Cinco de la mañana. Los nervios hicieron que me levantara antes de sonar el despertador. Me preparé, llamé a un taxi. Y ahí estaba con mi maleta cargada de modelitos esperando que el tren Lleida-Madrid de las 6:25 arrancara. Al llegar a Atocha, un coche de producción me estaba esperando para llevarme a los estudios.
Pero más que estudios glamurosos, me encontré con una antigua fábrica de muebles situada en el quinto pino y que es a la vez la redacción y el plató. Porque no, First Dates no es un restaurante en Gran Vía.
Sobre las diez de la mañana llegué a los estudios donde me recibía mi redactor. Nada más entrar comenzaron las prisas para que el estilista aprobara mi ropa, firmara los papeles y me microfonaran. Una locura sin un segundo para hincarle el diente a la bandeja de croissants que había sobre una mesa. 
Porque, al igual que el restaurante no es un restaurante al uso, la grabación tampoco es lo que parece. La cena que se ve en televisión, es muy probable que esté ocurriendo a las once de la mañana o a las cinco de la tarde según el horario de cita que te toque.
El estilista había validado mi super look de blusa blanca y pantalón vaquero, y unos taconazos rojos. El micrófono estaba puesto y yo había firmado la cesión de mis derechos. Eran las once de la mañana y ya estaba maquillada, vestida, microfoneada y temblando como un flan cuando mi redactora me dio las últimas indicaciones antes de entrar al restaurante.
Tras una breve charla con el presentador, el guapo camarero me preguntó qué quería tomar. Y me pedí una cerveza para parecer una mujer decidida. O eso creía yo. Entonces mi cita apareció en escena. Un tipo que del montón que dependiendo de su desparpajo podría ser ascendido al montón de los empotrables o desterrado al huerto de los cardos.
Pasamos a la mesa y lo que más me llamó la atención fue el silencio sepulcral que había. Al mismo tiempo se grababan tres citas y el resto son figurantes. Gente que aunque en la tele parece que hablan, in situ no se oye una mosca.
Mientras mi cita y yo intentábamos encontrar un tema de conversación, empezamos a oír gritos y gemidos provenientes de fuera. Al asomarnos a la puerta, quedamos horrorizados al ver una multitud de personas avanzando hacia el estudio. Yo, friki donde las haya, sabía que eran zombis. El silencio del plató se convirtió en histeria y gritos. El presentador del programa nos instó a mantener la calma y permanecer en el restaurante mientras el equipo de producción intentaba encontrar una solución. Pero la situación se volvía cada vez más caótica y los zombis se iban congregando en la puerta, golpeándola insistentemente. Pronto me di cuenta junto a Imanol, mi cita, de que no podíamos esperar a que el equipo de producción nos rescatara. Buscamos objetos afilados y utensilios de cocina para defendernos, y finalmente, nos aventuramos afuera.
La calle estaba plagada de aquellos zombis, y con el corazón en la mano, Imanol y yo nos abrimos paso a través de los no muertos, usando nuestro ingenio para sobrevivir.
Al divisar una comisaría a escasos cien metros, nos vimos a salvo y empezamos a correr hacia allí. La puerta estaba cerrada pero un policía al vernos, abrió con llave. 
Cuando yo ya estaba entrando, cuatro zombis se abalanzaron sobre Imanol y empezaron a morderle con saña. Incluso vi cómo le arrancaban las entrañas mientras el policía tiraba de mí. 
Dos días después aún  estoy aquí, en comisaría junto a otras personas y sin saber nada de mi madre o de mis amigas. Los gritos de mi cita en First Dates me atormentaban cada vez que cierro los ojos. Es uno de los no muertos aporreando la comisaría y ya nunca podré saber si hubiera podido ser el padre de mis hijos. Soy moñas hasta en momentos así.

11/11/2022

El cuidador

Relato narrado por
en su micro-podcast literario
La Página Nº46 AQUÍ

Hoy quiero hacer una entrada diferente exponiendo el trabajo de los narradores, dobladores y locutores.
El relato de hoy ha sido narrado por la voz de Juan Carlos Albarracín, que lo hace crecer haciéndonos sentir al protagonista del mismo.

**********
Me resisto a morir aunque toda mi familia esté muerta, yo debo vivir. 
Llevo tres meses encerrado en casa y soy feliz así. Mi mujer y mi hijo están conmigo. Les protejo y les alimento. Son mi vida. 
Voy al sótano. Hoy su menú consistirá en muslos de turista alemana... Pobre, le pilló la pandemia de vacaciones en Barcelona. Se nota que era deportista porque me costó desmembrarla, y eso que he sido uno de los mejores carniceros del mercado. No es que Mercè y Nil sean muy exquisitos con la comida, pero esta carne es más dura que la de la señora Ming, del chino de la esquina. Cuando la cacé, cogí también varias salsas de su restaurante. Yo me serviré unos filetitos de esta teutona vuelta y vuelta acompañados con salsa de soja. Ellos lo prefieren todo crudo y sin condimentar. 
Bajo las escaleras. Se alegran de verme. Están encadenados porque si no, la lían un poco. 
Me he resbalado por llevar chanclas. El tobillo está en un ángulo imposible y no puedo moverme. Mercè i Nil pasan de la comida de la bandeja y se abalanzan sobre mí. 
¡No quiero morir! 
¿Quién les cuidará?

16/07/2022

¿Qué hay para cenar?

Relato publicado en
Revista Mordedor N°6
Julio 2022


Hoy me complace hablar sobre la Revista Mordedor. Una revista digital de ciencia ficción, fantasía y terror, es de distribución gratuita y publica a autores de habla hispana de todas partes del mundo. 
De la mano de Roberto Bayeto y desde Uruguay, esta revista sale dos veces al año, en los meses de enero y julio respectivamente. Así mismo, sus convocatorias también abren dos veces al año.
Tengo el placer de haber sido seleccionada y aparecer en sus páginas, concretamente en la página 113, con el pequeño relato «¿Qué hay para cenar?» en el número 6 de la revista que pueden descargarse sin ningún coste AQUÍ
Para ver todos los números AQUÍ

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¿Qué hay para cenar?

He intentado ponerme el zapato derecho, ya que el pie izquierdo lo tengo destrozado, pero mis manos no tienen demasiada fuerza. Tengo hambre y hace días que no como. He querido llevarme a la boca las últimas flores que quedaban en el jardín, todo está podrido. Me miro al espejo y no me reconozco. Mi piel está gris y cuarteada, mis ojos sin vida, y cada vez me cuesta más usar el cerebro para pensar, ya ni hablemos de hacer cualquier actividad básica y sencilla.
La última vez que vi a una persona con vida de cerca fue hace tres semanas, era un niño pequeño que lloraba y corría mientras a su madre la atrapaban dos mujeres tan grises como yo. El niño iba sin rumbo, y mocos transparentes le colgaban de la nariz, las lágrimas no le dejaban ver y le hicieron chocar contra mí, cayendo de culo. Cogí un pañuelo del bolsillo de mi chaqueta y me agaché con dificultad para limpiarle la nariz, y el niño dejó de llorar. Intenté sonreír y le ofrecí mi mano, siempre tuve conexión con los críos. Aquellas dos se estaban comiendo a su madre, así que, para que no lo viera, me lo entré a casa y le di folios y ceras de colores.
El niño estaba tan entretenido con sus pinturas que casi ni lloró cuando le mordí. No tardó mucho en ser parte del grupo de los seres grises, de los no muertos y, ahora me veo hambrienta y con una criatura a mi cargo que también tiene hambre pero, es que siempre quise ser madre, y el destino me regaló esta oportunidad. Lo que no conseguí en vida, lo he conseguido ahora.

Me asomo a la ventana para ver si algún incauto quiere ser nuestra cena.

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También fue seleccionado y narrado en el programa de audios de terror Narraciones siniestras.