poema presentado al
I Concurso Poesía Tomate Huevo Toro
Bastó un solo mordisco
Para que regresara la sombra fresca
De la parra junto al pozo,
Del zumbido de las abejas,
Y la tarde sobre los bancales.
Volví a ser aquella niña
Que corría entre las tomateras
Más altas que sus sueños,
Con las rodillas llenas de polvo
Y el sol prendido en las pecas.
Mi abuelo y su caminar lento
Entre los surcos, como quien conversa
Con los amigos de toda su vida,
Tocaba la tierra, miraba el cielo,
Y sabía cosas que los libros no cuentan.
Recuerdo sus manos,
Grandes, agrietadas, oliendo a agua,
A hoja verde, a trabajo bien hecho,
Arrancando los tomates Huevo Toro,
Rojos como los atardeceres de verano.
Luego se hacía el milagro
En un plato blanco con un poco de sal,
Unas gotas de aceite de oliva
Y toda la huerta del Guadalhorce
Servida sobre la mesa.
El aroma llenaba la cocina
Desde el principio de las vacaciones
Y el mundo parecía caber entero
En aquel primer bocado
Saboreando la pulpa del fruto rojo.
Han pasado los años
Y ya no soy aquella niña.
Las cosas han cambiado
Y las voces queridas
Aprenden a vivir en la memoria.
Pero a veces aparece una chispa
En un mercado, en una cesta,
O sobre una encimera.
Entonces corto un tomate,
Pruebo su carne fragante, su pulpa llena.
Y vuelvo a ver a la niña,
A los abuelos en la cocina.
A la tierra que me enseñó
Que en un tomate Huevo Toro,
Todavía late, silenciosa, mi infancia.

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