02/12/2024

Daños Colaterales


CONCURSO DE RELATOS 44ª Ed.
El jardinero fiel de John le Carré
Blog: El Tintero de Oro


Carla estaba cortando leña para alimentar la chimenea de la cabaña. El paisaje que la rodeaba estaba nevado y el bosque a escasos metros, parecía en calma. Tenía borrajas, algunas setas, muchas latas de conserva y hasta un conejo que había caído en uno de sus cepos. Su rutina en los últimos cinco meses era aquella. Pero un extraño sonido y un movimiento en la vegetación, hizo que Carla entrara en la casa como una exhalación y se pertrechara con el hacha en la ventana, detrás de las tupidas cortinas.

La memoria llevó a la doctora en bioquímica, Carla Aponte, a su despacho en la empresa Genetic Corp, donde no paraba de darle vueltas a varias cosas que habían sucedido últimamente y que no le gustaban.

Su equipo había estado desarrollando el revolucionario medicamento llamado NeuroCalm,  para tratar el estrés crónico y los trastornos por ansiedad, patologías cada vez más extendidas por todo el globo terráqueo. NeuroCalm ya estaba en el mercado y su éxito había sido rotundo, pero Carla se había dado cuenta de que algo extraño sucedía. Algunos pacientes de los que tomaron el medicamento, habían presentado pérdida de memoria, fallos de coordinación y comportamientos violentos.

Una tarde, Carla se encontraba revisando los informes clínicos internos. Masajeaba la parte frontal de su cabeza porque la migraña la estaba matando. Había encontrado unos registros que revelaban que en las primeras fases de los ensayos hubo unos efectos adversos muy graves, incluyendo casos de agresividad extrema. Aquellos datos habían sido ocultados para acelerar la aprobación del medicamento por las autoridades sanitarias.

Ante esto, Carla no tuvo más remedio que llevar sus preocupaciones a Isaac Toro, su jefe directo, que intentó tranquilizarla asegurando que aquellos casos eran una mera anécdota que no representaban ningún riesgo generalizado para la población. Sin embargo, con la mosca detrás de la oreja, ella comenzó a notar como algunos de sus colegas de profesión evitaban hablar del tema y que documentos clave estaban desapareciendo del sistema. 

Viendo que nadie iba a ayudarla, Carla no tuvo más remedio que investigar por su cuenta, descubriendo así que NeuroCalm contenía un compuesto experimental que afectaba al sistema nervioso central de forma impredecible. En casos extremos, los pacientes desarrollaban un síndrome neurodegenerativo que los transformaba en criaturas sin raciocinio, controladas por un hambre insaciable. Con este hallazgo, la doctora Aponte se enfrentaba a un desasosegante dilema. O exponer la verdad, lo que supondría arriesgar su carrera y su vida. Ya que Genetic Corp era muy hábil en silenciar a los empleados disidentes. O no decir nada, ya que el medicamento estaba generando miles de millones de beneficios a la empresa y por ende, beneficios para ella misma. Además, revelar la verdad podría provocar pánico a nivel mundial. una catástrofe.

Cuando llegó a casa ya sabía que estaba decidida a actuar. el código deontológico y su conciencia no le permitían hacer otra cosa. Después de darse un baño relajante y cenar, Carla llamó a su amigo Leo Vives, un periodista independiente especializado en destapar escándalos corporativos. Juntos, planearon una estrategia para filtrar los documentos incriminatorios sin que Genetic Corp pudiera rastrearlos. Pero les salió el tiro por la culata cuando Genetic Corp se dio cuenta de la filtración, lo que desató una cacería para dar con Carla. Entonces Leo la ayudó a esconderse en la pequeña cabaña que había heredado de su tía Milagros en la montaña. Paralelamente, empezaron a salir a la luz pública multitud de casos de pacientes infectados, provocando revueltas y llevando el caos a los hospitales y centros sanitarios que rápidamente se extendió a las calles.

Pero mientras la noticia se iba difundiendo, el medicamento seguía en circulación y los infectados empezaron a multiplicarse exponencialmente. La empresa, en un último intento por controlar la narrativa, culpó a los pacientes y negó cualquier responsabilidad lavándose las manos, aun viendo que la doctora y el periodista habían logrado reunir las pruebas suficientes para demostrar que Genetic Corp conocía los riesgos desde el primer momento. Carla y Leo publicaron los informes justo cuando la situación se volvía insostenible, enfrentándose a la persecución tanto de la empresa como de los afectados, o mejor dicho, de los infectados.

A pesar de todos los esfuerzos de la doctora Carla Aponte, la verdad se enterró bajo capas y capas de burocracia y corrupción mientras la infección se propagaba, Carla se convertía al principio en una fugitiva en un escenario cada vez más hostil. Y después en superviviente en un mundo inmerso en un Apocalipsis Zombi…

Conteniendo la respiración, Carla apuntaba con su mirada hacia los árboles. De ellos emergió la figura de un hombre moreno con el pelo descuidado y una tupida barba. Cojeaba, pero no parecía herido. se acercó sin miedo y sin ira a la ventana. Carla identificó aquellos ojos verdes antes de que el hombre estampara un papel en el cristal:

《Carla, soy Leo, y no he parado hasta llegar aquí. Te quiero. No estoy enfermo pero sí exhausto》

Leo se reunió con ella como le había prometido. No habían podido parar el desastre pero habían logrado sobrevivir y reunirse. Decirse al fin lo que tenían guardado en sus corazones.


859 palabras

18/11/2024

Cenizas, hogar perdido

IX Concurso de Poesía. Tragedias poéticas
Diversidad Literaria



Todo lo amado se hizo vapor,
El fuego hambriento lo devoró.
Quedan cenizas, sombras, dolor,
En un silencio que es puro ardor.
Las paredes gritan en su calcinación,
Memorias quemadas, piel que se va.
Un eco triste, la nada y más,
Nada que arrulle el desolador temblor.
Sólo el humo queda, triste testigo,
De un hogar perdido en un cruel destino.

04/11/2024

Escondida

Microrreto: El personaje y su entorno
Blog: El Tintero de Oro
VadeReto Noviembre 2024: EL ESPACIO
Blog: Acervo de Letras
Desafío conjunto con Alianzara
Blog: Alianzara
Dance Macabre, Thu Lee (2021)


Mi mamá me dijo que me quedara muy quieta y sin hacer ruido.
Mi armario no era muy grande, pero yo tampoco. La ropa me tapaba para que no me vieran. 
​Estaba oscuro y tenía un poco de miedo, pero hice caso a mi mamá para que la gente mala no me viera. 
​Soy una niña grande y no quería llorar. Casi tengo seis años.
​Oía llorar a mi mamá porque unos hombres la estaban gritando. También  ruido de cosas que se rompían. Mi mamá lloraba más fuerte y yo también empecé a llorar.
​Tenía mocos y me limpié la cara con mi manga, pero me quedé abrazando a mi muñeca. Nos mecimos para estar más tranquilas pero los hombres hacían demasiado ruido.
​Me dolía el culo y tenía frío, pero ya no se oía ruido. 
​Cerré los ojos muy fuerte y abracé más a mi muñeca cuando el armario se abrió. 
​Una mujer policía me cogió en brazos diciendo que todo había pasado. Mamá llegó corriendo y me dio muchos besos. Tenía una tirita muy grande en la cabeza. 
Yo lo oía todo aunque no querían que me enterara. Sé que hacía muchos días que mi papá no estaba en casa. Esos hombres malos le buscaban. No sé porqué mi papá conoce a gente mala.
Mi mamá y yo ahora vivimos en una casa muy grande. Allí también viven otros niños con sus mamás y que sus papás no pueden vivir con ellos.

18/10/2024

Tiempo de perros, tiempo de lobos


Relato narrado en el Programa de radio Martes de Terror
Noche de Terror VIII; Volumen 2


Este relato fue seleccionado por Lux Ferre Audio para su programa Martes de Terror. El segundo episodio del especial Martes de Terror 4, con las voces de Adrián Molina, Inma González y Mario Nieto. Podéis escuchar el programa completo AQUÍ.

**********

MaryLou estaba apoyada en la parada de un autobús, un simple poste en el arcén. Bajo la lluvia, con paraguas y botas de agua conjuntados en color rojo, y con sus suaves rizos rubios destacando sobre una gabardina verde musgo, sólo quedaba media hora para que la noche se echara sobre la no muy transitada carretera. La chica parecía estar esperando a un autobús que se retrasaba, pero el último del día había pasado quince minutos atrás. 


Michael iba barruntando si salir o no aquel viernes por la noche para conocer a alguna chica interesante. Los faros de su coche no se habían encontrado apenas con otros automóviles. La lluvia y el mal tiempo en general disuadía a la gente de salir del calor de sus casas. Octubre era un mes frío en el norteño estado de Maine. De pronto, clavó los frenos y paró su Chrysler beige a escasos metros de la parada de bus y las botas rojas se apresuraron hacia el auto.


—Hola. ¿No sabrá usted si aún tiene que pasar un autobús por aquí? 


—Pues a esta hora no pasa ninguno más. Si quieres te acerco, que con este tiempo puedes coger una pulmonía. ¿Vas muy lejos? No deberías estar sola cuando anochezca y seguramente alguien estará preocupado por tu tardanza.


—¡Gracias! Me haría un gran favor. Voy a Alton, a casa de mi abuelita que está muy enferma y me necesita. Es la única familia que tengo.


—¡Menuda casualidad! Yo vivo a las afueras de ese pueblecito. Está a menos de veinte minutos.


—De nuevo, muchas gracias.


MaryLou abrió la puerta y se sentó en el asiento del copiloto. Se quedó mirando el ambientador que colgaba del espejo retrovisor e impregnaba el interior del auto con su olor a lavanda. Le recordaba a su abuela. Ella le preguntó dónde lo había comprado, y él le contó que había sido idea de su hermana, porque el olor a pachuli que solía utilizar, a ella le parecía demasiado pesado, y como estaba delicada de salud y debía llevarla a sus sesiones de quimioterapia para tratar su leucemia con frecuencia, pues recibió de buena gana el cambio de ambientador por parte de ella. Michael parecía realmente un buen hombre que se preocupaba por su hermana. 


A mitad de camino, Michael detuvo el coche a un lado de la carretera. 


—Perdona un momento, pero tengo que mear o me reventará la vejiga. 


MaryLou hizo un imperceptible mohín al escuchar la palabra mear en boca de aquel hombre que había estado tan pulcro y correcto en todo momento. Cuando terminó de orinar, Michael abrió el maletero y empezó a rebuscar entre un gran saco, cuerdas, trapos y un bote de cloroformo entre otras cosas, y de repente, sintió un fuerte golpe en la cabeza que le hizo caer al suelo. Una empapada por la lluvia MaryLou, sonreía maliciosamente con un martillo ensangrentado en la mano. 


—No me digas que también tú ibas de cacería —dijo antes de asestarle el golpe definitivo—. Vaya... Pues va a ser que no. Es peligroso subir al coche de un desconocido, pero también lo es subir a alguien que no conoces.


Entonces, condujo ella misma hacia Alton dejando el cuerpo del hombre allí mismo, y pensó que ya era hora de cambiar de aspecto y optar por una melena a lo Cleopatra porque la policía estaba buscando a una chica rubia de Nueva Jersey, sospechosa de asesinar a hombres de mediana edad. Puso la radio y rió a carcajadas cuando aconsejaron no salir por la noche en solitario por el condado, sobre todo a las adolescentes y mujeres jóvenes, ya que aún no habían dado con el secuestrador y asesino que tenía atemorizada a la zona. La descripción que dieron coincidía al cien por cien con la de Michael. Su meta era cruzar hasta Canadá sin ser vista.


Y es que perro no come perro, pero cuidado con el lobo en piel de cordero.

14/10/2024

Lanzamiento de Europa Clipper

La poetisa Ada Limón en la NASA y su poema
«In Praise of Miystery: A Poem for Europa»
VÍDEO DEL LANZAMIENTO DE EUROPA CLIPPER

La NASA lanza la nave espacial Europa Clipper para explorar Europa, una luna helada de Júpiter. Esta la mayor nave jamás grande construida por la NASA para una misión planetaria. Se lanza en un cohete SpaceX Falcon Heavy desde el Complejo de Lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida, el lunes 14 de octubre de 2024, y está previsto que llegue a su destino, en junio de 2030.

Europa es uno de los lugares más prometedores de nuestro sistema solar para encontrar un entorno adecuado para la vida más allá de la Tierra. Las evidencias sugieren que el océano bajo la superficie helada de Europa podría contener los ingredientes para la vida: agua, los elementos químicos adecuados y energía. Aunque Europa Clipper no es una misión de detección de vida, responderá a preguntas clave sobre la habitabilidad potencial de esta luna de Júpiter.

El agua conecta a la Tierra y a la luna joviana Europa, los dos mundos oceánicos entre los que  viaja la Europa Clipper. La existencia de un vasto océano en una luna de Júpiter, es lo que hace de Europa un lugar tan prometedor para comprender mejor el potencial astro biológico de los mundos habitable más allá de la Tierra.

La campaña "Mensaje en una botella" de la NASA invitó a gente de todo el mundo a firmar con sus nombres un poema escrito por Ada Limón, una laurea da poetisa estadounidense de ascendencia mexicana. El poema conecta los dos mundos acuáticos: la Tierra, que anhela acercarse y comprender lo que hace que un mundo sea habitable, y Europa, que espera con secretos aún por explorar. La campaña, que aúna el arte y la ciencia, es una colaboración especial de la NASA, el programa Poeta Laureado de Estados Unidos y la Biblioteca del Congreso de dicho país.

Mensaje en una botella: A bordo de la nave Europa Clipper

Mi nombre va a bordo de
la Europa Clipper

La laureada poeta estadounidense Ada Limón es la autora del oiginal poema dedicado a la misión Europa Clipper de la NASA a la luna Europa de Júpiter, que se cree que alberga un océano debajo de su superficie helada.
Narrado por la propia Ada, el poema titulado "Elogio del misterio: un poema para Europa", conecta dos mundos: la Tierra, que anhela alcanzar comprender qué hace a un mundo habitable, y Europa, que espera con secretos aún por descubrir. 
El poema va grabado en una placa, a bordo de la nave espacial Europa Clipper.
El trabajo encargado se publicó el 1 de junio de 2023 para la campaña "Mensaje en una botella" de la NASA, que invitó a personas de todo el mundo, donde me incluyo, a firmar con su nombre este poema. Los nombres de los participantes viajarán 2.890 millones de kilómetros a bordo de la nave espacial Europa Clipper hacia Júpiter y sus lunas. 
La misión se lanzará desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA en octubre de 2024 y alcanzará la órbita alrededor de Júpiter en 2030. Durante varios años, realizará múltiples sobrevuelos de Europa, recopilando mediciones detalladas para determinar si la luna tiene condiciones adecuadas para la vida. 


In Praise of Mystery:
A Poem for Europa

Arching under the night sky,
inky with black espansiveness,
we point to the planets we know,
we pin quick wishes on stars.
From earth, we read the sky
as if it is an unerring book of the universe,
expert and evident.
Still, there are mysteries below our sky:
the whale song, the songbird singing
its call in the bough of a wind-shaken tree.
We are creatures of constant awe,
curious and beauty, at leaf and blossom,
at grief and pleasure, sun and shadow.
And it is not darkness that unites us,
not the cold distance of space,
but the offering of water,
each drop of rain, each rivulet,
each pulse, each vein.
O second moon, we too, are made of water,
of vast and beckoning seas.
We too, are made of wonders of great an ordinary loves,
of small invisible worlds,
of a need to call out through the dark.

**********

Elogio del misterio:
Un poema para Europa

Arqueado bajo el cielo nocturno, teñido en la inmensa oscuridad,
señalamos a los planetas que conocemos,
enviamos nuestros deseos a las estrellas.
Desde la tierra leemos el cielo
como si ti fuera un libro infalible del universo,
conocido y evidente.
Sin embargo, hay misterios ocultos bajo nuestro cielo:
la llamada de la ballena, el canto del pájaro
su trino en la rama de un árbol agitado por el viento.
Somos criaturas en continuo asombro,
curiosos ante el latido, la hoja y la flor,
ante el dolor y el placer, el sol y la sombra.
Y no es la oscuridad la que nos une,
ni la fría distancia del espacio,
sino la ofrenda de agua,
cada gota de lluvia, cada arroyo,
cada pulso, cada vena.
Oh segunda luna, también nosotros, somos de agua, de vastos y atractivos mares.
También nosotros, estamos hechos de las maravillas de amores grandiosos y cotidianos,
de pequeños mundos invisibles,
de una necesidad de llamar a través de la oscuridad.

08/10/2024

Eterna Lola

 
CONCURSO DE RELATOS 43ª Ed. El caminO de Miguel Delibes
Blog: El Tintero de Oro
9º Puesto


Lola, como buena cordobesa, abandonó el lavadero con la ropa limpia en el cesto, apoyado sobre su cadera, moviéndose con esa naturalidad de quien apenas ha cumplido los diecinueve. En la casa, la madre la esperaba pelando patatas y judías verdes para la cena, con la plancha reposando sobre las brasas, lista para quitarle las arrugas a las sábanas. Las calles empedradas de Puente Genil, con sus casas encaladas y sus ventanas coronadas de geranios rojos, guardaban en su silencio los rumores y secretos que, como el aire, corrían entre los vecinos.


Antonio, un hombre que ya sabía de la vida y tenía veinte años más que ella, había llegado de Sevilla un mes atrás, a cuenta de unas tierras. Forastero, sí, pero en poco tiempo se ganó la confianza de todos con su hablar suave y su manera discreta de estar en el mundo, como si fuera uno más del pueblo. Sin embargo, lo que nadie imaginaba era el secreto que arrastraba consigo, oscuro y profundo, de esos que dicen, si no se ven, no se sienten.


La joven Lola, con sus ojos oscuros y su piel tostada por el sol, llenaba de luz el lugar con su risa fresca, y Antonio, sin decir palabra de su vida en la capital, comenzó a pasear por el pueblo con más frecuencia, buscando, casi sin quererlo, esos encuentros casuales con la muchacha. Al principio fueron solo miradas rápidas, pero pronto se hicieron largas, profundas. Antonio se llevaba la mano al sombrero en un saludo tímido, mientras Lola se colocaba el cabello detrás de la oreja, sintiendo el calor encendiéndole las mejillas.


Entre paseos y charlas junto al río, bajo la sombra del puente de los Ahorcados, que pese a su nombre lúgubre les ofrecía las mejores vistas del Genil, se fueron descubriendo el uno al otro. Las palabras dulces de Antonio, envueltas en dulces promesas, fueron calando en el corazón ingenuo de Lola. Y en las tardes sofocantes de julio, cuando el cielo se teñía de un naranja que casi dolía, y el tañido de las campanas de la iglesia de Santiago flotaba en el aire, sus encuentros se hicieron cada vez más íntimos. Lola creía que aquel amor sería para siempre.


Pero la verdad, como el agua del río, siempre encuentra su cauce. Fue en una tarde cualquiera, cuando Antonio marchó a Córdoba por asuntos, que un hombre llegado desde Sevilla, preguntó por él. Vino a buscarle con urgencia: su mujer, Carmela, le mandaba llamar, pues su hijo pequeño, enfermo de fiebres, no levantaba cabeza. Así fue como Lola descubrió lo que nunca debió saber: Antonio tenía esposa e hijos en Sevilla, una familia que había dejado atrás como si no existiera.


Deshecha por la traición, Lola no pudo contenerse cuando Antonio volvió al pueblo. Se citaron en la plaza del Romeral, bajo los olivos. El aire parecía pesado, inmóvil, mientras la muchacha le arrojaba la verdad a la cara. Antonio no dijo nada, no hizo ademán de negarlo. Y ella, con el alma rota, se alejó. Las lágrimas surcaban su rostro, mojando su cuello, mientras se dirigía a la estación, esa estación donde tantas veces había soñado una nueva vida junto a él. Pero ya no había tren que la llevase a aquel futuro.


Antonio, por su parte, se quedó quieto en la plaza, mirando cómo se desmoronaba todo lo que creía tener. Perdió a Lola, su juventud, su inocencia, y al regresar a Sevilla, supo que también perdería a Carmela, su hogar, el calor de su casa, pues su mentira quedó al descubierto. Y desde entonces, el peso de su traición le acompañó como la sombra de los olivos en las tardes largas del Genil. Incluso cuando Carmela, echando de menos a su marido, le perdonó y permitió que regresara al hogar. Sus hijos, aún pequeños, seguían correteando por los pasillos, pero él ya no sentía el mismo calor en sus risas.


Carmela, con la resignación que sólo otorgan los años, continuó a su lado para volver a las rutinas de siempre. Comían en silencio y las noches evidenciaban aún más una distancia insalvable que les separaba. La sombra de aquella muchacha de Puente Genil, siempre estaba presente como un rumor en el viento, como una herida que no cerraba.


Cuando Antonio se hallaba solo en la penumbra, los recuerdos de Lola volvían a su mente. La veía caminando por el empedrado balanceándose con el cesto de ropa limpia, su cabello al viento, y su risa que, aún resonaba en sus oídos, viva y fresca como el primer día.


No había noche en la que, antes de cerrar los ojos, no se preguntara si ella habría encontrado consuelo en otros brazos o si su corazón aún le guardaba rencor. Nunca lo sabría. Pero lo que sí sabía, con esa certeza amarga que sólo traen los años, era que Lola, jamás saldría de su pensamiento.


Así fue como Antonio se acostumbró a vivir con dos sombras a su esplada: la de su traición, y la de aquella muchacha que una vez le hizo sentir lo que nunca volvería a sentir. Y en los momentos de mayor silencio, cuando Carmela dormía y el murmullo de Sevilla quedaba pagado, era a Lola a quien dirigía sus pensamientos, consciente de que su recuerdo, como las aguas del Genil, seguiría fluyendo en su interior, inmutable y eterno.



894 palabras


9º con 28,89 puntos. ETERNA LOLA, de N. DE LA FLOR RUIZ
Ha sido votado por 7 participantes que le han otorgado un total de 29 votos.

08/09/2024

Bajo las nubes de Berlín


VadeReto Septiembre 2024

¡Buenos días, Claudia! 

Pero mujer… cada día estás más guapa y radiante. 

¿Qué a dónde voy? me tienes calado ¿eh? 

Voy a ver si consigo algo de carne para hacer a la parrilla. No sé, alguna ardilla o pájaro, o aunque sea una lagartija… ya ves que el huerto no da para más. 

¿Qué? ¿Qué si podré traerte algo bonito para ti? ¿Un vestido, una pulsera o un perfume?

No sé… No tenía pensado ir a ver tiendas.

A ver, yo necesito comer.

Ya sé que tú con tu dieta nomedalagana, no necesitas más. Pero yo necesito mis calorías. Sino ¿Quién te haría compañía? 

Bueno, mi preciosa Claudia. Me voy pero llegaré como siempre, antes de que te des cuenta. 

_____________________


Hans se abrochó el chaquetón y se aventuró en las solitarias calles de Berlín. Silbando feliz, con su rifle cargado a la espalda, le daba igual que el brote comenzase hace diez años, que el último humano que viese fuera de su casa, hiciese cinco, y que los infectados se hubiesen desintegrado por completo, dos años atrás. Él tenía a su Claudia para él solo. 


Caminando en busca de algo para cazar, babeó al ver un pequeño ciervo en medio de la ciudad. Tenía tantas ganas de proteína animal que no se percató de un gran bache en medio del asfalto. La punta de su bota tropezó, con la mala suerte de fracturarse el tobillo. El aullido de Hans rompió el silencio de la vacía urbe. 

El cervatillo, corrió asustado y, de entre algunos coches abandonados, salió un imponente ciervo que no dudó en cornearle para proteger al pequeño. 

Hans no tuvo tiempo a disparar su rifle. Con la fractura y la cornada, nada podía hacer. Claudia no podía salvarle. Ni siquiera sabía su ubicación. 


En la casa, todo parecía estar como siempre. Nada se había movido. Ni el televisor que no funcionaba, ni el sofá o las cortinas. Tampoco el standee, la figura a tamaño real de cartón de Claudia Schiffer, el amor platónico de la adolescencia de Hans, que había encontrado en una de sus incursiones en busca aprovisionamiento.


04/09/2024

La youtuber

Microrreto: Las Redes Sociales


«¡Buenos días chicas y chicos! Como ya sabéis... ¡Cada día, es una nueva alegría! 
​Bueno, bueno. No vais a creer lo que os tengo preparado en el video de hoy pero, antes que nada... ¿eres de los que miran sin suscribirse? Pues dale a la campanita, que a mí me sirve un montón y a ti no te cuesta nada...»

Cuatro de la mañana.
​Ezequiel aún podría dormir dos horas más antes de trabajar, pero su vecina había decidido ponerse a grabar. Increíble. La primera noche en aquel apartamento y tenía pared con pared a una maleducada youtuber. 
​Con ojeras y arrastrando los pies, se plantó en la puerta de al lado para hacerle sentir su descontento a la vecina pero, nadie abrió aunque el jaleo cesó.
​Durante toda la semana, se repitió la misma historia. El sueño de Ezequiel se sacudía de madrugada por la enérgica voz de su vecina y, el resultado era el mismo. Nadie abría y todo volvía a su ser silencioso. 
​Cansado, agotado y sobre todo asqueado por la situación, Ezequiel pudo al fin hablar con el presidente de la comunidad. 
​—Hola, Francisco... ¿Quién vive al lado de mi apartamento? ¿Es una influencer o algo así? No me deja dormir. 
—¿Tú también la oyes? ponte tapones para dormir. Es lo único que podemos hacer. Ahí ya no vive nadie. Lo que escuchamos es al fantasma de Nagore, una youtuber que murió de un ataque al corazón en pleno directo con sus seguidores.



249 palabras

01/09/2024

Si no tiene alma, dispara al cerebro

Relato presentado al I Certamen «Cuentos del Bosque Oscuro» Ed. 2024


«Cuando en la tierra habitan seres sin alma, nunca puedes estar seguro de nada. En ningún sitio».


John y Clarissa cargaban con Connor y Chloe, sus mellizos de dos años y medio, tras cuatro meses de intensa huida y caótica supervivencia escapando de los zombis. Habían perdido a todos sus familiares y amigos, ya fueran muertos o vagando por ahí, convertidos.

En este tiempo, la pareja había tenido que aprender a sobrevivir por las bravas, dejando sus prejuicios a un lado, disparando sin contemplación a los no muertos. Unos seres  desposeídos de su humanidad.

Las ciudades, desde el comienzo de todo, se convirtieron en ratoneras con sus altos edificios. Las urbanizaciones de las afueras, no eran una mejor idea. Querían y necesitaban llegar al punto fortificado del que habían oído hablar por radio. Ya no les quedaba mucho, pero debían parar a descansar. A lo lejos, vieron una agradable casita con una humeante chimenea. Caminaron hasta ella y al llamar a la puerta, un hombre que por su morfología, su pelo blanco y su frondosa barba del mismo color, les recordó a Santa Claus.

—¿Qué queréis? —dijo sin amabilidad el dueño de la casa, mientras portaba su escopeta.

—Pasar la noche, si es posible. —respondió John con tono tranquilo—. Mañana, sin falta, nos marcharemos temprano, pero los niños tienen que descansar.

La cara del viejo cambió por completo.

—¡Niños! ¡Hace tanto tiempo que no veo ninguno! Pasad, pasad.


La casa era acogedora. Todo estaba ordenado y limpio. Kram, el hombre, les dio de cenar, un lugar para asearse y les proporcionó unos colchones, almohadas y mantas para dormir.

La cena fue agradable, pues Kram era muy simpático con los pequeños. Sabía un montón de canciones y cuentos.

—¿Sabéis? Yo, antes de que todo cambiara y mis expectativas se evaporaran, tenía una tienda de golosinas al lado de un colegio. Os ofrecería encantado, pero tuve que salir corriendo y no se me ocurrió hacerme con provisiones de chucherías.

—No pasa nada. La sopa estaba muy rica y también los filetes —dijo Clarissa amablemente.


El hombre que se parecía a Santa Claus, era la primera persona no muerta que había visto en mes y medio. La pareja le ayudó a recoger la mesa y le agradeció su hospitalidad una vez más. La familia se fue a acostar mientras el hombre se quedó fregando los platos. 

Pese a que Kram les había dicho que la casa tenía tres habitaciones y que Clarissa y John podían dormir en una de las dos que estaban libres, y los niños en la otra, los padres declinaron la oferta, pues era mejor que durmieran todos juntos, dadas las circunstancias. Desde que todo empezó, siempre lo habían hecho así. 

—En el mundo animal, los progenitores deben cuidar y proteger a sus cachorros —dijo John, mirando directamente a los ojos de Kram.

—Clarissa dijo que antes del virus, era modista en una tienda de vestidos de novia pero… No recuerdo a qué te dedicas tú, John —contestó Kram, bajando levemente su mirada.

—Nada demasiado importante, amigo. Me pasaba el día conduciendo por las calles. 

—¿Taxista? 

—No. Pero sigue pensando y mañana me lo dices —dijo sonriendo el joven padre—, no te molestamos más que nos vamos a descansar.

—Ningún problema. Seguiré pensando en trabajos en donde la gente conduzca mucho.


Ya acostados en la habitación, los niños cayeron dormidos, extenuados y con la barriga llena. Clarissa se dirigió a su marido.

—Tanto tiempo sin patrullar y aún sigues en modo policía, John. ¿Te puedes relajar un poco? Estamos bien.

—Lo siento, pero no. Si algo ha añadido toda esta maldita pandemia a mi vida, es a desconfiar aún más de las personas. Mucho más de los vivos que de los muertos. Así que, pasemos esta noche y continuemos con nuestra vida.


John y Clarissa se abrazaron y se fundieron en un profundo beso de buenas noches. Ella no tardó en dormirse, sin embargo él, siempre alerta, no podía dejar de darle vueltas a la cabeza cada vez que cerraba los ojos.

Una hora más tarde, cuando John ya estaba cayendo en brazos de Morfeo, unos sonidos roncos le alertaron. La luz de la luna llena que entraba por la ventana no dejaba lugar a dudas. El viejo de la blanca barba estaba de pie junto a los dormidos mellizos, con los pantalones y calzoncillos bajados hasta los tobillos. John, un policía con mucha calle, amable y con ganas de ayudar a las personas pero que de primeras, nunca se fiaba de nadie. Una náusea llena de bilis le llegó hasta la garganta. Aquel malnacido estaba en trance mientras se tocaba sin dejar de mirar a las inocentes criaturas. Era un pedófilo. El hombre que les había dejado pasar a su casa, era un jodido pedófilo. Un personaje mucho más abominable que cualquier pútrido zombi. John, cogió su pistola y se levantó de un salto tan rápido, que Kram, ensimismado en su trance y sin libertad de movimiento por su ropa en los tobillos, no pudo hacer nada. El padre de familia le sacó de su habitación de un empujón y le llevó a la del propio Kram. Un dormitorio cuyas paredes estaban llenas con fotografías de niños y niñas, nunca mayores de seis años. En una esquina, encima de un escritorio, un ordenador abierto, mostraba más imágenes de otros infantes. 

—¿Qué es esto, asqueroso de mierda? ¿Qué repugnante cosa es esta?

—Yo… A mí me gusta la gente pequeña. No es nada malo. Nunca les haría daño. Son tan bonitos, tan suaves, tan achuchables.

—Tú eres un mierdas. Un ser sin alma que no se merece nada, ni siquiera el aire que respira. Por eso nos dejaste entrar en tu casa. De haber ido sin niños, ya nos podríamos haber muerto mi mujer y yo ahí afuera.


John, como el agente que había visto demasiado sobre la decadencia del ser humano, pero más aún como padre de dos criaturas inocentes, y a pesar de los últimos tiempos convulsos que habían vivido, intentando minimizarlos todo lo posible, gracias a los buenos adultos que habían encontrado hasta la fecha, sacó su pistola. Hizo que el hombre, el dueño de una tienda de dulces, un lugar perfecto para estar  a diario en contacto con niños, se arrodillara. Mentalmente, mientras el cañón de su arma se apoyaba en la frente de aquel barbudo, contó hasta tres y le descerrajó un tiro. El mundo ya estaba demasiado devastado y lleno de caminantes sin alma por culpa del virus, así que el lugar sería un poco menos atroz sin un monstruo como Kram.

Los pasos de alguien que corría se oyeron por el pasillo. Clarissa no pudo contener el grito que escapó de su boca al ver la escena: su marido con la pistola en la mano, el dueño de la casa muerto con un disparo en la cabeza y, un montón de ojos infantiles mirando desde las paredes y el ordenador.

Abandonaron aquella casa muy apesadumbrados pero antes, rompieron el ordenador tirándolo al suelo, quitaron las fotografías para prenderles fuego e hicieron buen acopio de comida y agua. Si todo iba bien, su destino estaba a medio día de dura caminata.