La memoria llevó a la doctora en bioquímica, Carla Aponte, a su despacho en la empresa Genetic Corp, donde no paraba de darle vueltas a varias cosas que habían sucedido últimamente y que no le gustaban.
Su equipo había estado desarrollando el revolucionario medicamento llamado NeuroCalm, para tratar el estrés crónico y los trastornos por ansiedad, patologías cada vez más extendidas por todo el globo terráqueo. NeuroCalm ya estaba en el mercado y su éxito había sido rotundo, pero Carla se había dado cuenta de que algo extraño sucedía. Algunos pacientes de los que tomaron el medicamento, habían presentado pérdida de memoria, fallos de coordinación y comportamientos violentos.
Una tarde, Carla se encontraba revisando los informes clínicos internos. Masajeaba la parte frontal de su cabeza porque la migraña la estaba matando. Había encontrado unos registros que revelaban que en las primeras fases de los ensayos hubo unos efectos adversos muy graves, incluyendo casos de agresividad extrema. Aquellos datos habían sido ocultados para acelerar la aprobación del medicamento por las autoridades sanitarias.
Ante esto, Carla no tuvo más remedio que llevar sus preocupaciones a Isaac Toro, su jefe directo, que intentó tranquilizarla asegurando que aquellos casos eran una mera anécdota que no representaban ningún riesgo generalizado para la población. Sin embargo, con la mosca detrás de la oreja, ella comenzó a notar como algunos de sus colegas de profesión evitaban hablar del tema y que documentos clave estaban desapareciendo del sistema.
Viendo que nadie iba a ayudarla, Carla no tuvo más remedio que investigar por su cuenta, descubriendo así que NeuroCalm contenía un compuesto experimental que afectaba al sistema nervioso central de forma impredecible. En casos extremos, los pacientes desarrollaban un síndrome neurodegenerativo que los transformaba en criaturas sin raciocinio, controladas por un hambre insaciable. Con este hallazgo, la doctora Aponte se enfrentaba a un desasosegante dilema. O exponer la verdad, lo que supondría arriesgar su carrera y su vida. Ya que Genetic Corp era muy hábil en silenciar a los empleados disidentes. O no decir nada, ya que el medicamento estaba generando miles de millones de beneficios a la empresa y por ende, beneficios para ella misma. Además, revelar la verdad podría provocar pánico a nivel mundial. una catástrofe.
Cuando llegó a casa ya sabía que estaba decidida a actuar. el código deontológico y su conciencia no le permitían hacer otra cosa. Después de darse un baño relajante y cenar, Carla llamó a su amigo Leo Vives, un periodista independiente especializado en destapar escándalos corporativos. Juntos, planearon una estrategia para filtrar los documentos incriminatorios sin que Genetic Corp pudiera rastrearlos. Pero les salió el tiro por la culata cuando Genetic Corp se dio cuenta de la filtración, lo que desató una cacería para dar con Carla. Entonces Leo la ayudó a esconderse en la pequeña cabaña que había heredado de su tía Milagros en la montaña. Paralelamente, empezaron a salir a la luz pública multitud de casos de pacientes infectados, provocando revueltas y llevando el caos a los hospitales y centros sanitarios que rápidamente se extendió a las calles.
Pero mientras la noticia se iba difundiendo, el medicamento seguía en circulación y los infectados empezaron a multiplicarse exponencialmente. La empresa, en un último intento por controlar la narrativa, culpó a los pacientes y negó cualquier responsabilidad lavándose las manos, aun viendo que la doctora y el periodista habían logrado reunir las pruebas suficientes para demostrar que Genetic Corp conocía los riesgos desde el primer momento. Carla y Leo publicaron los informes justo cuando la situación se volvía insostenible, enfrentándose a la persecución tanto de la empresa como de los afectados, o mejor dicho, de los infectados.
A pesar de todos los esfuerzos de la doctora Carla Aponte, la verdad se enterró bajo capas y capas de burocracia y corrupción mientras la infección se propagaba, Carla se convertía al principio en una fugitiva en un escenario cada vez más hostil. Y después en superviviente en un mundo inmerso en un Apocalipsis Zombi…
Conteniendo la respiración, Carla apuntaba con su mirada hacia los árboles. De ellos emergió la figura de un hombre moreno con el pelo descuidado y una tupida barba. Cojeaba, pero no parecía herido. se acercó sin miedo y sin ira a la ventana. Carla identificó aquellos ojos verdes antes de que el hombre estampara un papel en el cristal:
《Carla, soy Leo, y no he parado hasta llegar aquí. Te quiero. No estoy enfermo pero sí exhausto》
Leo se reunió con ella como le había prometido. No habían podido parar el desastre pero habían logrado sobrevivir y reunirse. Decirse al fin lo que tenían guardado en sus corazones.
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Estupendo, Noelia. Un relato muy acorde con la novela homenajeada que, pese a ese giro final tan apocalíptico, deja un resquicio de esperanza con el reencuentro de los protagonistas. Muy buena historia.
ResponderEliminarMuchas gracias, Marta 🌼
EliminarTe felicito. Lograr un final esperanzador a tan tremenda historia es muy difícil, pero lo has hecho muy bien. Siempre queda un resquicio de esperanza en la humanidad. Un abrazo
ResponderEliminarGracias, Juana 🌼
EliminarSiempre están bien los finales esperanzadores.
Maravilloso relato Noelia, muy bien narrado de principio a fin.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muchas gracias, Dakota 💐
EliminarHola Noelia, muy bueno. Me gusta cómo le has dado una explicación lógica al fenómeno zombi. Por supuesto que los intereses de las grandes corporaciones ya han causado estragos en la salud antes, por ejemplo con los opiáceos en USA. El final me gusta, sugiere un encuentro amoroso y el amor siempre será la respuesta y mejor estrategia ante el conflicto. Imagino a esos dos perseverando en la lucha. Saludos.
ResponderEliminarHola, Ana.
EliminarMuchas gracias. La verdad es que vi el otro día una pelicula (que no es el caso de este relato) en el que cogían a gente para probar un nuevo fármaco con fatales consecuencias. No recuerdo el título. Una pelicula de serie B.
🍀
La verdad es incómoda y en muchas ocasiones, o se persigue o se esconde debajo de la alfombra! Por suerte los valientes protagonistas salvaron el pellejo (de momento) de la persecución de las grandes corporaciones e intereses varios. Esperemos que esten a salvo y les de tiempo de vivir su historia de amor! Un abrazote y suerte en el concurso!
ResponderEliminarMuchas gracias, Marifelita 😊
EliminarHola Noelia, si es que si lo pensamos fríamente estamos en manos de los malditos laboratorios y sus virus, en este caso zombie. Muy bien llevado el relato compañera y el final estupendo. Me gustó mucho. Un abrazo
ResponderEliminarGracias, Nuria
EliminarVisto lo visto en la pandemia y en otras desdichas, los ciudadanos de a pie estamos perdidos.
No me parece un final demasiado esperanzador como he leído más arriba. El mundo sumido en un apocalipsis zombis. En esta situación, hasta la corporación habrá perdido el control, y el orden será un recuerdo.
ResponderEliminarLo único esperanzador es el destino de ellos, que tendrá que ir bien por narices, porque no tendrán otro sitio al wue ir y no creo wue a la corporación les importen ya.
Muy bien encaminado el tema al mundo zombie y muy born resuelto el final del prota, que no es tan dramático como en otras ocasiones .
Has ubicado muy bien los hechos con la introducción de las borrajas y la cabaña en la montaña nevada.
Abrazooo y suerte
Gracias, Gabiliante.
EliminarEs cierto. El final del relato es esperanzador pero nada es para siempre y, nunca se sabe que va a pasar dentro de un año, un mes o un minuto.
Es curioso que apocaliptico también significaría revelador.
ResponderEliminarY tu relato es propicio para los significados. Están las revelaciones de Carla, la protagonista, que tuvo que arriesgar mucho.
Y también se desató un apocalipsis zombie, por culpa de los laboratorios al que les importó los resultados que las consideraciones éticas. Incluso persiguiéndola, siendo la científica que podría contrarrestar una infección mundial.
Es productivo tener un antídoto para vender, ante una epidemia. Así que además de malvados, eran inconsciente.
Bien contado. Besos.
Muchas gracias, Demiurgo.
EliminarDe inconscientes y que sólo se miran su propio ombligo estamos rodeados e incluso gobernados. De todos los colores, que yo no me caso con nadie. Con unos menos que con otros, todo sea dicho.
¡Hola Noelia! Muy buen relato apocalíptico, con un sabor agridulce, pues sus personajes logran reencontrarse pero las circunstancias para la supervivencia de la humanidad, desde luego, no son las mejores.
ResponderEliminarMucha suerte.
Un saludo.
Otro saludo para tí.
EliminarMuchas gracias, Rocío.
Por lo menos ambos terminaron bien a pesar del caos en el mundo a causa de ese medicamento.
ResponderEliminarMe gusta mucho tu historia, de alguna manera demuestra cuantas veces los laboratorios experimentan sin importar los resultados, solo llenarse los bolsillos de dinero es su fin.
Me gusta la manera como la cuentas.
Un abrazo.
PATRICIA F.
Muchas gracias, Patricia.
EliminarA saber que se hace sin que nosotros lo sepamos.
Hola, Noelia! Pues se augura una continuación posapocaliptica donde humanos desmemoriados amenazan con la extinción. Muy acertada la idea. Muchas gracias por participar y un fuerte abrazo
ResponderEliminarMuchas gracias, Pepe.
EliminarHola... como todo bueno relato.. el tuyo termina con esperanza. Los protagonistas guardan el futuro y el pasado de la humanidad. EL futuro, por estar sanos y saber como protegerse y el pasado por conocer exactamente el cómo se llegó a esa situación... excelente historia.
ResponderEliminarMuchas gracias, Octavio.
EliminarMe gusta terminar las historias con una de cal y otra de arena.
Hola, De la Flor. Interesante punto de vista del apocalipsis zombi, reflejando los inicios a la manera de "28 días después" o "El origen del planeta de los simios" (aunque no hay muertos vivientes en ella, la humanidad acaba igual de mal, glub). Tú has querido terminar con un mensaje de amor y esperanza, y eso es lo que más me ha gustado.
ResponderEliminarTe deseo lo mejor en el concurso. Un abrazo.
Muchas gracias, Bruno.
EliminarEs interesante a la par que satisfactorio ver en los comentarios de que gusta este final, pues el final del relato contribuye a dar algo de luz.
Un relato muy acorde con la novela de Le Carré. Las grandes farmacéuticas y los daños colaterales de sus productos. Cuando hay tanto dinero en juego, unas cuantas vidas dejan de tener importancia. Desgraciadamente, es tan real como la vida misma.
ResponderEliminarUn abrazo, Noelia. Y mucha suerte en el concurso.
Muchas gracias por tu comentario, Estrella.
EliminarHola, de la Flor. Me encanta cómo has reunido la propuesta del tintero con el mundo zombie. Muy bueno
ResponderEliminarUn abrazo
Muchas gracias, Mirna!!
EliminarUn relato muy acorde con la novela que estamos tratando con nuestros relatos, el mundo de las grandes farmacéuticas es insospechado .
ResponderEliminarUn abrazo de la Flor
Puri
Muchas gracias, Puri :)
EliminarY lo más triste es que algún día puede producirse algo parecido con un medicamento nuevo. Saludos
ResponderEliminarHola, Federico.
EliminarSi uno lee el prospecto de la mayor parte de los medicamentos... a veces parece que es peor el remedio que la enfermedad. Pero gracias a ellos tenemos mejor calidad de vida. Una de cal y otra de arena.
Hola, de la Flor. Hoy precisamente he visto la película: Orgullo, prejuicio y zombis. Así que en cuanto he empezado a leer tu trama de los laboratorios ya me he anticipado a nuestro destino gracias a la avaricia de unos pocos.
ResponderEliminarAl menos, el final es positivo y a lo mejor no se tropiezan con ningún descerebrado en su cabaña.
Saludos y suerte. 🎄🖐️
Jajajaja vaya locura la idea de Orgullo, prejuicio y zombis.
EliminarGracias, Vanjav e igualmente.
Un relato muy bien narrado con elementos muy adecuados en el que la corrupción se apodera e infecta a la humanidad. Abrazos desde Venezuela y un próspero 2025
ResponderEliminarMuchas gracias, Raquel. Igualmente te deseo una buena entrada de año.
EliminarHola Delaflor un relato con un final más alagueño que el principio. Bien escrito. Un abrazo. Ainhoa
ResponderEliminarMuchas gracias, Ainhoa.
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