28/02/2023

Little Oli

Foto generada y modificada por Face App
Reto: Charles Dickens y sus grandes esperanzas
de Libros.com

Con cuatro relojes robados aquella mañana, junto a dos billeteras y una petaca de plata, regresó a casa. No estaba mal, pero había tenido días mejores. Charles, Fergus y Benjamin, sus hermanos, jugaban a las cartas.
—¡Ey, Oli! ven a jugar con nosotros. Necesitamos ser cuatro.
—¡Jolines, Ben! Sabes que en casa quiero que me llaméis Olivia.
O-L-I-V-I-A
—Pero renacuajilla, si sabes que eres la princesa de la casa, ¿qué más te da?
—Pues, pues... Que yo quiero vestir como las otras niñas y tener el pelo largo para hacerme coletas.
—Y yo quiero ser rico —dijo Charles, levantándose de la silla—. Pero somos pobres, y lo que haces tú, antes lo hicimos nosotros. Ahora somos demasiado mayores y no pasamos tan desapercibidos. Yo hasta tengo barba...
Olivia tocó la cara de su hermano. Raspaba ligeramente. Charles tenía diecisiete años, Fergus quince, Benjamin catorce... Ella casi siete. Su madre murió al alumbrar a la pequeña, y el padre amaneció tres años después, flotando en el Támesis tras otra noche de borrachera, gastando lo poco que ganaba y retozando con alguna señorita del lupanar. Insustancial muerte para alguien que nunca se preocupó por sus hijos, abocados a mendigar y a robar para subsistir.
Hacían pasar a Olivia por chico, menos peligros que siendo una chica. A ojos de todos, Oli era un ratoncillo que se escabullía entre la gente. Simpático y con cara de pillo, siempre salía airoso.
Al día siguiente, el bolso de una joven dama vestida de azul, llamó su atención. Al meter la mano en él, la chica se volteó y Oli tropezó y cayó, quedando inconsciente. La joven llamó a su padre, que salía de casa.
—¡Papá! Choqué con este niño y no se mueve. Debemos ayudarle.
—¿Y el almuerzo con tu prometido y sus padres?
—Se anula. Ya lo entenderán.
Su padre y el mayordomo cargaron con el niño. Había caído en un charco, calándose hasta los huesos.
Mary, la joven dama, llamó a Dorothy, su asistenta, para despojar a Oli de su ropa. Las dos se miraron extrañadas porque no esperaban encontrarse con una niña. Entonces, recordó que guardaba algún vestido de su prima Cornelia, más o menos de la edad de aquella criatura. Oli entró en calor y empezó a recuperarse. Aún algo aturdida, tomó un delicioso caldo caliente. Pero entonces, al verse en aquella enorme casa llevando un precioso vestido de flores, entró en pánico y salió corriendo.
Sus hermanos la encontraron a dos calles, preocupados por su tardanza. Mary salió corriendo tras Oli, encontrándose con los cuatro que, les contaron la situación.
Conmocionada, Mary les invitó a comer a su casa, donde pasaron una agradable sobremesa. Al despedirse, Mary tomó la mano de Oli para entregarle un saquito de cuero. Cuando lo abrió en casa, Olivia encontró varias monedas de oro y una nota:

«Estas monedas os ayudarán a empezar una nueva vida. Venid todos el próximo lunes. Tendréis estudios y trabajo asegurados.
Mary Blossom».

21/02/2023

La cara B de Gloria

Reto: Gloria Fuertes, en mi cara redondita
de Libros.com

Yo fui la niña Gloria, con el hambre en mi estómago y la fuerza en mi apellido, que nací en Madrid a los dos días de vida porque el parto de mi madre fue muy laborioso y casi se muere por el camino, pero aún tarde, llegué hasta aquí.
Y aquí estoy hoy con mi cara tan redonda, que tiene dos ojos y una nariz, y también una boca para no parar de hablar ni tampoco de reír. Con mis ojos lo veo todo, todito, todo, y como soy de resfriado fácil, con mi nariz hago achís, aunque no me importa porque con mi boca, como palomitas de maíz. 
Como siempre tuve ese runrún en mi olla de ideas, véase mi sesera, de haber llegado tarde a mi propio nacimiento, me di prisa para lo que me interesaba y a los tres años ya sabía leer, y a los seis hacer mis labores. Fui una niña delgada, alta y buena a la que la guerra la pilló con catorce años. A los quince, me quedé sin madre y aprendí a regatear en las tiendas y a amar como enamorada, pero me guardo con quien.
Quise parar la guerra pero no me dejaron y empecé a trabajar en una oficina en la que me tomaban por tonta, aunque el botones y Dios sabían que no lo era.
Ahora escribo, escribo y escribo porque mi pasión es escribir. Hace años que me quedé sin los míos y la soledad es mi vivir, así que en las noches claras, resuelvo el problema de la soledad de mi ser porque invito a la luna y con mi sombra entonces, somos tres.

*Cuento sobre la vida de Gloria Fuertes tomando como base tres de sus poemas:
«En mi cara redondita» 
«Autobiografía» 
«En las noches claras» 

14/02/2023

Radiografía de un corazón

Reto: Versos de un corazón roto
de Libros.com


A los veinte días de la concepción, empieza a latir nuestro minúsculo corazón de embrión humano, que latirá hasta el mismo día de nuestra muerte, tarde o temprano.

Corazón no está solo porque le acompañan, Cerebro y Alma. Juntos forman el triángulo de la vida, la razón y el sentir.

Ese corazón diminuto, que late mucho más rápido que el de un adulto, seguramente sabrá lo que es el amor y el desamor. Lo que es que no quepa en sí por la dicha de ser correspondido, o que le rompan porque ya no le quieren. E incluso el dolor de tener que tomar la decisión de decirle adiós a alguien. Aquí es donde Cerebro forma una parte de vital importancia, por haber dejado el corazón de la otra persona, hecho una piltrafa...

Hay veces que, por más que Corazón quiera amar, no es suficiente. Cuando el amor es tóxico, Alma se envenena, Corazón llora y Cerebro sufre.

Cerebro grita, avisa, sermonea, psicoanaliza y parece que va a explotar. Duele la cabeza.

Alma se abotarga, palidece y languidece, debilitando al ser que la cobija. Se siente el frío del vacío.

Corazón grita, llora, sufre, sin entender qué está pasando. Se resiste a escuchar a Cerebro. Duele el pecho.

Hay que saber amar y hay que saber soltar lastre, dejar marchar.

Es mejor hacerlo rápido, y por supuesto, es algo que va a doler. No hay anestesia que valga. Pero pasará. Todo pasa.

No es mejor intentar arreglar algo que está roto una y mil veces. Los añicos de este amor son tan pequeños que, prácticamente es polvo molido. Ya no hay llama, solo ceniza.

Como todos, supongo, he sido dejada y he dejado. 

Qué te dejen, es un palo enorme. Pero enfrentarte al dilema de dejar a esa persona a la que aún quieres, porque el amor no desaparece de la noche a la mañana, también lo es. Pero ves que la vida en común no va a resultar como la que habías imaginado. Y es que el amor no es tan magnífico como suele creerse. El amor, al principio, es como una droga que no te deja ver lo malo, o lo no tan bueno, de la otra persona. Euforia es lo que sientes. Sobre todo cuando has salido de otra relación y creías que nunca más podrías amar a alguien.

El amor de pareja está demasiado encumbrado por los libros y las películas románticas. En las que nadie suele continuar la historia después de la manida frase de cuento: "Y fueron felices, y comieron perdices".

Como broche final, solo añadir que para amar, primero hay que mimar y cuidar nuestro corazón. Ponerle tiritas al corazón "partío".

08/02/2023

La historia de Susana San Juan

Foto generada y modificada por Face App
Reto: ¡Viva México, escritores!
de Libros.com

Esta es la historia de Susana San Juan
Que con Pedro Páramo se casó.
Él era un hombre que nunca la tuvo
Pero aún así, desde siempre, él la amó.

La buena Susana San Juan

De madre, huérfana quedó

Y tras el sepelio, cuidada por Justina, 

De su pueblo marchó.


La bella Susana San Juan

Con su amado Florencio se desposó

Con quien aún siguió soñando

Desde el día que éste murió.


La viuda Susana San Juan

A vivir con su padre marchó,

A las minas abandonadas de La Andrómeda

Pero ella, jamás a Florencio olvidó.


La lejana Susana San Juan

Treinta años después, a Colma volvió

Y aún cuidada por la fiel Justina,

Con Pedro Páramo se casó.


La taciturna Susana San Juan

A quien su padre muerto, en sueños la visitó

También vio a su amado Florencio

Y así, entre visiones y sin cordura, murió.


La muerte de Susana San Juan

Un ocho de diciembre ocurrió, 

Y las campanas del pueblo repicaron

Mas la gente no comprendió y festejó

Este repique triste como uno feliz

Que a su nuevo marido abochornó.


El avergonzado Pedro Páramo

Cogió entonces sus bártulos y huyó,

Dejando atrás al pueblo fantasma

Que la muerte de su esposa, mancilló. 

04/02/2023

La vida según Pavel Sobieski

Foto generada y modificada por Face App
CONCURSO DE RELATOS 35ª Ed.
LA CONJURA DE LOS NECIOS
de John Kennedy Toole


Antes de morir, su madre ya le había enseñado todo sobre el mundo y a cómo lidiar con la gente. Pavel, sobrepasando ya los cincuenta, era un ser solitario que nunca quiso saber de compromisos y mucho menos en dejar descendencia, desde que su padre se marchara un día de casa para no volver. Él y su madre habían vivido juntos hasta que ella murió hacía cinco años. Y creía a pies juntillas que si no estaba con nadie… Jamás nadie le abandonaría.
Pavel vivía en el segundo piso de un modesto edificio de cuatro plantas. Betty y Joe Miller vivían en el primero. Un matrimonio de más de ochenta años que llevaba allí toda la vida. A Pavel le molestaba sobremanera que Betty le abordara por la escalera para cualquier tontería.

—Buenos días, Pavel. ¿Hoy no trabajas? ¡Vaya suerte! ¿O es que tienes que arreglar lo de tu madre? 

—Buenos días, Betty. Sabe que mi madre murió hace tiempo y está todo más que controlado. ¿Viene de la compra? Tenga cuidado, que estas escaleras son muy empinadas. 

—¿No crees que la luz de la escalera no ilumina? 

—Señora. Cambié hace dos días la bombilla fundida. Si no le gusta, que su marido la cambie por otra.

—¡Por dios, Pavel! ¡Qué descarado eres desde bien chiquito. Si viviera tu madre, iría corriendo a decirle lo impertinente que es la juventud en nuestros días.

Pavel la dejó con la palabra en la boca y se fue pensando que estaría muy bien que cayera rodando las escaleras. Así habría una vieja loca menos en el mundo. Betty llevaba una década con problemas de Alzheimer, con el fastidio que le ocasionaba al darle la murga con las mismas cosas.

Era sábado, y Pavel se juró a sí mismo no volver a salir a comprar en fin de semana. Tuvo que aparcar en la plaza más alejada del hipermercado entre dos mastodónticos coches, esperar en una kilométrica cola, y que el niño de la pareja esperando detrás, le atropellara repetidamente con el carro. A la tercera, Pavel dio un culazo al carro, haciendo que la frente del crío se estampara con el cacharro de insertar la moneda. El niño lloriqueó, pero los padres no le hicieron mucho caso, ensimismados en sus respectivos teléfonos.

Cuando por fin llegó a casa, se encontró con Darius y Asha, los nuevos inquilinos del cuarto piso. Viendo el vientre de la mujer, sabía que no tardaría en dar a luz a la criatura que seguramente, le despertaría con sus llantos en mitad de la noche.

—Señor Pavel, qué bien que le vemos... Justo ahora el ascensor no funciona, ¿le echaría un vistazo? —dijo Darius con su eterna sonrisa y sus ojos saltones—. Es que Asha ya sale de cuentas y no está para subir escaleras.

—Mirad, yo no soy el manitas de la comunidad. Ya llamaré al técnico cuando tenga tiempo. Aunque siendo sábado, no creo que venga nadie hasta el lunes.

—Pero vecino, ¿no ve cómo estoy? —dijo Asha molesta.

—Si os hubierais quedado quietecitos... Pero ya se sabe de la gente como vosotros. Siempre teniendo hijos.

—No le parto la cara ahora mismo de milagro. Sabía que era un tipo despreciable, pero no lo de racista de mierda. Ya veo que los negros no le gustamos. Aunque dudo mucho que le guste alguien. Otra salida de tono como esta y le denuncio.

Pavel comenzó a subir hacia su casa sin dignarse a mirarles, indignado porque el pescado se le estaba descongelando por culpa de aquellos necios.


Después de comer, Pavel se dispuso a echar una cabezadita en el sofá mientras veía las noticias. Cerró los ojos y soñó que era un cuatrero sin caballo en medio de la llanura, cuando de la nada, una manada de búfalos empezó a perseguirle. El ruido de las patas contra el suelo era cada vez más ensordecedor, haciéndole despertar de golpe. Las gemelas adolescentes del tercero estaban de nuevo con sus tonterías de Tik Tok. Aquellas ridículas crías de quince años, se pasaban el día haciendo aspavientos con las manos y bailando.

De un salto, se levantó de su siesta, subió las escaleras de dos en dos y llamó a timbre con rabia.

—¿Qué se te ofrece, Pavel? —preguntó su vecino Bill.

—¿Puedes domar a tus hijas, que parecen un par de yeguas desbocadas?

—¿Cómo has dicho?

—¿Qué pasa, cariño? —Intervino Karen por detrás de su marido.

—Que este energúmeno ha venido insultando a nuestras hijas.

—Sí, porque se pasan el día trotando por casa hasta que un día me tiren el techo encima.

—¡Papá! Dile que no ladre tanto y que se tome una pastilla para dormir —dijeron Bella y Keira al unísono.

—¿Qué jaleo es éste? —dijo Joe, fatigado por subir del primer al tercer piso.

En un instante, el replano se convirtió en la guerra de todos contra Pavel. Todos dijeron estar hartos de sus rarezas y de su comportamiento cada vez peor. Dejándolos por imposible, bajó a su casa y se aisló con sus auriculares para escuchar la 5ª Sinfonía de Beethoven y, aunque no se veía capaz de hacerlo, cerró los ojos imaginando cómo sería rociar de gasolina el edificio y prenderle fuego con Darius y Asha, con Bill, Karen, Bella y Keira, y con Betty y Joe dentro, para finalmente irse a vivir a una autocaravana y rodar feliz, sin vecinos molestos.


01/02/2023

Jingyí y la Leyenda de Nian

Reto: El año del Conejo
de Libros.com


Jingyí y yo estábamos sentados en el parque una semana antes del Año Nuevo Chino. Llevábamos poco más de seis meses de novios, y aunque había coincidido alguna vez con su hermano, todavía no conocía a su familia formalmente. Pero eso cambiaría pronto en Chú Xi, la Nochevieja del país del sol naciente. Su familia, china tradicional, y yo, un chaval de Carabanchel, madrileño. Gato por los cuatro costados.
Ella notó mis nervios porque no paraba de mover mi rodilla, señal inequívoca de mi estado interior. Así que, mirándome a los ojos, me contó la leyenda de Nian...

Siglos atrás, un monstruo de nombre Nian, que significa Año, aterraba China. Era un dragón poseedor de unos dientes muy afilados, unas garras gigantescas y un gruñido aterrador.
La mayoría del tiempo vivía en la jungla, pero en la luna más oscura del año, cuando la luna nueva salía en el cielo, se escabullía por las aldeas cada año para devorar a los animales, a los niños, a los ancianos y a todo el que se encontrara a su paso.
Por mucho tiempo, la gente temió a la luna nueva hasta que un día, un anciano sabio fue contando que Nian temía a 3 cosas: los ruidos fuertes, el fuego, y el color rojo. Entonces, la próxima vez que vieron a Nian, los aldeanos golpearon sus tambores tan fuerte como podían encendieron cada cohete que tenían y vistieron de rojo de pies a cabeza, haciendo que el dragón huyera muy lejos y no regresara jamás.
A partir de aquel día, la gente comenzó a celebrar la luna nueva en vez de temerle, siendo una celebración de quince días de unión familiar, rica comida y buena fortuna. El Año Nuevo Chino.

Después, acompañe a Jingyí a su casa ya más tranquilo.

**********

El último día del año chino, llegué puntual junto a mis padres para la celebración. 
Jingyí abrió la puerta de su casa con una gran sonrisa pintada en su cara. Nos pidió los abrigos para guardarlos en un armario que había en la entrada y la seguimos por el pasillo hacia el comedor. Eran las once de la noche. Sus padres habían cerrado su tienda más temprano para poder preparar la comida y engalanarse. Se respiraba un ambiente feliz, y como nos dijeron, ya era hora de poder celebrar el Año Nuevo Lunar después de tres años de pandemia.

La familia de Jingyí eran oriundos de la provincia de Zhejiang, como la gran mayoría de los inmigrantes chinos en España. La mesa estaba repleta de sabrosos platos... pescado, empanadillas chinas, rollos de primavera, fideos de la longevidad, frtuas de la buena suerte, y lo que más sonrprendió a mi madre, bollitos dulces con forma de conejo por ser el animal de aquel año. Todos brindamos con vino tinto, cerveza e incluso refrescos al grito de ¡Gan bei! deñ àdre de Jingyí, que literalmente sifnifica "voy a secar la copa". Y sí que la secó, apuró hasta el fondo de su copa. El hermano de mi novia, los padres, los tíos y los primos, hicieron que el ambiente fuera cálido y acogedor. Nos sentíamos bienvenidos y acogidos. Luego hicimos el intercambio de regalos, menos mal que Jingyí me contó que sobretodo, nada en color blanco o negro, pues es mal de mal augurio. Mis padres y mis suegros hicieron muy buenas migas al regalarles un par de botellas de vino moscatel y unos detalles personalizados en color rojo para todos.
Felices, Jingyí y yo enlazamos nuestras manos por debajo del mantel y me puse rojo como un tomate y lo achaqué al alcoho.
Y hoy, tres años después, estamos esperando a nuestro primer bebé.

25/01/2023

Lucy (per)Sigue Diamantes

Ilustración generada con IA y Face App
Reto: Que surja la magia
de Libros.com


Lucy era una chica llena de sueños, poseedora de unos bellos ojos caledoscópicos, y que siempre estaba en busca de aventuras que vivir. Persiguiendo Diamantes, como a ella le gustaba llamarlo en su curioso afán de aprender. Quería explorar su recién estrenada adultez y perderse en la felicidad de sentirse libre sin la presión de sus padres.

Un día se encontraba en un lugar donde árboles llenos de mandarinas la saludaban al pasar. El cielo era mermelada de fresa y, se vio a sí misma en un bote surcando un río, cuando alguien la llamó. Lucy contestó lentamente, como siempre, ya que no era una chica amante de las prisas. Un chico la estaba invitando a seguirle hacia un puente que había junto a una fuente, donde decenas de personas montaban en tiovivos sobre brillantes caballitos de colores, balanceándose al ritmo de la fanfarria.
Lucy lo miraba todo con sus ojos caledoscópicos cuando alguien le puso flores de celofán amarillas y verdes y le dio a probar un delicioso pastel de malmavisco.
Todo el mundo sonreía feliz mientras se deslizaban por una colina en donde crecían unas flores muy altas, pero Lucy continuó siguiendo a aquel chico misterioso que, la hizo subir a uno de los taxis que había forrados con los periódicos del día de todo el mundo. Se sentó sola en la parte trasera y sintió como su cabeza estaba en las nubes. Para cuando quiso darse cuenta, ya había llegado a otro lugar desconocido. Una estación de tren en donde los conserjes eran de plastilina y llevaban corbatas hechas con espejos. A lo lejos, en la barrera de acceso, estaba de nuevo aquel chico. Aún no sabía su nombre, pero él le dedicó una amplia sonrisa y le ofreció su mano y, los dos juntos se adentraron de nuevo en un mundo maravilloso.
Todo giraba y brillaba alrededor de Lucy, empeñada en perseguir diamantes. Pero pronto se dio cuente de que algo no iba bien, y la fantasía se estaba convirtiendo en horror. El mundo de colores comenzó a distorsionarse. Las flores cambiaban de forma y los árboles se tornaban grotescos y monstruosos. Uno de ellos se cernió sobre ella. Aquella noche, no solo había mezclado vodka con otras bebidas. El pastel que le habían dado en la fiesta contenía LSD y estaba sufriendo un mal viaje.
Lucy trató de escapar mientras el chico reía, pero se encontraba atrapada en una pesadilla, sin poder distinguir lo real de lo imaginario, sumiéndose en una oscura y terrorífica locura.
Tras aquello, jamás volvió a ser la misma y dejó de perseguir diamantes. Sus padres la recibieron en casa con la inocencia y las medias rotas, y la imposibilidad de acordarse del misterioso chico que la drogó y la violó.

**********
Historia que bebe de «Alicia en el País de las Maravillas» y basada en la canción de The Beatles «Lucy in the Sky with Diamonds».

05/01/2023

Melchora

Ilustración generada con IA
Reto: Que surja la magia
de Libros.com


Melchora

Nombre de origen hebreo cuyo significado es el compuesto por las palabras "malkî" y "ôr", "mi rey es luz" y su onomástica se celebra el día el 6 de enero. El día de Reyes. 

¿Sabéis una cosa?

Me encanta que Melchora sea el nombre de mi madre.


**********

Todo el mundo da por sentado que los reyes que traen regalos, sobre todo a los más pequeños de la casa, y que vienen de Oriente, son hombres. Pero... ¿y si en realidad la historia fuera un poquito diferente? ¿por qué no podrían haber sido Melchora, Gaspara y Baltasara las tres reinas magas que, hubieran visitado al pequeño Jesús en el humilde pesebre en el que nació?


MELCHORA: Vamos a ver... ¿lo llevamos todo?

GASPARA: Sí. Yo llevo un sacaleches por si María tiene problemas al dar el pecho a su bebé y, si aún se complica más, también he metido en mi saco leche de fórmula. Está una tradición milenaria en juego y no podemos jugarnos a que la criatura no llegue, por lo menos, a la treintena.

MELCHORA: Muy bien Gaspara. ¿Y tú Baltasara?

BALTASARA: Yo he hecho gran acopio de pañales de tela para no dejar peor de lo que está el planeta con los desechables, además de este detergente de Marsella para la delicada ropa del recién nacido.

MELCHORA: Perfecto. Por mi parte, yo les llevo ropa de cama y una cunita, además de comida para José, María y los animales del establo. Vamos muy cargadas pero es que... Si tenemos que hacer caso de nuestros maridos... ¿con qué cara va alguien a visitar a unos padres primerizos con oro, incienso y mirra?

BALTASARA: Bueno. El oro siempre se puede vender...

MELCHORA: ¿Has visto alguna vez un "Compro Oro" en la ciudad de Belén? ¿Y qué crees que pensaría la gente si de repente José, el humilde carpintero, apareciera con un lingote de oro? Bastante tienen ya con las habladurías sobre María, el ángel y el espíritu santo.

BALTASARA: Pues también es verdad.

GASPARA: Venga, pongámonos en marcha, que cuanto antes salgamos, antes llegaremos.

Y así fue como siguiendo la estela de una gran estrella, estas tres reinas, más que magas, llegaron al portal de Belén. Sus dromedarios se hicieron paso entre la peregrinación de hombres y mujeres que iban también a ver al bebé milagro.

María y José se quedaron sin habla al ver a aquella majestuosa visita. Recibieron de buen grado sus presentes, sin ser conscientes todavía de todo lo que la vida les iba a deparar.

En un momento dado, Melchora se acercó a María para decirle al oído...

MELCHORA: María, cariño. Te aconsejo que le pongas pendientes al niño.

MARÍA: Pero, eso solo se les hace a las niñas...

MELCHORA: Solo puedo decirte que lo hagas por el bien de tu hijo. Su nacimiento ha despertado la cólera de Herodes. Enviará a los suyos a matar a todo infante varón.

MARÍA: Tengo un dejà vu...

MELCHORA: Y cada 25 de diciembre lo tendrás...

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02/01/2023

Cómo hemos cambiado...

VadeReto Enero 2023
La caja


Cómo había cambiado... Lina se miró en el espejo una última vez antes de salir de casa. Tenía la edad suficiente como para tararear aquella popular canción de Presuntos Implicados y empezar a rememorar cosas de su pasado. Metió en su bolso el sobre con su nombre que contenía la invitación a aquella intrigante reunión. Sin remitente ni matasellos. Quien se la hubiese enviado, sabía quién era y dónde vivía. No estaba asustada. Nerviosa sí, pero sin miedo en el cuerpo porque con cuarenta años, pocas cosas la asustaban ya. Así que decidió aceptar aquella estancia de dos días en la ubicación donde la esperaban.

Y allí estaba ella, un viernes por la tarde a la hora prevista. Con su lacia melena rubia y sus ojos tan azules, enfundada en su abrigo beige y su bolso de marca, llamó a la puerta y una asistenta la recibió. Sus botas altas resonaron en la entrada de la lujosa cabaña. Jaca siempre había sido uno de sus lugares favoritos para pasar unos días y desconectar. 

—Pase, por favor —dijo la asistenta—. Según tengo entendido, usted es nuestra última huésped, pues las otras tres señoras ya están esperando. 

—Gracias —contestó Lina— Perdón… ¿su nombre? 

—Anita, a su servicio. Y ahora, si hace el favor de acompañarme… 

—¡Faltaría más! 

Lina, de una manera desenfadada, enlazó su brazo con el de Anita que para nada, se esperaba aquella reacción de una de las invitadas. Cuando entraron al salón, la conversación que mantenían las tres mujeres, cesó al instante. Todas miraron a la recién llegada de arriba abajo y, en sus rostros podía verse una mezcla de envidia, admiración y sobretodo, intriga. Pues ellas sí se conocían de antes, pero ninguna conocía a Lina. 

—Buenas tardes, mi nombre es Lina Payton y es un placer estar aquí pero estoy algo confundida. ¿Alguna de ustedes sabe por qué se nos ha convocado? 

—No. Buenas tardes —dijo una de las mujeres mientras se levantaba del sofá. —Me llamo Rebeca Vidal, y estas son Raquel Ferrer y Rocío Acosta. Y no nos hablemos de usted, por favor. Podemos tutearnos. 

Rebeca, siempre esbelta, moderna y elegante, con su larga melena color chocolate oscuro y sus ojos almendrados, parecía tener estudiada cada una de sus poses. Con gran determinación, hizo que las otras dos mujeres se levantasen del sofá para hacerse un selfie las cuatro invitadas juntas. No por nada, era una de las influencers más famosas de España. 

—¡Mis followers van a flipar con mis Stories de este fin de semana! ¡Qué arda Instagram!

—Bueno Rebeca —saltó la más bajita de las cuatro—, deja presentarnos a las demás, ¿no? Yo soy Raquel Ferrer, dueña junto a mi marido, del restaurante con más Estrellas Michelin del país. 

—Y yo Rocío Acosta, actualmente terminando mi quinta novela, continuación de la saga romántica más vendida en los países de habla hispana, y que pronto verá la luz en forma de serie de televisión.

Lina y Rebeca parecían sacadas de cualquier revista de moda. Perfectas y preciosas. Por otra parte, Raquel pasaba del metro sesenta solo por dos centímetros y era la más curvilínea. Ojos verdes de mirada inquisitiva, melena corta pelirroja y rizada, con piel sensible a causa de su vitíligo. La impasible y seria Rocío, siempre con su pelo bien corto desde su mayoría de edad y sus gafas de pasta detrás de las cuales, sus ojos solían mirar por encima del hombro a todo el mundo. 

—¿Y tú, Lina? ¿A qué te dedicas? —preguntó la escritora—. A lo mejor tu vida me parece interesante como para hacer un personaje para uno de mis libros. 

—Perdonen, señoras —interrumpió Anita desde la puerta—. Si hacen el favor de sentarse alrededor de la mesa… Enseguida se les seguirá informando sobre el protocolo para disfrutar de este pequeño retiro invernal. Si lo desean, pueden pedirme cualquier clase de té o café. 

Rebeca pidió una manzanilla, Raquel un capuchino, Roció un café solo, sin leche ni azúcar, y Lina, un cortado. Así que al rato, apareció Anita con la merienda sobre una bandeja de plata y el comedor se llenó de risas, charla distendida y cucharillas removiendo las bebidas en las tazas. Las cuatro mujeres habían recibido el mismo sobre anónimo con la invitación. En ella se detallaba la fecha y la ubicación, así como que la estancia y los desplazamientos de ida y vuelta eran a gastos pagados. No tenían que poner ni un solo euro por estar allí, pues habían sido elegidas por una gran multinacional para ofrecerles suculentas sorpresas. Pero de pronto, el timbre de la puerta sonó y todas se quedaron mirando. 

—¿Falta alguien más por venir? —preguntó Rebeca levantando las cejas. 

—No, que yo sepa —contestó Anita—. Si me disculpan, voy a ver de qué se trata. 

Raquel y Rocío se levantaron y siguieron a la mujer que, al abrir la puerta, lo único que encontró fue una simple caja de cartón sin destinatario ni remitente. Rebeca y Lina llegaron tras ellas y, en vista que ninguna se atrevía a hacer nada, la siempre predispuesta Rebeca, cogió la caja y la puso encima de la mesa tras pedir a Anita que la limpiase de los restos de la merendola. 

—Esto está siendo mejor de lo que me esperaba —empezó a decir Rebeca—. Voy a grabarlo todo para después subirlo a mis redes sociales. A ver qué sorpresa nos tienen preparada.

Con ayuda de la larga uña acrílica de su dedo índice, abrió sin dificultad la caja. Al asomarse para ver lo que contenía, contuvo el aliento y el rubor de sus mejillas desapareció. La tensión le bajó hasta los pies y tuvo que sentarse en el sofá para no caer al suelo. 

—¿Qué pasa, Rebe? —preguntó Rocío preocupada por su amiga. 

Raquel fue hasta la caja y sacó su contenido. Con ira, la tiró a un rincón de la habitación y puso sobre la mesa una serie de fotografías y documentos. Pruebas incriminatorias de todas ellas. De todas… excepto de Lina. Entonces, la pelirroja se dirigió a la rubia visiblemente contrariada.

—¿Y de tí por qué no hay nada? 

—¿De verdad qué ninguna de vosotras me habéis reconocido? —respondió una triunfante Lina—. Sois más simples de lo que podía recordar. Cómo hemos cambiado, ¿eh? 

Todas se quedaron mudas. Lina prosiguió:

—He dicho que mi nombre es Lina Payton, pero si cambiáis Lina por Paulina y Payton por Pérez. Exacto. Soy la tímida Paulina Pérez a la que le hicisteis pasar un infierno en el instituto. Tras tener que cambiarme de centro, me perdisteis la pista en el último curso. Después de tener que ir al psicólogo durante algún tiempo y ser respaldada por mi familia, seguí los pasos de mi padre. Ahora soy abogada como él, de uno de los mejores bufetes de España. No me reconocéis, tan guapa, tan estilosa, tan en segundo plano. Ya era así antes, lo que pasa es que ninguna se molestó en querer conocerme. Me decíais cada día lo fea e inútil que era, y la mayor estupidez que puedo recordar. Que yo no podía ser amiga vuestra porque mi nombre comenzaba por «P» y no por «R» . Que mi nombre era una letra R pero coja. Pero soy más lista que vosotras y en esta caja, están las pruebas de vuestras malas artes:

Rebeca Vidal, influencer. No contenta con tener inflado tu número de seguidores en Instagram a base de comprarlos. Subiste varias Stories relatando lo mal que lo pasaste para volver a España desde Ucrania cuando la guerra comenzó. Siendo esto completamente falso. Estuviste en tu ciudad, Barcelona. Tengo fotos y testigos de lo que estoy diciendo. Así como tickets de restaurantes, comercios y garajes, entre otros. Sin decir que, en tu pasaporte no hay rastro de tu estadía en dicho país.

Raquel Ferrer, chef y restauradora. Tengo las pruebas suficientes como para demostrar que la gran mayoría del marisco que compras, lo haces a los furtivos para no pagar impuestos y ahorrarte un dinero, sin importarte lo peligroso que puede llegar a ser para la salud de tus clientes, ya que este marisco ilegal no ha sido sometido a los controles por el que pasa el legal. Con todo lo que ello conlleva, es un delito muy grave contra la salud pública. 

Y Rocío Acosta, escritora. O más bien, plagiadora. Tus libros de la saga «Besos robados», vaya ironía de título, son el plagio descarado de las obras de «Besos escondidos», cuya autora real es Ana León.

Entonces, Anita entró en la sala sin el uniforme de asistenta que había llevado hasta entonces. Ana era una mujer menuda de ascendencia filipina, portuguesa y española. Intentaba abrirse camino en el difícil mundo de la literatura publicando en Wattpad. Dicen que el mundo es un pañuelo. Ese mundo que unió a la abogada Paulina Pérez y la plagiada autora Ana León en una cruzada contra aquellas tres acosadoras, delincuentes e infractoras. Así que ahora, las tres mujeres se veían en la obligación de decidir cómo iban a hacer las cosas, si fáciles para todas o, no tan fáciles para ellas mismas. Pero lo que sí tenían seguro es que se encontraban en una delicada situación.



29/12/2022

Deirdre (1572 - 2022)

Ilustración generada con IA
Reto: A vueltas con el calendario
de Libros.com

Se acaba un calendario y comienza otro. 
El término calendario procede del latín «calendars», que designa el primer día del mes en el calendario romano. 
Ahora es hora de ajustar cuentas con el año que acaba en este último reto del año. Sólo habrá una situación en la hay que reescribir una de vuestras historias de Ludus publicadas en 2022. Puede cambiarse lo que se quiera, pero siempre ajustando cuentas.

La versión original aquí:


Halloween, 2022

Los ojos de la niña aún estaban acostumbrándose a la potente luz de la sala. No había dicho nada desde que la pareja de policías, Sam O'Riordan y Sarah Mitchell, la encontraron andando por el arcén de la autopista, la circunvalación M50 de la ciudad de Dublín. 
Una vez en comisaría, los agentes se hacían bastantes preguntas. 

—Me extraña que tras tantas horas, nadie haya denunciado su desaparición. Tendrá familia, digo yo —comentó O'Riordan. 
—La tiene —contestó Mitchell— Mira su disfraz, no le falta ningún detalle. Hasta los zapatos. Cualquier otra niña llevaría unas deportivas para ir a por caramelos por el vecindario. Por no hablar de ese broche. Debe valer un pastón. Créeme, sé de antigüedades, aunque este se vea como si fuese nuevo.

Deirdre les miraba sin comprender. Ella solo hablaba gaélico irlandés y, aquellas personas hablaban en inglés a unas cosas rectangulares que emitían luz, sonidos y vibraban. 
—Es una lástima —dijo O'Riordan— tendremos que llamar a asuntos sociales. No podemos tenerla aquí por mucho tiempo si nadie la reclama. 
Sarah Mitchell se acercó a la niña. Le había sacado un chocolate de la máquina de café y le había traído un sándwich de atún, lechuga y mayonesa. 
Deirdre miró lo que Sarah le había dejado en la mesa y después, le dirigió una inocente mirada y esbozó una leve sonrisa. Sus lágrimas ya se habían secado. Entonces una voz llamó a O'Riordan y a Mitchell que, dejaron sola a Deirdre por un momento. Cuando volvieron, cinco minutos después, no había rastro de la niña ni del sándwich, pero sí de un vaso vacío. Se había bebido el chocolate. Y aunque miraron por toda la comisaría y sus alrededores, no la encontraron por ninguna parte. 

Samaín, 1572

Ya había caído la noche en Dalkey. Elman y Kean, de trece y once años, llamaban a su hermana pequeña de seis. Se había perdido mientras buscaban setas y estaban muy asustados pensando en su pobre hermana en la fría oscuridad. Pero cuando se disponían a ir al pueblo para avisar a los mayores, Deirdre salió de una cueva a la que llamaban An Uaimh Ama (La Cueva del Tiempo). Llevaba algo en la mano que no habían visto jamás, un sándwich. 
Al volver a la aldea, su padre y sus tíos se habían preparado para salir en su busca y las mujeres, tenían la preocupación pintada en sus rostros. La madre de los niños salió a abrazarlos y el padre empezó a sermonear al hijo mayor, quien se echó toda la culpa de lo ocurrido. 
La normalidad volvió rápidamente al pueblo, pues todo quedó en que se habían rezagado cogiendo setas. No contaron a nadie que Deirdre había estado perdida. 
Los tres hermanos compartían una de las dos habitaciones de la casa, donde Deirdre sacó del bolsillo el sándwich. Se lo comieron y acordaron guardar el secreto de la cueva y visitarla juntos más adelante para ver el extraño mundo que Deirdre decía haber visto.