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| Imagen de: Alex Russell Flint |
¡Ay, Diario! ¡Por fin es viernes!
Estoy molida por tanta carga de trabajo. Me he encontrado con don Carlos que me ha dicho que yo soy la luz del edificio, aunque esté cansada. Que soy la juventud en un bloque en el que todos los demás vecinos pasan de los sesenta y tantos... Me ha sacado una sonrisa.
¿Dónde estaré dentro de unos años? No podré vivir aquí de alquiler por mucho tiempo, el lugar se cae a pedazos y mis vecinos... Pues llegará un día en el que ya no estén aquí.
Bueno. No voy a escribir más, porque me pongo triste, y es lo último que quiero un viernes por la noche.
Sábado, 3 de Junio
¡Uf! Me ha llamado Romina para salir y festejar los cumpleaños de Carla y Belén, pero he tenido que decir que no, pues creo que he pillado una gripe de las que a mí me dan. Fiebre alta, escalofríos, y como si me hubiesen dado una paliza desde el interior de mi cuerpo.
Al rato, me llamó al telefonillo y me asomé a la ventana. No la hice subir porque no quiero pegarle nada. Ya me contarán cómo fue la fiesta, y el finde que viene, pues hacemos algo. Que siempre hay tiempo para la juerga.
Así que nada: paracetamol y agua, caldito y zumos y a pasar el trámite. Aún tengo todo el domingo para mejorar y encarar la nueva semana.
Domingo, 4 de Junio
Anoche ni la televisión quise ver, Diario. A las nueve ya estaba completamente dormida, y he dormido unas dieciséis horas. Todo está en un extraño silencio. Me he asomado a la ventana y parece que los basureros no han pasado. Los cubos de basura siguen llenos. A lo lejos, he visto algunas columnas de humo. Qué raro... Además de que no puedo contactar con mis amigas. O no cogen el móvil o éste está apagado o fuera de cobertura.
He intentado ver la televisión pero la antena debe haber muerto. Maldito edificio ruinoso. En cuanto gane lo suficiente, me voy de aquí.
Lunes, 5 de Junio
Ya estoy mucho mejor de mi gripe, ni fiebre, ni vómitos, ni escalofríos, pero no he ido a trabajar aunque ya estaba lista para ir. La empresa nos envió un correo diciendo que teníamos vacaciones toda esta semana, y que ya nos irán diciendo semana a semana, en espera de lo que decida el gobierno, pues se ve que una rapidísima y peligrosa enfermedad se está propagando por todo el mundo, con varios focos provocados por viajeros a distintos lugares pero provinientes del mismo sitio.
Miedo me da, en vista de cómo se hizo con el virus de hace tres años...
Un mes desde que escribí en ti, Diario... ¿Por dónde empezar?
Mi casa, mi refugio. El edificio, mi fortaleza. Mis vecinos, como la diezmada población, muertos en vida. Mi ventana, la única conexión con el mundo. Mi escopeta, una de mis armas de defensa.
Mis amigas y mi familia, probablemente estén todos muertos. Tengo que defenderme de todo, si bien, los enfermos hambrientos no son un problema para mí, los aún vivos, pueden ser saqueadores, ladrones, violadores y asesinos que, en vista que las fuerzas del orden como tal, ya no existen, pues campan a sus anchas haciendo maldades a los demás.
Desde mi ventana he visto a don Carlos. Sucio, medio descompuesto y arrastrando los pies por en medio de la calle, una furgoneta se paró a su lado y dos chicos, uno con un machete, y otro con un bate de béisbol con clavos, se bajaron de ella.
Entre risas e insultos giraban alrededor de mi querido vecino que, en vano estiraba sus brazos y giraba de derecha a izquierda y viceversa sin poder alcanzarlos.
El del bate, le golpeó fuertemente las rodillas, haciéndole caer. El del machete, se lo clavó varias veces en pecho y abdomen hasta que se le vieron los intestinos podridos. Don Carlos seguía gimiendo y estirando los brazos, dando dentelladas al aire. Sin pensarlo, le disparé en la cabeza con la escopeta que me regaló papá, para que terminara todo... Luego les pegué sendos tiros certeros a aquellos desalmados.
Ahora, tengo la posibilidad de dejar de mirar por esta ventana, porque hay una furgoneta con las llaves puestas debajo de mi casa. Necesito buscar comida. La que tenía en casa se terminó, la de mis cinco vecinos, también. Estos pensionistas, eran de los que iban a comprar el producto fresco del día, y así no hay quien sobreviva a un apocalipsis...
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