20/11/2023

Él no te ama


Relato finalista del IV concurso:
Construyendo Cultura en Salud Mental
Unidad de Salud Mental Comunitaria del Hospital de Los Arcos-Mar Menor, las concejalías de cultura de los municipios de Los Alcáceres, San Javier, San Pedro del Pinatar y Torre Pacheco, las asociaciones AFEMAR, AIKE Mar Menor y LAEC, y la Fundación entorno Slow-Proyecto Neurocultura de Torrepacheco


Más de un año desde la ruptura ella nunca pensó que tuviera tanta fortaleza. No podía permitirse el lujo de flaquear, principalmente por sus padres, por sus hijas y por ella misma.

El hombre que fue su pareja durante ocho años no quería dejarla marchar. Obsesionado con ella, sus mensajes daban pavor. Audios suplicando, amenazando, surrando o gritando.

Ayer me llamó llorando desconsolada. Le bloquea pero se hace cuentas nuevas para volver a acosarla. Está aterrorizada y sobrevive a base de ansiolíticos y somníferos.

Fuimos a tomar un café. Me contó que se quedó paralizada mientras echaba gasolina al coche, minutos antes de nuestra quedada. Vio un poco apartado a un hombre fumando que al principio le pareció idéntico a él. Se quedaron mirando unos segundos hasta que por fin vio que no era él. Aún así, temblaba mientras sus manos rodeaban la taza en la cafetería. Menos mal que vive a miles de kilómetros. ¿Pero, quién sabe?

Él le dice que no tenga miedo porque la ama y jamás le haría daño.

Y yo le digo a mi amiga, que alguien que te quiere, nunca te haría pasar por esto, pues preferiría que fueras feliz.



01/11/2023

En forma de nube

Microrreto: Matemos al narrador
&
VadeReto Noviembre 2023



Desde aquí puedo ver lo que queda de mí. Mi cuerpo acribillado con las flechas de los esbirros del Duque, lamebotas del Rey. Al cual no dudará en darle el mismo destino que a mí sí con ello pudiera usurparle el trono. 

El Duque ahora tiene carta blanca para casarse con la Princesa, pues claro está, la ha salvado de mi "malignidad". El reino está a salvo de este dragón que según él, tenía atemorizada a toda la comarca y quería comerse a la Princesa. Pero nada más lejos de la realidad. 

La Princesa me conoció el mismo día en que salí del cascarón y ella sólo era una niña. Toda mi familia había sido aniquilada y yo era el último dragón que quedaba en pie. 

Nos hicimos amigos y venía a visitarme a mi cueva. No podían vernos y yo, tenía que estar lo más oculto que pudiera, saliendo hacia otras comarcas más alejadas del reino. Pero claro, crecí y me hice inmenso, haciendo muy difícil no verme cuando iba o venía volando. Los rumores sobre el sanguinario dragón que engullía doncellas y niños se extendieron como el fuego en un reguero de pólvora. 

Mi cuerpo maltrecho empezará a pudrirse, pues estoy muerto. Pero le prometí a mi Princesa que siempre que haya nubes sobre su cielo, mire arriba y me verá. Pues volveré de vez en cuando en forma de nube para hacerla saber que no la olvido.
Tras cerrar el libro, Ariadna miró al cielo.

05/10/2023

El Loco

Foto modificada por FaceApp
CONCURSO DE RELATOS 38ª Ed. MATAR A UN RUISEÑOR
de Harper Lee

El Loco

El Loco no hablaba. Si bien, no era sordo ni tampoco mudo, dejó de pronunciar palabra a los doce años, tres meses y cuatro días exactamente. El día en el que sus padres murieron junto a Juanita, la mula en la que venían de intentar vender y hacer negocio en el mercado. El sendero por la montaña era estrecho y peligroso y el animal resbaló, llevándose aquel precipicio la vida de los tres desgraciados. 

Más de medio siglo después, el Loco vivía sin hablar en la casa que le vio nacer, la de sus padres. Tenía un huerto y gallinas y ganaba algo de dinero para poder vivir, limpiando el pueblo y las carreteras colindantes de maleza y animales muertos. Cada día aparecía alguno atropellado, sobre todo gatos y conejos. Era una tarea que no todo el mundo estaba dispuesto a hacer, se necesitaba mucho estómago, pero para el Loco no suponía ningún problema. 

De mirada franca aunque algo esquiva, el Loco rehusaba de entablar amistad con la gente. Simplemente vivía y dejaba vivir, pero los chiquillos le seguían de lejos y a veces, se acercaban demasiado para ver qué hacía, a dónde iba y de dónde venía. Pero cuando veían que el hombre no hacía nada extraordinario, lo dejaban por imposible. Aunque en algunas ocasione podían llegar a ser algo molestos con él y entonces, el Loco se giraba y les miraba fijamente con sus ojos de loco y sin decir nada. Los críos entonces salían corriendo mientras gritaban y reían nerviosamente. 


Beatriz

Beatriz se sintió indispuesta a media mañana. Gustavo, su marido, estaba a dos horas en coche por cuestiones de trabajo, y sus padres no contestaban al teléfono fijo. Les maldijo cariñosamente mientras una mueca de dolor se formaba en su rostro. Se negaban a tener un móvil porque como decían ellos, con el de casa ya tenían bastante. 

Bajó los cuatro escalones hacia el jardín con mucha dificultad, pues la barriga le impedía ver por dónde pisaba. De pronto, un líquido le chorreó de entre las piernas. Había roto aguas. Con la frente perlada por el sudor, un desgarrador grito escapó de su boca porque un latigazo le había atravesado la espina dorsal haciéndola caer de rodillas. 

El Loco oyó el grito de una mujer y sintió un pellizco en su pecho. Debía venir de la primera casa a la entrada del pueblo. Demasiado lejos de cualquier otro vecino. Sin pensarlo, se dirigió hacia allí. Con sus largas zancadas recorrió los cien metros y llegó frente a la fachada principal. Los ojos y la boca del El Loco se abrieron de par en par. Beatriz, la mujer del alcalde estaba pariendo y la cabeza del bebé ya asomaba. 

—Tranquila. Respira. He visto parir a varias vacas y a una yegua. No estás sola —Fue lo único que dijo el Loco después de tanto tiempo, que hasta él se sorprendió de su propia voz. 

Con sólo tres empujones y agarrando la mano del Loco, Beatriz dio a luz a una niña con mucho pelo. Y en ese preciso instante, se desmayó.

El Loco hizo reaccionar a la recién nacida para que llorara y llenara de aire sus pequeños pulmones. 


El Grupo

Elvira, Jacinta, Amalia y Dorotea, daban su paseo como cada día cuando se vieron ante la casa del alcalde, mientras su mujer yacía inconsciente y ensangrentada y al Loco con el bebé en brazos. 

Las cuatro empezaron a llamar por teléfono y enseguida llegó una ambulancia, casi todos los vecinos y hasta la Guardia Civil. Una pareja de la benemérita se llevó al Loco al calabozo hasta que se decidiera lo contrario, pues el grupo de las cuatro parroquianas juraba y perjuraba que el Loco había golpeado a la pobre Beatriz para llevarse a la criatura porque, todo según ellas: a saber con qué malignas intenciones. 


El Loco pasó tres días y dos noches en el cuartelillo hasta que fue liberado. Tiempo en el que Beatriz logró recuperarse de su accidentado alumbramiento, pudiendo contar lo que realmente había pasado aquel día. Aún algo débil, ya que había perdido mucha sangre debido a la preeclampsia que sufrió en la recta final del embarazo, pidió que dejaran libre al Loco.


El Alcalde

El alcalde en persona fue al cuartelillo para disculparse con el injustamente acusado y le dio las gracias en nombre de su esposa y de todo el pueblo. 

—Dime, ¿cómo puedo agradecerte lo que has hecho por mi familia? ¿Hay algo que desees? —preguntó el alcalde. 

Pero el Loco no dijo nada. Movió la cabeza de lado a lado, sonrió y se marchó para seguir con su vida, limpiando y viviendo en su humilde casa. 


Cinco inviernos después, el Loco murió de gripe. Momento en el que el alcalde, que seguía siendo el marido de Beatriz, Gustavo Alonso, mandó poner el nombre y una placa conmemorativa de El Loco a la recién estrenada rotonda de acceso al pueblo.


01/10/2023

Siete pecados

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Vadereto Octubre 2023
El cumpleaños


Octubre de 1950. Purita se despertó temprano aquella mañana, ansiosa por el día que tenía por delante. Era su décimo cumpleaños y no tenía ni idea de lo que iba a pasar, ya que en su pobre familia no eran muy dados a tener demasiadas expectativas, ni grandes eventos. Y así, mientras la niña peinaba su corta melena ante el espejo, empezaron a aflorar poco a poco cada uno de los siete pecados capitales.

Envidia

Marina lo tenía todo. Era la niña más guapa de la escuela. Tenía un nombre precioso, lucía siempre bonitos vestidos hechos a medida y sus largos tirabuzones negros, resaltaban su pálida piel y sus ojos azules. La envidiaba la mayor parte del tiempo, aunque le costase admitirlo.


Lujuria

Sin ir más lejos, a principios de año, Marina se atrevió a ir a clase con la Mariquita Pérez que le habían traído los Reyes Magos, nada más volver de las vacaciones de Navidad. 

Era la muñeca más bonita que Purita hubiese visto jamás. La quería para ella. ¿Por qué Marina había recibido aquel regalo y ella no? ¿A caso ella no era la buena niña que obedecía a sus padres, a su maestra, sor Luciana, y a cualquier adulto como era menester?


Ira

No escuchó a su madre las tres veces que la llamó para que bajase a desayunar. Tampoco sus pisadas por las escaleras de madera al subir. Sólo saltó como un resorte con la cara roja por el enfado, al oír el crujido de la puerta. 

—¿Se puede saber qué haces, Purita? Tu padre y tu hermano ya están sentados a la mesa. 


Soberbia

Altiva, la enojada Purita se alisó la falda que ya empezaba a ser demasiado corta y a apretarle en la cintura. Necesitaba ropa nueva. Pero no dejaría que nadie notase lo miserable que se sentía por pertenecer a una familia con tan escasos recursos económicos. 

Y con esos pensamientos divagando en su mente, su madre la dejó pasar y bajaron para dirigirse a la cocina.


Avaricia

En la mesa había leche con cacao y zumo de naranja recién exprimido. También vio galletas danesas, barquillos y cruasanes de mantequilla. Todo dispuesto en la vajilla que su madre sólo sacaba para conmemorar algo muy importante. 

Purita empezó a servirse de todas las cosas, antes incluso de sentarse ante su plato.


Gula

Con una mano bebía un sorbo de la leche chocolateada y con la otra le hincaba el diente a un delicioso cruasán, mientras no perdía de vista al vaso de zumo que tenía ante sí y calculaba cuántos barquillos y galletas sería capaz de digerir antes de ir al colegio.

Su padre, visiblemente contento, se dirigió a su hija que, comía a dos carrillos.

—Tranquila, hija. Que te vas a ahogar. Hay de sobras. Me han ascendido a encargado de la fábrica y ya no soy un peón más. No es mucho el aumento pero, iremos un poco más desahogados a partir de ahora. Además, tu hermano empezará también a arrimar el hombro. ¿A qué sí, hijo? 


Pereza 

Pero Purita no le escuchaba, pues cuando su padre empezaba a hablar, no había quien lo parase. Le entraba un sopor inenarrable y simplemente veía a su padre mover la boca. Le entraban ganas de dormir, pero ahora no podía, pues debía ir al colegio. 


Aquel día la acompañaron los dos, su padre y su madre. Ambos la abrazaron y besaron mientras le deseaban un feliz día de nuevo y Purita se sintió la niña más querida y feliz. 

Por su parte, Marina llegó a la escuela cabizbaja. Todos los juguetes que poseía, o sus bonitos vestidos con el lazo para el pelo a juego no le servían para nada.

En casa de Marina se respiraba un aire enrarecido cada vez que su padre llegaba más tarde por la noche. Casi siempre cuando ella ya dormía, y su madre lloraba amargamente mientras suplicaba al marido que no se marchase de nuevo. Pero él, cada vez pasaba más tiempo fuera porque decía que un jefe tenía que ser siempre el primero en entrar y el último en salir. Pero la realidad era que el padre de Marina había decidido que le gustaba pasar más tiempo con Dolores, su secretaria, que con su familia. La cual estaba embaraza en aquel momento de siete meses. 

Cuando Purita se enteró de aquello, no dudó entonces en abrazar a su amiga/enemiga y consolarla. 

Aquella noche, antes de ir a dormir sólo quiso decirle una cosa a su padre. Que se quedase como encargado, pues no era necesario que aspirase a ser jefe de nada. Que ella ya era feliz así. Que ni la lujuria o la envidia, la avaricia o la soberbia podrían con ella. De la ira, no estaba segura de no enfadarse jamás, y de la gula o la pereza, era algo en lo que le costaría bastante más, por lo que no se lo tuviese demasiado en cuenta 🤗



17/09/2023

Lady Eleanor

Foto modificada por FaceApp
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Reto: Equienoccio de otoño
de Libros.com


Lady Eleanor era una dama que había sido educada para seguir las estrictas normas de la alta sociedad victoriana. Su compromiso con Lord Harrington, un hombre tan respetable como poco carismático, era una cuestión de conveniencia. Sin embargo, la vida de Eleanor dio un giro inesperado durante el baile anual en la mansión de los Wellington, llena de leyendas y misterios.
Mientras se deslizaba elegantemente por la pista de baile, su mirada se encontró con la de un misterioso forastero, el cual le resultaba tan atractivo como familiar. Su traje de corte extraño y sus profundos ojos destacaban entre la multitud, y Eleanor sintió una súbita e inexplicable atracción hacia él, una sensación de déjà vu que la dejó aturdida.
El misterioso extranjero se acercó a Eleanor con una sonrisa enigmática y la invitó a bailar. Mientras bailaban, él habló en voz baja, revelando su conocimiento sobre los secretos de la mansión y sus misteriosas leyendas. Eleanor estaba cada vez más cautivada por su conversación, sintiendo que compartían un vínculo más allá de lo que podía entender en un principio. 
Fue entonces cuando el forastero reveló su mayor secreto a Eleanor: era un descendiente directo suyo, venido del futuro. Concretamente, era su tataranieto, Kilian Harrington. Explicó que su conexión, esa atracción inexplicable, se debía a un antiguo ritual del equinoccio que había transmitido a través de las generaciones. La mansión, en ese momento, estaba imbuida de una extraña energía que solo se manifestaba durante aquella época.
Eleanor, sorprendida pero intrigada, decidió seguir al misterioso forastero más allá de la mansión, a un rincón secreto en el jardín donde el antiguo ritual debía llevarse a cabo. Allí, bajo la luz de la luna, se unieron en un acto que trascendía el tiempo y el espacio, reforzando su conexión a lo largo de las eras.
A medida que el sol salía en el horizonte, Kilian le prometió a Eleanor que volverían a encontrarse en su tiempo, y que su relación estaba destinada a cumplir un propósito mayor que ni él ni Eleanor comprendían por completo. Con suma delicadeza, el hombre tomó la mano de Eleanor y la besó, tras lo cual, desapareció en un destello de luz, dejando a Eleanor en su época victoriana pero con un nuevo propósito en su vida.
Desde aquel día, Lady Eleanor vivió con la esperanza de volver a encontrarse con su descendiente, sabiendo que su relación estaba destinada a desempeñar un papel crucial en el tejido del tiempo y el destino de su familia.
Lady Eleanor, atrapada en una vida de protocolos y conveniencia, había experimentado una noche que cambió su forma de ver la vida y todo lo que la rodeaba. Empezó a mirar con otros ojos a su prometido, dándose cuenta que  Lord Harrington, era un hombre tímido pero excepcional. Aquel descendiente suyo venido del futuro, había abierto las puertas a un mundo de enigmas y maravillas que ni ella misma podía comprender por completo.
En los años que siguieron a ese mágico encuentro con Kilian, Eleanor se convirtió en una figura respetada en la sociedad victoriana, que anhelaba secretamente la reunión con su tataranieto. Estudió los rituales del equinoccio y las historias de la mansión con una pasión que nadie sospechaba.
Finalmente, después de algo más de ocho décadas, llegó el día en que una anciana Eleanor, recibió una llamada de su nieto, que había sido abuelo. 
Eleanor y Daniel Harrington tuvieron un hijo y dos hijas. Y su primer nieto, hijo de su hijo, también fue un niño. Y también su bisnieto. Y ahora también, su tataranieto. 
Siempre con ayuda y rodeada de su familia, fue a la clínica donde la mujer de su bisnieto había dado a luz a Kilian Harrington, un bebé de casi cuatro kilos y cincuenta y un centímetros de largo. 
Con lágrimas en los ojos, Eleanor cogió a su descendiente cuando se lo pusieron en sus brazos y le agradeció por mantener viva la llama de su conexión a lo largo de las generaciones, y en aquel preciso instante, el bebé sonrió. 
Al final de su encuentro, el descendiente del futuro le reveló a Eleanor que su reunión tenía un propósito mayor: debían trabajar juntos para preservar el legado de la mansión y proteger los secretos que encerraba. Eleanor, ahora con un nuevo propósito en su vida, aceptó con determinación esta misión.
Poco después de ese emotivo encuentro, Lady Eleanor Harrington cerró los ojos por última vez. Pero su legado y su conexión con Kilian y la mansión, vivirían para siempre.
Kilian Harrington creció con el recuerdo de una joven Eleanor y el misterioso encuentro en el baile. Eternamente agradecido a que ella se casara con Daniel, haciendo así posible su propio nacimiento. 

04/09/2023

Luc, no es diminutivo de Lucas

Microrreto: La inspiración
&
Vadereto Septiembre 2023
Fusión


Hannibal caminaba pensativo por Portland. Su mujer estaba ingresada por su leucemia y la factura crecía cada día. Su trabajo como escritor no daba para más y su sueño de tener éxito se iba desvaneciendo. Las musas le habían abandonado. Si pudiera escribir el libro que todo el mundo quisiera leer, todo sería muy distinto. 
Tras una esquina se topó con una pequeña tienda de antigüedades donde un joven colocaba en el escaparte un tintero de oro donde rezaba: «Pídeme un deseo y lo verás por escrito».
Movido por una extraña fuerza, entró en la tienda .
—Buenas tardes. ¿Es verdad lo de ese tintero?
—¡¡Hola!! Si se lo lleva, usted mismo lo comprobará. Por ser usted se lo dejó simbólicamente en un dólar.
—¿En serio? Será broma, ¿no?
—Yo siempre hablo en serio, Hannibal. Su mujer se recuperará y su libro será un pelotazo en el mundo entero.
—¿Cómo sabe eso?
—Yo lo sé todo. Piense en su mujer sin problemas de salud ni de dinero para siempre. Firme este albarán que lo arreglará todo.
—Muchas gracias, Lucas.
—De nada. Pero aunque en mi chapa pone Luc, no es diminutivo de Lucas —dijo sonriendo.
Hannibal llegó a casa con el tintero y empezó a escribir. Su libro estuvo terminado en tiempo récord, convirtiéndose en un superventas. Su mujer sanó totalmente pero un día, Hannibal desapareció sin dejar rastro hasta que tiempo después, su mujer encontró el albarán del tintero, donde su marido le vendía su alma a un tal Luc Ifer...

03/09/2023

Black Annie

Reto: Equinoccio de otoño
de Libros.com


«¡Corre, insensato! Que el sol ha empezado a ponerse ya. Coge a tu niña y ponla a dormir bien cubierta y calentita bajo su edredón, y no te olvides de cerrar las ventanas y las puertas con todos sus cerrojos y pestillos echados. Que tampoco se te escape el detalle de dejar un círculo de sal rodeando su cama para que yo no pueda acercarme a ella. A esa preciosa niñita de cabellos dorados. 
¡JA! Me río en tu estúpida cara. ¿Tú sabías que yo no voy a venir hoy? ¿De verdad que no? ¿Estás sorprendido? Pues verás, monigote. no puedo venir porque simplemente, SIEMPRE he estado aquí. Al acecho.
Esperando a que se despierte porque tiene ganas de hacer pipí, o puede que quiera bajar a la cocina a por un vaso de agua. O a lo mejor, se aventure a adentrarse en la lúgubre oscuridad del largo pasillo hasta llegar a ti y a su madre porque ha tenido un mal sueño, buscando el refugio y protección de sus papás. Pero yo la agarraré y la llevaré a mi cueva en Dane Hills, continuando con la propagación de mi propia leyenda por todo Leicestershire.
Me llevaré a esa tierna criatura que tienes durmiendo en el piso de arriba tan plácidamente para beberme su sangre, comerme su tierna carne y hacerme finalmente con su piel, una nueva falda para mi guardarropa...»

Simon se despertó sobresaltado por aquel terrible mal sueño. Su primer pensamiento fue para su pequeña Margot, así que se dirigió al piso de arriba y fue directo a la habitación de la niña, pero su cama se encontraba vacía. Entonces, atravesó el pasillo para ir a su propio dormitorio. Se tranquilizó. Margot y su madre dormían plácidamente. Madeleine rodeaba a su hija en un protector abrazo...
¡Un momento! —pensó entonces Simon—. Esa no es mi Madeleine... ¡Saca tus negras zarpas y aleja tus podridos dientes de mi precioso ángel!
Simon, cegado y atormentado por la visión de Black Annis queriendo arrebatarle lo más preciado que poseía en la vida, se dirigió al armario empotrado que había en el mismo pasillo de fuera. Cogió el hacha de cortar leña, y sin mediar palabra, la blandió una, otra y otra vez, hasta que por fin dio muerte a la inefable bruja, quedando cubierto de pies a cabeza por la espesa sangre de aquel monstruoso ser. Tremendamente agotado, Simon cayó dormido de nuevo.
Eran las diez de la mañana cuando Matilda Mulligan entró a la casa ante la falta de respuesta por parte de los señores Sheran. Habían acordado que aquel día se llevaría a la niña a casa de su sobrina Elise para que pudiera jugar con ella, pues las dos tenían cuatro años y los niños no abundaban por aquella zona.
Matilda abrió la puerta con su propia llave al ver que los Sheran no respondían al timbre. Esperaba que no se hubieran olvidado de lo acordado. Habían pasado todo el verano allí y septiembre ya había llegado. Y por lo que Simon le había comentado personalmente, no tenían previsto dejar la casa hasta pasada Navidad.
Margot, parada en medio de las escaleras de roble, tenía su camisón ensangrentado e iba descalza, aferrándose a su conejito de peluche, aturdida y llorosa. La mujer corrió hacia ella y abrazó con ternura, tratando de calmarla y protegerla de lo que hubiera ocurrido.
Al avanzar por el pasillo y llegar hacia la habitación de los padres de Margot, Matilda se detuvo en seco al descubrir a Simon y a Madeleine, muertos. Madeleine había sido brutalmente asesinada a hachazos. La cama estaba cubierta de sangre y el hacha yacía cerca del cuerpo de Simon. Los ojos del hombre reflejaban el terror que había experimentado. Cosas terribles que sólo él pudo sufrir en su mente.
La niña fue llevada a una institución de Londres donde pronto encontró una familia de adopción, y pareció olvidar lo acontecido aquella aciaga noche, precisamente por su corta edad.
El pequeño pueblo quedó conmocionado por tan trágica historia y los rumores empezaron a correr como la pólvora. Todos creían que lo que les ocurrió a los Sheran tenía una conexión siniestra con la obra en la que Simon estaba trabajando. Su obsesión por escribir un antiguo diario que relataba rituales oscuros y entidades que despertaban durante una fecha concreta, había desencadenado todo aquello.
Lo que Simon no sabía era que al profundizar sobre aquellas entidades malignas, había abierto sin querer, una puerta a lo desconocido. La investigación que siguió a todo el trágico suceso, reveló la inquietante relación entre la escritura de Simon y la pesadilla que había invadido su vida.
El pueblo ahora se enfrentaba a un oscuro y aterrador misterio, donde todo escapaba de la razón y la lógica.
Por su parte, Matilda Mulligan, cerró la casa a cal y canto. Incluso mandó tapiar puertas y ventanas para que no pudiera ser ocupada y jamás volvió a alquilarla. Ni tan siquiera se atrevió a venderla, por mucho que aquello pudiera ocasionarle alguna pérdida de dinero.

05/08/2023

Claro de luna

 
VadeReto Agosto 2023
Confidencias con la luna
Blog: Acervo de Letras


Hoy la noche es clara como su nombre. Y yo la ilumino.
Ella es Clara, y tan sólo tiene 21 años y hasta hace cinco días, era becaria del periódico más importante de la provincia.
Estaba Clara tan ilusionada porque le habían dado un trabajo de calle cubriedo la noticia de un brote en el hospital, de un extraño caso de salmonelosis junto a Pol, su algo más que amigo y fotógrafo en prácticas un año más mayor que ella. En algún momento dado, el ambiente se tensó y el caos se desató, apartando a Pol de Clara. Mi compañero Lorenzo, el Sol, sabe más del asunto que yo, pues él tiene más horas y mejor luz para ver todo lo que pasa en estos días estivales en los que luce, brilla y quema como nunca, sin nubes de por medio que le tapen la visión.
A Clara, alguien la mordió y cayó enferma. Se desplomó pero se levantó. Y cinco días después, con sus correspondientes noches, está allí abajo en donde puedo verla. Yace sobre el asfalto de una carretera a las afueras de la ciudad. Tranquilos. Ya no está en peligro. Ella me apunta con su mirada perdida y la boca entreabierta emitiendo sonidos ininteligibles. Tumbada boca arriba, no puede moverse. Tiene ambas piernas rotas y la columna fracturada. Está muerta pero ella no lo sabe. Tampoco sabe que su estado se debe a que un coche la arrolló siguiendo una huida hacia delante. Hoy es noche de plenilunio y yo, Catalina, la Luna. Con este calor que mi compañero está dando, Clara se va secando cada vez más rápido, como un pergamino antiguo.
Mis ciclos continuarán y cuando yo sea uns luna nueva, no podré verla pero, en unos 28 días más, veré como la que fue una simpática chica, es una pobre zombi arrugada y seca que quizás ya no pueda estirar sus brazos hacia mí, como queriendo alcanzarme.
Pero esta noche... Esta noche voy a ser para ella, como la luz que necesitaba para poder dormir cuando era una niña. Voy a ser su compañía aunque ella no se dé cuenta de nada.

"El sol se llama Lorenzo
y la luna Catalina.
Catalina anda de noche,
Lorenzo anda de día"

01/08/2023

Puntos y rayas

Reto: Luces y sombras de medianoche
de Libros.com


La noche caía sin tregua en la ciudad y un aire frío y espeso se colaba por sus calles. En una de ellas, más concretamente un callejón sin salida, un edificio abandonado se levantaba al fondo con sus ventanas rotas, cubiertas de polvo y telarañas. Pese a su ruinoso estado, una de aquellas ventanas destacaba en especial en medio de la negrura, pues emitía una luz roja de forma intermitente.

Aquello sólo era el comienzo. Lo que pocos sabían, es que al llegar la medianoche, cuando las manecillas del reloj se alineaban y la mayoría del mundo dormía, el edificio cobraba vida.

Brad Redford, un joven investigador centrado en los enigmas históricos, había oído las historias que corrían sobre aquel lugar. Rumores que aún seguían después de tantas décadas. Intrigado, decidió descubrir qué había tras la luz de la ventana aproximándose con sigilo y su linterna en la mano. Fijó su mirada en la ventana y pudo observar que el resplandor seguía alguna especie de pauta, como un código. Unos destellos largos y cortos, en patrones repetitivos que formaban una secuencia. El corazón del hombre se aceleró al saber de qué se trataba. Él sabía descifrar el código morse. Utilizado especialmente en la Segunda Guerra Mundial para transmitir información encriptada.

Nervioso por la emoción de estar ante un verdadero enigma al fin, comenzó a desentrañar el mensaje que se escondía en aquellos destellos rojos. Las palabras comenzaron a tomar forma en su mente y las transcribió en una libreta con su vieja pluma, regalo que su padre le hizo por su decimoquinto cumpleaños. Aquel edificio había sido una vez, base de operaciones clandestinas durante la guerra y guardaba un recuerdo de un oscuro y peligroso pasado.

El mensaje morse, con sus pausas y repeticiones, desenterraba una red de espionaje, informantes encubiertos y operaciones encargadas de cambiar el curso de la guerra. Aquella ventana solitaria había sido testigo de encuentros secretos, transmisiones codificadas y estrategias que podrían haber cambiado el destino del mundo entero.

Brad, tan metido y absorto en la tarea de saber la verdad, no se percató de que no se encontraba solo en aquel lugar. Una sombra se alzaba detrás de él, silenciosa y amenazante. Al girarse, sus ojos se encontraron con los de un anciano vestido con un traje desgastado y con una mirada intensa y llena de determinación.

Hans Schultz, el anciano, había sido un agente encubierto de la guerra, guardaba celosamente aquellos secretos que aún quedaban por desvelar. Sabía que el investigador podía poner en peligro todo lo que había permanecido oculto hasta aquel momento. Entonces, la calma de la noche se disipó del lugar.

Empujado a huir por su vida, Brad corría frenéticamente por el laberinto oscuro que formaba el edificio, con largos pasillos abandonados y habitaciones vacías en una especie de juego del 'Gato y el Ratón'. El viejo Hans le perseguía sin tregua con su Luger P08.

Cansado de huir de aquel viejo, todo le parecía absurdo y loco. Su determinación creció y se vio fuerte para enfrentarse a aquel guardián de secretos nazis. No dejaría que se volvieran a ocultar en las sombras.

En una sala polvorienta iluminada únicamente por el resplandor de la luna llena, Brad y Hans se encontraron cara a cara. La mirada fría del único ojo del anciano mostraba el peso de sus experiencias pasadas. Su parche en el ojo derecho no ocultaba totalmente la cicatriz que lo atravesaba. Pero el joven no se dejaría intimidar por él.

El tenso silencio de la habitación se rompía solamente por el viento que soplaba entre los escombros. De pronto, Brad se vio con el arma de Hans apuntándole.

En un momento dado, Brad desarmó al anciano y lo inmovilizó, dejándolo derrotado y exhausto, y le instó a que le contara la verdad.

Aquel edificio había sido una base de operaciones de inteligencia durante la guerra donde mantenían reuniones clandestinas donde se transmitían valiosos mensajes de inteligencia. Pero con el final de la guerra llegó su abandono y olvido.

Con las primeras horas del amanecer, la ciudad comenzó a despertar La luz del día entraba lentamente en el edificio, revelando su decadencia y misterio. Brad lo dejó atrás, también a un compungido Hans. Con una mezcla de alivio y melancolía, salió de allí. Había enfrentado el peligro y descubierto aquellos secretos.