16/07/2023

En medio del bosque


Reto: Luces y sombras de medianoche
de Libros.com



[INTRO MÚSICA]

¡Buenas tardes, queridos oyentes de la K973! Hoy empezamos el programa hablando de Kevin Johnston, el niño de tres años que un año después, sigue sin saberse su paradero.

[MÚSICA SUSPENSE]

La última vez que lo vieron, estaba en el Parque Central de la ciudad. Según los informes, el niño se encontraba jugando mientras sus padres conversaban con amigos. Sin embargo, Kevin desapareció sin dejar rastro y

hasta el momento, no se ha encontrado ninguna pista sólida sobre su paradero. Algunos testigos aseguran que vieron una furgoneta blanca conducida por un extraño hombre alrededor del parque.

La familia del pequeño ha apelado a la solidaridad y han organizado una vigilia comunitaria para esta noche, donde amigos, vecinos y voluntarios se reunirán para orar por su pronta aparición y brindar apoyo a la familia.

[MÚSICA EMOTIVA]

Y hasta aquí el boletín especial sobre el pequeño Kevin Johnston. Les recordamos que cualquier información relevante debe ser comunicada a las autoridades.

[SALIDA DE MÚSICA]


Dos años después... 

Arthur llevaba una hora andando bajo la luna llena por aquel bosque. Había tenido que dejar su viejo Chrysler en donde acababa el camino de tierra. De pronto, los árboles se fueron espaciando, dejándole ver en la lejanía, una línea de luces rojas equidistantes y fijas. Continuó andando hasta llegar a un claro donde una imponente casa de tres pisos, extraña y aparentemente bien cuidada y acondicionada, se erguía tan lejos de la civilización.

Antes de ponerse a inspeccionar el lugar, Arthur se dispuso a dar el último trago de bourbon de su petaca y a comerse medio sándwich que guardaba en el bolsillo de su americana. Entonces, la puerta de la casa se abrió y salió de ella una niña de unos cuatro años. Iba descalza y vestía un camisón blanco con flores amarillas. Su melena rubia estaba despeinada de haber estado durmiendo.

Detrás de ella salieron dos niñas más, de unos seis y diez años respectivamente.

—¡Anne! ¿Qué haces? sabes que no podemos salir de noche sin el permiso de Padre y Madre —dijo la mayor visiblemente nerviosa.

—Es que me hago pis... Y Padre y Madre no nos dejan en casa si no están.

—Bueno. Vale. Yo también tengo... ¿Tú también tienes ganas, Katie? —le preguntó a la mediana.

—Pues sí, Grace. Me hago pis entera.

Las tres niñas rieron, pero pararon en seco. Se acercaron a un montón de piedras, y contra todo pronóstico para Arthur, las criaturas levantaron sus camisones y se dispusieron a orinar como lo harían unos niños. Jugaban a mojar las piedras con sus chorros de orina. Un juego de lo más inocente, si no fuera por el "pequeño" detalle de que iban vestidas, llevaban el pelo y tenían nombres, como niñas.

Anne, Katie y Grace regresaron a la casa. Arthur vio que allí su móvil tenía cero cobertura. La familia Johnston le había contratado para averiguar algo sobre su hijo Kevin. Los años sin saber nada sobre su paradero eran como la muerte en vida para aquellos padres.

Arthur estaba seguro que la niña llamada Katie, era Kevin en realidad. De hecho, según una foto que tenía del niño. Katie y él tenían la misma deformidad en su brazo izquierdo, debido a un problema en su nacimiento con los fórceps. Y que las otras dos niñas, posiblemente fueran otros niños raptados. Y aquella casa tan enorme, más bien pareciera una especie de extraño internado o institución. El hombre se preguntaba si habría otros niños en aquella casa, engañados y tratados como a niñas, dejando por el país a familias destrozadas por sus desapariciones.

Mientras Arthur divagaba con todo aquello, las luces rojas que rodeaban la casa como si estuvieran flotando, cambiaron a ámbar y luego a verde, como si de un semáforo se tratara.

Un haz de luz verde desde las luces que se habían convertido en sólo una, apuntó justo en la puerta del edificio y tres personas se materializaron en aquel mismo punto.

Un hombre y una mujer de piel irisada y brillante que carecían de orejas porque lo dejaba ver la forma en como les nacía el pelo en sus cabezas, como las crines de los caballos. En medio de ellos, se encontraba un niño de unos dos años, agarrado de sus manos a las de ellos. No lloraba y parecía tranquilo.

—Ya estamos en casa, Lottie —dijo uno de aquellos seres. 

—No. Yo, Louis.

—No, amor. Tú eres Lottie. Y nosotros somos Padre y Madre, y vivirás aquí con el resto de tus hermanas...

Entonces, todas las ventanas de la casa se abrieron y un montón de niñas se asomaron. Arthur, escondido en la penumbra, pudo contar unas cincuenta. Entre ellas estaban Katie/Kevin y las otras dos, Anne y Grace. Y las cincuenta niñas empezaron a decir una por una:

¡Hola, Lottie!

¡Hola, Lottie!

¡Hola, Lottie!... 

Arthur, perplejo ante las extrañas cosas que estaba presenciando, parecía que la casa era un lugar donde estaban retenidos aquellos niños, transformados y adoctrinados para vivir como si fueran niñas.

Sabía que debía alertar a las autoridades para rescatar a los niños y desenmascarar a aquellos seres que se hacían llamar Padre y Madre. Pero también era consciente de que debía tener pruebas sólidas para respaldar sus acusaciones. Así que se adentró nuevamente en el bosque y se dirigió hacia su automóvil pensando en cómo recopilar evidencias para que las autoridades le tomaran en serio. 

Al llegar al coche, encendió el motor para regresar a la civilización y contactar con la policía. Les daría la ubicación exacta de aquella misteriosa casa. También pensó en llamar a algún periodista o investigador con experiencia en casos de trata de personas. No descansaría hasta que los niños fueran liberados.

El coche, entonces fue engullido por un haz de luz roja, dejando sólo el eco del estallido eléctrico...

Mientras, los Johnston permanecían sumidos en la oscuridad, esperando que alguien desentrañara el enigma y pusiera fin a su sufriendo. Y como ellos, otras cincuenta familias más.

02/07/2023

Gen MC1R

Imagen real de mi brazo iquierdo
VadeReto Julio 2023
El tatuaje


Mi piel no es lisa... 

Partiendo de la base en la que ninguna lo es al cien por cien y que no somos un lienzo completamente en blanco. Mis tatuajes son naturales, pero no por ello sin dolor, gracias al Astro Rey y al gen MC1R, el receptor de la melanocortina-1, o lo que es lo mismo, el responsable de mis pecas. 

Podéis pensar que mucha gente tiene alguna "pequilla" suelta por aquí y por allá pero, hay poca gente como yo oriunda de España. En mis más de cuatro décadas de vida, habré visto unas seis o siete personas así, a parte de mí, y dos eran mi abuelo paterno y su madre, mi bisabuela. 

Pues bien, se juntaron los genes pecosos y pelirrojos de mi familia paterna, los genes pecosos y también pelirrojos de la materna. Dos familias alejadas durante siglos que, por arte del destino se juntaron por mis padres, siendo yo la receptora de estos genes recesivos. El gen MC1R es muy caprichoso y voy a poner de ejemplo a la parte paterna que he podido conocer... Como he dicho, mi bisabuela tenía el tipo de pecas que he heredado. Tuvo cuatro hijos con mi bisabuelo, que era rubio con ojos azules, mi bisabuela los tenía marrones. Yo también. Las dos hijas salieron lo considerado, corrientes. Los dos hijos salieron pecosos, uno rubio y el otro pelirrojo, mi abuelo. De aquí salieron mi padre, su hermana y una prima, hija de su tía. Ninguno con pecas. Saltando a la siguiente generación, somos cinco, siendo yo la mayor. Mis dos primos no son pecosos ni tampoco mi hermano el mediano. El pequeño, ligeramente. Mi hija no tiene, pero le he dicho que esto es así, que puede que le salga un hijo o un nieto con esta característica. Que un gen recesivo se queda agazapado para que creas que no está... Pero sí está y ¡zas! Ahí lo llevas. 

Mucha gente da por sentado que no soy de aquí. Si estoy en la playa, automáticamente soy guiri. Si estoy en Lérida, perfectamente puedo ser una mujer del Este. Lo noto cuando alguien habla en catalán y pasan al castellano para dirigirse a mí. Sóc de Lleida. Sóc catalana. (Soy de Lérida. Soy catalana). Y española por los cuatro 'costaos'.

Debido a mi curiosidad y a un test genético, sé que principalmente corren por mis venas sangre de Visigodos, Etruscos, Galorromanos, Panonios y Daunios en tropel. 

Bueno, que me voy por las ramas. Esto no es nada fuera de lo normal. La península Ibérica ha sido encuentro de muchos pueblos, interactuando con o sin violencia, y somos el reflejo de ello. Pero a lo que vamos, mis pecas. Las amo. Me hacen diferente. Soy yo. No podría ser yo si un día no las tuviera al despertar por la mañana. 

Odio el sol en verano y odio el calor. Sólo tengo dos tonos de piel, blanco folio o rojo gamba. No. No me pongo morena. Pero hay gente que no lo entiende. 

Me horroriza ver a los guiris quemándose al sol. Yo me quemé de pequeña más de una vez y por eso le cogí asco al olor del Aftersun de Ecran. Me pongo mala. Al olerlo, siento como arde mi piel roja por la noche, acostada de niña en mi cama, cuando cualquier leve roce del tirante del camisón era un calvario. Hace más de treinta años que no me he vuelto a achicharrar. La crema solar y andar buscando la sombra es mi ley de vida. 

Y esta es la historia de mis tatuajes, una piel que de estar roja, es como un pastel de nata y fresa con trocitos de chocolate, como me dijo una compañera de instituto al volver en autocar de una excursión al Delta del Ebro y haber estado andando un par de kilómetros bajo el sol.


11/06/2023

Bea Cox y la verdad de César Max

Reto: Vamos a la feria del libro
de Libros.com

Como cada año, La Feria del Libro más importante de la región, abría sus puertas y durante tres días, escritores y lectores se verían las caras.
Había puestos para todos los gustos. Novela, ensayo o poesía. Terror, infantil, novela negra o histórica, ciencia ficción o recetas de cocina entre otros muchos. Todo era fiesta y bullicio con largas colas en las firmas de autógrafos. 
Durante el viernes que aconteció la primera jornada, todo parecía ir según lo previsto, pero cuando llegó el sábado por la mañana, algunos escritores habían desaparecido. Los organizadores no querían dar la voz de alarma todavía, pero lo peor estaba por llegar. 
Los escritores comenzaron a desaparecer uno tras otro. En medio de las firmas de libros, en pleno bullicio de la feria. Simplemente se esfumaban sin dejar rastro, sin nadie saber qué estaba sucediendo ni cómo detenerlo. 
Entonces Bea Cox, la emergente y fulgurante autora de literatura juvenil, decidió adentrarse en el enigma que estaba envolviendo a la feria. Intrépida y amante del misterio, se convirtió en la improvisada detective del evento. 
Bea comenzó a entrevistar a testigos, revisar las grabaciones de seguridad y estudiar minuciosamente los horarios y actividades de cada uno. Pero aparentemente no encontró pistas o patrones claros que pudieran ayudarla. 
Pero Bea notó algo extraño. En las grabaciones, siempre había una figura sombría al fondo de la escena momentos antes de cualquier desaparición. Era una silueta oscura, prácticamente imperceptible entre la multitud, que parecía observar atentamente cada firma de libro. 
Aquella misma tarde, Bea siguió a la sombra por el intrincado de la feria hasta alcanzarla en un rincón apartado de todo el mundo. 
Bajo la capucha de aquella sudadera negra, se encontraba César Max. Un autor frustrado que no acababa de encontrar su hueco en el mundo literario. Se sentía eclipsado y olvidado por todos. 
Movido por esa envidia, había planeado hacer desaparecer a los escritores. Los llevaba a un lugar secreto y los encerraba para quitarse a la competencia de enmedio… Si sólo quedaba él, todo el éxito sería suyo. 
Bea, con sus dotes para la psicología, lo disuadió de seguir con aquel peligrosísimo plan. 
Al saberse la verdad, los escritores fueron liberados y César rindió cuentas por sus actos, y la feria pudo continuar con cierta normalidad, no sin cierto resquemor. 
Beatriz se convirtió en la heroína del evento y recibió el empujón definitivo que su carrera necesitaba. Se ganó el reconocimiento y respeto de la industria editorial. 
César, condenado a prisión, reflexionó y escribió un libro sobre las oscuras motivaciones que le llevaron hasta allí, así como su camino hacia la redención y la comprensión de sus errores.
Su libro fue publicado tras su liberación con ayuda de Bea Cox, siendo un éxito rotundo. 
La obra de César fue aclamada por la crítica y se convirtió en un fenómeno literario, atrayendo la atención de lectores de todo el mundo que encontraron inspiración y reflexión en sus palabras.
César Max se convirtió en un autor reconocido y respetado.

04/06/2023

Operación Micrófono de Cristal

«Festival de la Canción de Eurovisión:
La historia de Fire Saga», de David Dobkin, 2020
CONCURSO DE RELATOS 37 Ed. DESDE RUSIA CON AMOR
de Ian Fleming


Vestida con un elegante traje negro y pisando firmemente con las suelas rojas de sus Louboutin, Jennifer se atusó las ondas de su oscura melena y se mezcló entre los invitados de aquella fiesta. Maureen, la representante de Suecia, estaba rodeada todo el tiempo por sus aduladores, prácticamente todos los allí presentes. Así pues, no le fue difícil a Jennifer, escabullirse y abrir la puerta de un despacho con una ganzúa oculta en un pintalabios.


Seis días más tarde, la final de Eurovisión estaba saliendo según lo previsto. Maureen, en el centro del escenario, estaba lista para su interpretación. Pero tras su actuación, algo quedó patente. No había sido su mejor noche. Había tenido problemas de afinación y se la vio agarrotada bajo los focos, sin expresividad alguna en su rostro. Nadie que no fuera ciego y sordo a la vez, podría no haberse dado cuenta de aquello. 

Tras el paso de todos los demás participantes y el interludio para las votaciones del público, llegó la hora de los resultados. Todos los jurados profesionales excepto dos, la propia Suecia y Finlandia, su rival a batir, le dieron los "12 puntos" a Maureen. Algo no cuadraba. Ni aunque el público se hubiera volcado con el carismático finlandés, podría alcanzar la salvaje diferencia de puntos entre ellos. Ya que el jurado había calificado con mucha indiferencia a Käärpänen.

Las sospechas se afianzaron al descubrirse unas irregulares transacciones de dinero que involucraba a la delegación de Suecia. Los rumores de compra de votos comenzaron a circular, amenazando con desacreditar el prestigio del concurso y su espíritu de competencia justa. 

Entonces la UER, única responsable del certamen, investigó internamente para aclarar los hechos. Fue en medio de este caos que Jennifer salió a escena y todo estalló. 

Tras abrir aquella puerta en la mansión de la fiesta eurovisiva, Jennifer había descubierto una red de contactos corruptos que estaban involucrados en  la compra de votos para asegurar la victoria de Suecia en el concurso. Y quien estaba metido hasta las trancas, era ni más ni menos que el propio supervisor ejecutivo del certamen, Mårten Öhman. 

Finalmente, con todas las pruebas en su poder, Jennifer contactó con los altos mandos de la UER. Entregó las evidencias que había recolectado, confirmando las sospechas y revelando la verdad detrás del escándalo y hablando directamente con el propio Mårten. 

—Usted lo tenía todo muy bien atado, señor Öhman —pronunció Jennifer con sus labios pintados de rojo intenso. —Pero yo lo he descubierto. 

Mårten fue incapaz de  articular palabra alguna antes de que Jennifer prosiguiera con su discurso. 

—Si Maureen ganaba esta edición del concurso. Suecia ganaba aún más prestigio del que ya tiene musicalmente hablando, pero sobretodo, usted ganaba. Y mucho

—¿Cómo se atreve? 

—Tranquilo. Ahora le explico —dijo ella parpadeando con sus largas pestañas y clavando sus pupilas azules en él. —Usted quería que Suecia empatara a siete victorias eurovisivas con Irlanda, destronándola de tal honor. A su vez, Maureen se convertiría en la segunda persona y primera mujer en ganar dos veces la competición. Pues el primero fue Johnny Logan que casualmente dio dos de sus siete victorias a Irlanda en 1980 y 1987 respectivamente. Si no contamos su victoria de 1992 como compositor.

Mårten intentó meter baza, pero Jennifer le cortó de forma tajante. 

—Y usted quería que todo esto pasara, para poder celebrar en Suecia el concurso el año que viene, cuando se conmemoran los 50 años de la victoria de la mítica Waterloo, de ABBA… Pero hasta los propios suecos, se han dado cuenta de su juego sucio y no están por la labor de colaborar en tan vil amaño. 

—Pero… ¡¡¡Y usted quién es!!! 

—Mi nombre es Band. Jenn Band. Agente 008, con licencia para desenmascarar. 


La UER tomó entonces, las medidas necesarias para garantizar el futuro y la transparencia de Eurovisión. 

Suecia, como país anfitrión de la siguiente edición, estaba en una situación complicada. Aunque el fraude había sido descubierto, no se descalifica al país para no poner en entredicho a Eurovisión en su totalidad. Se decidió que Suecia no sería penalizada colectivamente, pero se decidió que el equipo de Maureen, incluida ella misma, no pudiera participar nunca más en el concurso. 

Maureen pidió disculpas públicamente por haber estado involucrada en todo aquello y aceptó el castigo. Aunque su carrera en Eurovisión se acababa ahí, hizo saber al mundo que seguiría trabajando en la música y demostrar su talento honestamente. 

De Mårten Öhman, nunca más se supo. La revelación de haber sido el cabeza pensante de la estafa, acabó con su carrera de forma fulminante. Cayó en el ostracismo y sus oportunidades profesionales se vieron drásticamente reducidas. 

Jennifer, por su parte, se retiró de la atención mediática después de otra misión cumplida. Aunque se siguió hablando de ella durante un tiempo, y muchos eurofans se referían a ella como la "Sombra Reveladora", ella prefirió continuar trabajando en la sombra…


Vestida con un bikini y pareo a juego, Jennifer dio un trago a su Martini y devolvía el saludo al magnate y mafioso, Sandro Santoro. La brisa en Waikiki la ayudaban a pensar en el plan trazado y encontrar el Diamante Hope. Uno de los diamantes más famosos del mundo, valorado en más de 350 millones de dólares, conocido por su intenso color azul. Y Jennifer, no tenía la menor duda de que Santoro tenía toda la pinta de saber dónde estaba...


03/06/2023

Desde la ventana

Imagen de: Alex Russell Flint
VadeReto Junio 2023
La ventana


Viernes, 2 de Junio

¡Ay, Diario! ¡Por fin es viernes! 
Estoy molida por tanta carga de trabajo. Me he encontrado con don Carlos que me ha dicho que yo soy la luz del edificio, aunque esté cansada. Que soy la juventud en un bloque en el que todos los demás vecinos pasan de los sesenta y tantos... Me ha sacado una sonrisa. 
¿Dónde estaré dentro de unos años? No podré vivir aquí de alquiler por mucho tiempo, el lugar se cae a pedazos y mis vecinos... Pues llegará un día en el que ya no estén aquí. 
Bueno. No voy a escribir más, porque me pongo triste, y es lo último que quiero un viernes por la noche.

Sábado, 3 de Junio

¡Uf! Me ha llamado Romina para salir y festejar los cumpleaños de Carla y Belén, pero he tenido que decir que no, pues creo que he pillado una gripe de las que a mí me dan. Fiebre alta, escalofríos, y como si me hubiesen dado una paliza desde el interior de mi cuerpo. 
Al rato, me llamó al telefonillo y me asomé a la ventana. No la hice subir porque no quiero pegarle nada. Ya me contarán cómo fue la fiesta, y el finde que viene, pues hacemos algo. Que siempre hay tiempo para la juerga. 
Así que nada: paracetamol y agua, caldito y zumos y a pasar el trámite. Aún tengo todo el domingo para mejorar y encarar la nueva semana.

Domingo, 4 de Junio

Anoche ni la televisión quise ver, Diario. A las nueve ya estaba completamente dormida, y he dormido unas dieciséis horas. Todo está en un extraño silencio. Me he asomado a la ventana y parece que los basureros no han pasado. Los cubos de basura siguen llenos. A lo lejos, he visto algunas columnas de humo. Qué raro... Además de que no puedo contactar con mis amigas. O no cogen el móvil o éste está apagado o fuera de cobertura. 
He intentado ver la televisión pero la antena debe haber muerto. Maldito edificio ruinoso. En cuanto gane lo suficiente, me voy de aquí.

Lunes, 5 de Junio

Ya estoy mucho mejor de mi gripe, ni fiebre, ni vómitos, ni escalofríos, pero no he ido a trabajar aunque ya estaba lista para ir. La empresa nos envió un correo diciendo que teníamos vacaciones toda esta semana, y que ya nos irán diciendo semana a semana, en espera de lo que decida el gobierno, pues se ve que una rapidísima y peligrosa enfermedad se está propagando por todo el mundo, con varios focos provocados por viajeros a distintos lugares pero provinientes del mismo sitio.
Miedo me da, en vista de cómo se hizo con el virus de hace tres años...

Miércoles, 5 de Julio

Un mes desde que escribí en ti, Diario... ¿Por dónde empezar? 
Mi casa, mi refugio. El edificio, mi fortaleza. Mis vecinos, como la diezmada población, muertos en vida. Mi ventana, la única conexión con el mundo. Mi escopeta, una de mis armas de defensa. 
Mis amigas y mi familia, probablemente estén todos muertos. Tengo que defenderme de todo, si bien, los enfermos hambrientos no son un problema para mí, los aún vivos, pueden ser saqueadores, ladrones, violadores y asesinos que, en vista que las fuerzas del orden como tal, ya no existen, pues campan a sus anchas haciendo maldades a los demás.
Desde mi ventana he visto a don Carlos. Sucio, medio descompuesto y arrastrando los pies por en medio de la calle, una furgoneta se paró a su lado y dos chicos, uno con un machete, y otro con un bate de béisbol con clavos, se bajaron de ella. 
Entre risas e insultos giraban alrededor de mi querido vecino que, en vano estiraba sus brazos y giraba de derecha a izquierda y viceversa sin poder alcanzarlos. 
El del bate, le golpeó fuertemente las rodillas, haciéndole caer. El del machete, se lo clavó varias veces en pecho y abdomen hasta que se le vieron los intestinos podridos. Don Carlos seguía gimiendo y estirando los brazos, dando dentelladas al aire. Sin pensarlo, le disparé en la cabeza con la escopeta que me regaló papá, para que terminara todo... Luego les pegué sendos tiros certeros a aquellos desalmados.  
Ahora, tengo la posibilidad de dejar de mirar por esta ventana, porque hay una furgoneta con las llaves puestas debajo de mi casa. Necesito buscar comida. La que tenía en casa se terminó, la de mis cinco vecinos, también. Estos pensionistas, eran de los que iban a comprar el producto fresco del día, y así no hay quien sobreviva a un apocalipsis... 
Por cierto, Diario. No sé qué clase de gripe tuve yo hace justo un mes, pero a mí los zombis no me atacan aunque yo siga viva y más lozana que antes, y siempre puedo vivir de la caza gracias a mi padre, por enseñarme todo lo que sé sobre supervivencia.


23/05/2023

Un hogar llamado mar

Reto: Historias de verano
de Libros.com


Seis meses...
Bueno, para ser exactos, hacía seis meses y trece días que había conocido a Nerea en el hospital, cuando la trajo la ambulancia por la rotura doble de tibia y peroné de sus dos piernas. Un coche la atropelló en mitad de la noche y se había dado a la fuga.
Yo había sido una de las personas con quien más tiempo había pasado, ayudándola en la rehabilitación. Era toda una valiente. Una chica callada y tenaz.
Ahora, yo conducía y ella tarareaba las canciones de la radio con los ojos entrecerrados. Conmigo era con quien más se había abierto pero aún así, costaba horrores sacarle los detalles de su vida. Siempre me decía que su familia no podía venir a verla al hospital porque no estaban en la península y, que no tenían teléfono. Que no les dijo a dónde iba, por lo que todo este tiempo lo habían pasado sin saber nada de ella.
Cuando la encontraron, no llevaba ropa encima, y mucho menos, documentación.
—¿En qué piensas, Nerea?
—¿Ah? ¡Oh! En nada y en todo a la vez... A mi padre le va a dar algo. Al principio me horrorizaba la idea de un castigo por haber desaparecido pero, después de tanto tiempo, y cuando sepan por todo lo que he tenido que pasar, me perdonarán y se alegrarán de tener a su hija por fin de vuelta.
—¿Te escapaste de casa?
—No. Sólo quería conocer mundo porque nunca había salido de nuestra villa. Quería ver más allá de la costa.
—Pues te digo que no te pierdes gran cosa. Tu aldea, Caión, es preciosa y tranquila. Ya me gustaría vivir en ella.
—Bueno. Será que muchas veces queremos lo que no tenemos. Aunque ahora mismo, lo que quiero es volver y abrazar a mis padres y a mi hermana, y por eso te agradezco infinitamente que me ayudes.
—No hay de qué...
No supe cómo continuar aquella frase. Ella me gustaba mucho, pero no me atrevía a decirle nada por miedo al rechazo. Estaba decidido a esperar, a que se asentara de nuevo en su casa y recibiera el calor de los suyos. Además, yo sentía una tremenda curiosidad por saber quién era ella y sus circunstancias.
Por fin llegamos a Caión. El viento soplaba con fuerza en la playa de Arnela, la que ocupa toda la zona bajo el paseo marítimo.
—Tengo que decirte algo, Lucas. Esta playa desaparece cuando la marea está alta, y para eso falta alrededor de una hora. Puedes acompañarme un rato, pero luego, será mejor que te vayas.
—Pero... ¿Qué vas a hacer? ¿No ha venido nadie a esperarte?
—Confía. Vendrán. Es mejor que subas al paseo. Gracias de nuevo por todo. TODO.
Nerea me dio un fugaz beso en los labios y me empujó dándome la vuelta para que me marchase. La obedecí. No pude resistirme a la fuerza invisible que emanaba de ella y desde arriba, fui testigo de algo que nunca he podido borrar de mi cabeza. Cuando la playa había desaparecido casi por completo a causa de la marea, Nerea se despojó de la ropa que yo mismo le había comprado. Cuando el agua tocó sus pies, la chica a quien yo había ayudado a la recuperación de sus piernas, dejó de tener aquellas dos extremidades y en su lugar, una cola de escamas irisadas brilló justo antes de zambullirse en el mar.
Me quedé durante cinco minutos mirando al horizonte con cara de tonto. No reaccionaba. No comprendía nada de lo que estaba pasando. Estaba preparado para distintos desenlaces, menos para aquello. De pronto, cuatro figuras surgieron del agua y me saludaron. Nerea estaba junto a quienes debían ser sus padres y su hermana. Todos sonreían ampliamente y volvieron a desaparecer.
Me fui hacia el coche y volví a mi casa, a mi vida. No estaba triste. Desde el saludo de aquellos cuatro seres, mi vida comenzó a ir cada vez mejor. Conocí a una chica fantástica y nos casamos. Y aunque no fuimos bendecidos siendo padres, hemos sido muy felices todos estos años.
Y aunque ella ahora ya no está físicamente, siempre está conmigo y soy feliz. Pude mudarme a Caión para asomarme al paseo cuando quiera y Nerea, viene a saludarme cuando la marea está alta. Sigue igual de bella cuarenta años más tarde. Muchos creen que sólo soy un viejo chocho pero, qué sabrán ellos.

06/05/2023

La sobremesa

Microrreto: La paleta de las emocionesBlog: El Tintero de Oro



Los dos matrimonios charlaban en la sobremesa y sus risas se mezclaban con el entrechocar de los hielos en los vasos. 

—Mamáaaaa, no veo al tete. 

—¿Cómo que no lo ves, Rubén? ¡Si estaba jugando contigo!

—Es que yo contaba y él se escondía, pero no le encuentro… 

La cara de Luisa se puso roja por el enfado, pero respiró hondo para calmarse.

Santiago, se levantó de la silla y se dirigió al niño. 

—Jolines, hijo. Tu hermano tiene dos años y tú ya seis. ¿Dónde estábais? 

—Arriba —sollozó el pequeño. 

Los padres miraron por toda la casa, pero ni rastro del niño. 

A Luisa se le encogió el pecho acordándose de la piscina y fue corriendo. Respiró, su pequeño no había caído en ella, pero la cancela que daba a la carretera estaba abierta… A lo lejos vio un bulto atropellado, y la sangre se le fue de golpe a los pies. El estómago se le había cerrado y el frío se adueñó de su cuerpo. Jamás había sentido esa clase de terror tan primario, el que nace en las entrañas. Ahogando un grito de horror fue acercándose hacia el cuerpo que yacía en el asfalto. 

Sin escuchar las voces de su marido, siguió caminando. ¿¡Era un puñetero gato!? Luisa sonrió nerviosamente y se dio la vuelta. Su pequeño Jaime estaba en brazos de su padre, a salvo. Se había quedado dormido en el cobertizo. Entonces, la sonrisa de Luisa se tornó real, de las que achinan los ojos.


Emociones en el relato:

- Alegría

- Enojo

- Tristeza

- Terror

- Congoja

- Desesperación

- Consternación

- Alivio/Incredulidad

- Felicidad


03/05/2023

La chica de los veranos

Foto modificada por FaceApp
Reto: Historias de verano
de Libros.com


Cada verano, el pequeño Gabriel atravesaba medio país con sus padres para pasarlo en casa de sus abuelos, en un bonito pueblo de la sierra. Durante una semana, más o menos, se pasaban el tiempo saludando a los vecinos. Las señoras, querían todas sus dos besos de bienvenida mientras le decían lo guapo y alto que estaba. Aquel verano de 1981, Gabriel acababa de cumplir seis años, había terminado párvulos y estaba ansioso por empezar EGB, el colegio de los mayores.

El sábado por la tarde, Daniela, la hija de los vecinos de la casa de al lado, había salido a la fresca a peinarse su larga melena castaña de la que refulgía algunos destellos dorados. Gabriel se quedó mirándola. ¡Qué guapa era! Él no se había dado cuenta antes porque era demasiado pequeño. Unas graciosas pecas salpicaban la pequeña nariz de la chica, y unas largas pestañas hacían aún más mágicos sus grandes ojos marrones.

El pelo de Daniela era muy largo, tanto, que sobrepasaba la cintura. Ella inclinó la cabeza hacia delante y comenzó a cepillarse el pelo. Se estaba preparando para salir a la discoteca después de cenar porque ella era una chica grande. Una chica que en secreto, Gabriel adoraba. Se quedaba con la boca abierta cada vez que la veía ya arreglada para ir con su pandilla de amigos. Pero claro, él nunca le dijo nada primero, era demasiado tímido y se moría de la vergüenza. Era ella la que siempre tenía amables palabras para él y para todo el mundo. Era una joven maravillosa.

Aquel niño pequeño de comienzos de los ochenta, se acordaba precisamente ahora de aquellos sábados en los que su vecina salía a peinar su larga cabellera. Durante cuatro años, cada vez que iba al pueblo, bajaba a la calle para verla, hasta que en el verano que cumplió once años, ya no la vio más. Daniela se había casado con su novio y se habían mudado a Madrid, y Gabriel nunca se olvidó de ella.

Daniela para Gabriel, más que su amor platónico, era su obsesión, y nunca estuvo interesado en otras chicas porque su corazón estaba blindado, o eso creía él.

No fue hasta cumplir los dieciocho, cuando se dio cuenta que él no admiraba a Daniela porque la amara, sino porque secretamente quería ser como ella.

Ahora aquel chiquillo era una persona madura que sentada mirando su propio reflejo, dio el último retoque a su maquillaje y se cercioró de que su pelo, no tan largo como el de Daniela, estuviera perfectamente peinado.

La ahora Gabriela, se había enamorado de algunos hombres a lo largo de su vida, pero sólo amó a una mujer, a Daniela. Un amor de niñez, pero no en el sentido romántico de la palabra. Aunque no lo supiera en aquellos momentos, no quería estar con ella. Quería ser como ella, el espejo donde mirarse. Y por eso ahora era lo que siempre había querido ser, una mujer.

26/04/2023

Por una gota de agua

Reto: Cuando marzo mayea, mayo marcea
de Libros.com


Sus tres siluetas se recortaban bajo la luz del amanecer, debían empezar a encontrar un lugar donde cobijarse del terrible calor de las horas centrales del día. Cintia y sus hermanos se movían de noche y descansaban de día. Siempre en ruta, buscando lo más preciado que había en la tierra, no eran diamantes ni cosas así, sino agua. La bendita agua que necesitaban para su supervivencia en un mundo de locos.

—¡Cintia, mira allí! Es una casa. Y aquello de al lado parece un pozo —susurró Hugo.

—¿Pasaremos el día ahí? —preguntó Bianca.

La hermana mayor no dijo nada durante unos segundos. Con veinte años, llevaba cuidando de sus hermanos totalmente sola desde que sus padres murieron dos años antes. Hugo era de mucha ayuda, el chicarrón de la casa, aunque aún bastante crío a sus quince años. Por su parte, Bianca era con once años, la benjamina y algo que sus hermanos se encargaban de cuidar y proteger aún por encima de ellos mismos.

Anduvieron cuatrocientos metros hasta llegar a la casa. Todo era un secarral. El mundo entero era un erial donde los polos se habían fundido. Ahora el planeta era más azul que nunca, pero el agua que anegó la gran parte de los continentes, era salada. Los más ricos se habían instalado en sus spa-bunkers donde desalaban el agua marina. Esos mismos ricos, descendientes de aquellos otros que utilizaban sus jets privados hasta para ir a por el pan, mientras en las televisiones, siempre se hacía hincapié sobre el ahorro del agua a la gente de a pie, la que vivía sin lujos. Siempre al pobre dándole ahí, en la llaga. Ahorra, no gastes, hay que apretarse el cinturón.

La población mundial había sido diezmada. Gente muriendo de sed en las calles, pero también por golpes de calor y síncopes, o por sus enfermedades agravadas por la falta de hidratación. Ya ni niños nacían, y si lo hacían, muchas madres no tenían leche en sus pechos para darles. Por no tener, no tenían ni lágrimas que poder llorar. El siglo XXII había empezado así de cruel.

Los hermanos pudieron obtener algo más de media taza de agua del pozo. Menos era nada... Hicieron un pequeño fuego donde asaron una pequeña lagartija y algunas cucarachas. Echaban de menos la carne, pero cada vez era más complicado encontrar algún pequeño mamífero o ave.

—Dormid un poco, Hugo—dijo Cintia. —Te despertaré en unas cinco horas para que me releves.

La chica estuvo despierta unas tres horas hasta que, sin darse cuenta, se durmió. Hacía una semana que habían tenido una mala experiencia con dos hombres que querían sus pertenencias y algo más... pero supieron defenderse y pudieron huir de ellos. La carne humana se había convertido en la dieta habitual de algunos indeseables...

Un cañonazo hizo temblar la casa. Aún era de día pero estaba oscuro. Cintia se asomó corriendo a la ventana. No podía creer lo que veía.

—¡Hugo! ¡Bianca! ¡Está lloviendo!

Cintia corrió afuera.

23/04/2023

Una cita en el Chumley's

Interior de Chumley's, (Manhattan) NY
Microrrelato Día del Libro 2023
de Droids & Druids
PREMISAS
Género: Novela negra
Lugar: Un bar de Manhattan
Personaje: Un detective privado
Límite: 400 palabras como máximo


Habían quedado al mediodía, una hora decente para una primera cita. 
Un hombre guapo con pinta de ejecutivo se sentó en una mesa y pidió una cerveza. Miró a su alrededor, había sólo dos hombres hablando de deportes, y una señora en una videollamada con sus nietos.
Díez minutos después de la hora acordada, una bella pelirroja cruzó la puerta.
—Hola. Jack, ¿verdad? Perdona el retraso. Me pasé la parada del metro.
—No pasa nada. Valió la pena la espera. 
—Gracias. Pues yo soy Nancy. No sé qué decir. Es la primera cita utilizando Tinder, y no estoy acostumbrada a estas cosas —dijo mirando a la gente del bar. 
—Tranquila, ya verás como todo fluye. ¿Qué vas a tomar? 
—Un café con leche estaría bien.
La pareja estuvo hablando de su día a día. Jack escribía para el Wall Street Journal y Nancy era dependienta en una tienda de vestidos de novia. Ambos solteros. Treinta y siete años tenía él, y treinta, ella. 
—¿Sabes, Jack? —preguntó la pizpireta pelirroja. 
—Dime, Nancy… —contestó muy animado. 
—Me cuesta creer que un hombre guapo, alto, fornido y con buena posición como la tuya no esté casado o no tenga novia y planes de futuro. Tienes unos ojos preciosos. Una criatura con tus ojos sería un bebé de revista. 
—¡Vaya! ¡Ahora sí vas fuerte! Me gusta. No tengo hijos, pero un bebé nuestro, sería la bomba. 
—Novia, entonces… ¿no tienes? 
—Bueno… Algunas citas sin importancia. No sé por qué, pero nada cuaja y no pasa de los tres encuentros. Nadie me llena. Pero tú pareces distinta. Como si escondieras algo, empujándome a querer conocerte. Tienes algo que engancha. 
—¿Y qué me propondrías hacer ahora mismo si yo aceptara? 
—Irnos a un hotel a pasar el resto de la tarde y dejar volar nuestra imaginación. 
—¿Me darías un masaje? Me duelen las cervicales de tomar las medidas a un montón de novias cada día. 
—Un masaje y mucho más…
La señora, que ya no hablaba con sus nietos, se levantó pausadamente y se les acercó a la mesa. 
—Hola, Jack. ¿Sabe Kate dónde estás? 
—Se confunde, señora. Quizá olvidó su medicación.
—Me llamo Louanne y no soy tan vieja… ¡Kate! Puedes salir. 
Nancy se levantó, sacó el móvil de su bolsillo y se lo dio a su madre, Louanne. Con todo grabado, Kate finalmente demostraría las infidelidades de su marido de cara al divorcio.