19/01/2026

28 años después: El templo de los huesos


En junio del año pasado fui a ver la película 28 años después, cuando se estrenó y ya se sabía que la cuarta película de este universo de infectados, que no zombis, se iba a estrenar en enero de este año.
Ayer fui a verla.
Esta parte que enlaza con la del año anterior, está dirigida por Nia DaCosta y de nuevo con guión de Alex Garland.

Sinopsis principal

El Dr. Kelson (Ralph Fiennes) se ve envuelto en una nueva y sorprendente relación, cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como lo conocen, y el encuentro de Spike (Alfie Williams) con Jimmy Crystal (Jack O'Connell) se convierte en una pesadilla de la que no puede escapar. En el mundo de The Bone Temple, los infectados ya no son la mayor amenaza para la supervivencia: la inhumanidad de los supervivientes puede ser aún más extraña y aterradora.



Opinión

Voy a empezar diciendo que Ralph Fiennes hace una actuación que es para llevarse el Oscar. Me quito el sombrero en cómo su personaje manejó de la mejor manera que pudo, la locura de vida post-apocalíptica que le tocó por suerte. También me ha parecido bien llevada la relación con el infectado Alfa Sansón (Chi Lewis-Parris).
Por otra parte, creo que el chico Alfie Williams en esta parte está desaprovechado, e incluso añadiría, que estorba en la trama. Sí, ya sé que es un crío; pero es que como si fuera un niño diferente al de la anterior película.
Notables la locura y la maldad de Jimmy Crystal (Jack O'Connell), y el poder de lograr discenir, echando a un lado el lavado de cerebro de Jimmy Ink, de la actriz Erin Kellyman.

No destripo nada si digo que hasta el final no llega la ansiada, para muchos, aparición de Cillian Murphy, dejando un final abierto que nos deja con ganas de más.

Aunque oficialmente no ha sido anunciada una continuación por el estudio Sony Pictures Enterteinment, Deadline informó en diciembre de 2025 que se está trabajando en otra secuela. Según Deadline, Murphy, quien fue productor ejecutivo de estas dos últimas películas, está en conversaciones con la SPE para unirse a la secuela, que aún no tiene título.
Además, Alex Garland, guionista de todas la películas de la saga, está escribiendo el guion, según informa Deadline. Asimismo, Danny Boyle, director y productor de la franquicia, ha declarado previamente que sería él quien dirigiera esta nueva entrega, si se realiza, según informó The Hollywood Reporter el pasado diciembre.

Merece la pena verla si te gustó la anterior. Personalmente esta me ha gustado mucho más que la anterior, pero eso va por gustos. En parte es por el papelzao que se marca Fiennes. Todo sea dicho.
Por cierto, vi gente comprando entradas para la misma sesión a la que fui que no había visto 28 años después... y lamento decir que si no la vieron, muchas cosas de las que salen en esta película no las habrán entendido del todo.

15/01/2026

Batas blancas

Relato presentado al III Concurso de microrrelatos
200 pulsaciones de Roche Farma


Ahora ya no temía a las batas blancas. Montse y su cantarina voz, Gabriel y su sonrisa tranquila, Blanca y su gracejo gaditano, e incluso Rosa con su seriedad, habían fomentado que la pequeña Valeria se sintiera segura.

Valeria aprendió a medir sus miedos tan bien que a veces, con sus pequeñas travesuras hacía que los adultos se rieran mientras ella recuperaba un poco de control sobre el mundo que le parecía tan grande y extraño.

Y llegó un día en que el sol brillaba con fuerza y coloreaba la habitación de tonos dorados, en el que Valeria le guiñó un ojo a Gabriel: “¿Sabes que hoy me dijeron que no necesito más quimios?” Y él, sin perder su calma, asintió. En ese instante, entre palabras y cuidados, la bata blanca no era una amenaza, sino un gran refugio. A punto de dejar los nueve años, Valeria podría  soplar las diez velas en su casa, rodeada de toda su familia, y con una tarta que tuviera el bonito dibujo de un unicornio azul.

04/01/2026

Un náufrago en una isla

 

Relato presentado al X Premio de Relato Breve La Gran Ilusión
De Cines Renoir


Damien llevaba cuatro meses varado en aquella isla perdida del Océano Índico, cuando el avión donde viajaba de Perth a Roma se estrelló en el mar. No podía creer que hubiera sobrevivido a aquel terrible accidente donde ninguno de los otros diecinueve pasajeros y sus seis tripulantes lo había hecho. Él no tenía un balón como Tom Hanks en “Náufrago”, pero llegó un momento en el que le hablaba a los cangrejos que iba a comerse un poco después, y hasta se hizo amigo de un coco al que le pintó una carita sonriente con las ascuas de la hoguera. Lo llamó Cocolette. Al principio era nada más que una broma desesperada para no volverse loco, pero con el tiempo, Damien empezó a confiarle sus pensamientos, sus temores y hasta sus plantes. Así no se sentía tan solo, aunque fuera una ilusión.

La isla tenía apenas tres kilómetros de largo por uno y medio de ancho, un frondoso bosque en el medio y una playa de arena blanca rodeada de acantilados bajos. Por suerte para él no había grandes depredadores, pero sí tormentas traicioneras, un sol implacable y una humedad que le amargaba las noches. Ahora su piel estaba bronceada a la fuerza y se escamaba, y él que siempre iba afeitado, tenía bigote y una barba como un matorral oscuro. Su pelo también había crecido y su cuerpo había adelgazado tanto, que se le notaban casi todos los huesos.

Cada mañana, Damien subía al punto más alto de la isla con la esperanza de ver pasar un barco o un avión. Aunque aún no había tenido suerte, nunca dejaba de mirar. Se había construido un refugio con ramas y hojas de palma, y gracias a un mechero que milagrosamente seguía funcionando, podía hacer fuego. Ya había aprendido a pescar, a coger y partir cocos y a no comer algo que no le diera confianza. Su vida en la isla era siempre igual, hasta que una noche, en medio de una tormenta eléctrica, todo cambió.

El viento rugía con tal fuerza que sacudía la choza como si de papel se tratara. Cocolette cayó de su rincón habitual, rodó hasta la entrada y chocó contra una piedra. Damien, temblando por el frío y la lluvia, se lanzó a por el coco como si fuera un tesoro. Y entonces lo vio. Un barco en el horizonte.

Damien corrió descalzo por la arena mojada, gritando a pleno pulmón y agitando los brazos como un loco. Tropezó y cayó varias veces, pero seguía adelante, siempre sin dejar de sostener a Cocolette.

Y entonces, desde detrás de una cortina de lluvia, una figura humana apareció en la cubierta de aquel barco que se acercaba a su isla. Damien dejó de correr. La embarcación se acercaba demasiado deprisa, como si no tuviera intención de aminorar o atracar.

Todo pasó muy rápido. Un crujido. Un chirrido de metal desgarrándose, seguido de un brutal golpe seco. Aunque Damien se había alejado de la playa y acuclillado en su choza tapándose la cabeza por instinto, el corazón le latía en los oídos. Cuando todo paró, vio iluminada por la luna la enorme silueta del barco, escorado peligrosamente sobre un costado. ¿Dónde estaría el hombre que creyó ver antes?

Damien cogió su palo afilado como lanza improvisada y descendió por la orilla, con los pies hundiéndose en la arena mojada. A medida que se acercaba, el hedor lo golpeó. Olor a carne, podredumbre y descomposición. El nombre del barco aún podía leerse bajo la pintura desconchada : ”Ocean Queen”. Damien tragó saliva. Le sonaba el nombre porque era uno de los barcos turísticos que partían como él, de Perth.

Entonces, la figura que había visto se lanzó por la borda y cayó pesadamente al suelo, de una forma que ningún ser humano debería caer. Damien retrocedió al ver que la figura se alzaba con lentitud mientras sus huesos crujían. Una parte del rostro le colgaba, como un velo arrancado, dejando ver parte de su mandíbula y dientes. Damien se quedó quieto como una roca, con el palo temblando en sus manos.

Detrás de esa figura, otras más comenzaron a caer. Docenas. Cuerpos ennegrecidos por la sal y la putrefacción. Algunos llevaban los uniformes de la tripulación, o camareros. Otros, simples pasajeros. Todos llevaban su ropa cubierta por sangre seca. Una mujer arrastraba una pierna rota; un niño sin mandíbula abría y cerraba la garganta como si intentara hablar.

Damien dio un paso atrás y comprendió que el mundo había cambiado. Mientras él hablaba con un coco y pescaba cangrejos esperando ayuda, el mundo se había ido al carajo.

—No... —susurró—. No puede ser…

Los zombis olieron su aliento. Gimieron al verle y fueron a por él. Damien echó a correr selva adentro, dejando atrás la playa y a Cocolette mientras en los más profundo de su pecho, algo se rompía. Ya no estaba solo… y ojalá lo hubiera seguido estando. Sabía que no aguantaría demasiado hasta que esas criaturas lo devoraran o lo convirtieran en uno de ellos. Vaya mal final para Damien que de pasar a ser como el protagonista de “Náufrago" pasó a vivir su particular “Noche de los muertos vivientes”.

02/01/2026

La Ceni

 
Microrreto: Intertextualidad,
un laberinto de historias

La nueva canción de Aitana sonaba en los auriculares de una graciosa chica de moño rubio.

…Yo le digo de dónde tú has salido... —canturreaba—, él me dice que quiere estar conmigo. Yo le digo que no es fácil enamorarse de una superestrella…

—¡Oye, Ceni! ¡Mira qué encontré!

¿QUÉ?

—Quítate eso dijo el príncipe señalándose una oreja.

A ver, rapidito que tengo cosas que hacer, Prince.

No te enfades, Ceni o te parecerás a Anastasia y Drizella.

Ya quisieran esas mamarrachas. ¿Qué quieres?

—Al fin encontré este bonito zapato.

Vaya mala pata… Nunca mejor dicho. Yo que me quería deshacer de él por su incomodidad contestó ella resoplando—.

—Mira, Cenicienta. Siempre ha sido así pero... ¿qué pasaría si te faltase de verdad uno de los zapatos de cristal?

—Pues nada, Príncipe. No pasaría nada porque las niñas de ahora van a crecer empoderadas y no quieren ser princesas. Solo superestrellas —cogió aliento mientras acariciaba a sus ratones y prosiguió—. Si se quieren calzar tacones, estupendo, y si quieren llevar deportivas, genial.

—Pero… así no es como se supone que funciona el cuento —murmuró él, molesto, bajando el zapato—.

—Y dale…

La puerta del cuarto se abrió y Sira, de quince años, entró con su prima Chloe, de cinco.

—¡Vosotros dos, a vuestros puestos que nos van a leer! gritó la directora de escena. No la líes, Cenicienta. Que nos conocemos.


Mira, Chloe. Este era mi cuento favorito de pequeña. ¿Quieres que te lo lea?
—Síiiii, porfi.

246 palabras

Si os ha gustado, os invito a pasaros por mi relato "Capuchita Roja" ya que saqué de él la inspiración para este. Podéis seguir el siguiente enlace: