31/12/2025

Sin olor a almendras

 
Relato narrado en el Programa de radio Martes de Terror
Navidad de Terror VI ; Volumen 4


Estoy muy emocionada porque el relato que hoy os comparto fue seleccionado por Lux Ferre Audio para su programa Martes de Terror, entrando por primera vez en el podio con un dignísimo tercer puesto. El cuarto episodio del especial Navidad de Terror 6, con las voces de Rebeca G. Briones, Marián Salgado, Nieves G. Briones, Mª Carmen Briones y Toni López. Podéis escuchar el programa completo AQUÍ.

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“En 1910 yo ya vivía en esta antigua casa, propiedad de mi familia, los Blumhouse. En Ohio, el frío siempre sube por las escaleras, y un viento helado soplaba aquella Nochebuena mientras la leña crepitaba en la chimenea. En un momento dado, padre anunció que cenaríamos todos juntos.

Juntos… Qué palabra tan cruel cuando uno tiene que cuidarse de quienes se sientan a su lado. Pero la cena de aquella noche parecía perfecta con los cuchillos deslizándose sobre los platos al cortar el solomillo, las copas tintineando y las risas que pretendían ser un poco menos tensas. Falsamente amables.

Padre presidía la mesa con ese aire de busto romano que siempre tuvo. A su lado, la nueva señora Blumhouse —mi madrastra a la fuerza—sonreía mostrando unos dientes tan blancos que daban miedo. Y frente a mí, sus dos hijas, tan delicadas y perfectas, de esas criaturas que parecen nacidas para patear a los demás con la punta de sus botines.

Yo les serví el vino a los cuatro. Todos bebieron menos yo. Aún no tenía la mayoría de edad y me lo tenían totalmente prohibido, entre otras muchas cosas. Aunque eso sí, padre me ordenó por ser la pequeña, ir a la cocina a por una botella especial para aquella noche… Una gota. Dos. Tres. Cuatro. Y otras tantas hasta que me desconté. Cicuta. No hay aroma, no hay color. Solo un beso en la garganta que se confunde con el sabor a uva. Siempre se me dieron bien esas cosas. Elegí cicuta porque el arsénico huele a almendras, y aquí, en el campo, hasta el aire huele a almendras en diciembre.

—Doris, apenas comes. No te olvides de brindar por la familia. ¡Venga! —inquirió mi madrastra —¡Alza tu copa de mosto!
—Por la familia —repetí.

Y bebí mirando directamente a mi copa para no ver a nadie más porque solo yo sabía lo que iba a pasar.

Antes de que el sopor por comer mucho mazapán empezara a instalarse, mi madrastra me exigió que recogiera la mesa. Desde la cocina se escuchaba tocar el piano mientras padre se reía con alguna excentricidad de mi madrastra. Luego llegaron las toses.

La primera en caer fue Calista, de veintiún años recién cumplidos, justo en la edad para poder haber bebido el vino. Su risa siempre me había parecido insoportable y ridícula. Su copa rodó por la alfombra, dejando un rastro violeta. Después, su madre, Abigail… y enseguida la otra hija de veintidós, Claire, tan altiva, con su cuello de cisne que siempre parecía que iba a quebrarse. Padre fue el último. Siempre lo es con su afán de hacer ver quién manda. Hasta morir. Cuánta prisa se había dado en reemplazar a madre. Ni un año hacía desde que nos dejara a causa de una neumonía.

Todo quedó en silencio y yo me quedé muy quieta. Toda una semana planeándolo y, ahora no sabía qué hacer. El fuego chisporroteaba con furia y por un instante, todo fue perfecto. Pero la perfección es un lujo que nunca dura demasiado, y el viento entrando por la ventana mal cerrada de la cocina me sacó de mi ensoñación. Por suerte, no se rompió ninguno de los cristales.

A la mañana siguiente, el doctor Muriel dijo que había sido una desgracia. Podía haber sido la comida, el vino, quizás algo en mal estado. El párroco habló de la penitencia y del misterio de la Navidad. Y el juez vino hasta en tres ocasiones a preguntarme si noté algo extraño.

—¿No notó usted algo inusual, señorita Blumhouse? —me preguntó el juez por enésima vez.
—Solo el silencio, señor. El silencio justo después de medianoche —dije con mi cara más inocente.

La verdad es que no hallaron pruebas. Ni veneno, ni manchas, ni nada que los ojos puedan ver… El frasco lo arrojé al pozo, junto con mis guantes. Lo hice bien, pues a nadie se le ocurrió ir allí a inspeccionar. Para la policía de entonces era muy fácil creer a una bella joven de buena familia.
Tres días más tarde, después de los funerales, todos se marcharon y la casa quedó mía para siempre. Yo era legalmente poseedora de todo lo que contenía, aparte de la fortuna de padre. Solo tenía que esperar ocho meses hasta cumplir los veintiuno para hacer lo que yo quisiera con mi herencia. Al fin alcanzaría la mayoría de edad.

Desde entonces, durante cincuenta años, cada Nochebuena pongo cinco copas sobre la mesa y sirvo vino en cuatro de ellas. Yo me he mantenido fiel a mi mosto. Dicen que el veneno se hereda. Quizá sea cierto que llevo esa clase de veneno en la sangre. He sabido sacarle partido a la vida, hacer negocios, y casarme varias veces. Por desgracia, ninguno de mis tres maridos, vivió lo suficiente para llegar a pasar más de una Navidad conmigo tras beberse su copa de vino. Una pena.

Ahora voy a apagar la chimenea antes de acostarme. Seguro que tu novio te está esperando con un disco de Elvis Presley sonando. No sé si envidio tu juventud, tu melena, tu minifalda o tus botas altas, pero a mis ochenta años mi cuerpo viejo necesita descansar. Así que es mejor que tú hagas lo mismo, Ophelia.”

Y esta es la historia que me contó en 1970 la señora Doris Blumhouse aquella Nochebuena. A la mañana siguiente no se levantó. Me había invitado a su casa porque yo era la joven vecina que había comprado la casa de al lado para reformarla junto a Greg, mi novio. Sinceramente, aún sigo pensando que necesitaba contarle a alguien lo que había hecho en su vida para poder descansar en paz.

29/12/2025

La llave

Relato presentado al certamen de Microrrelatos
100 de 100 De Leonardo Jiménez

Este relato viene a ser una continuación de otro más antiguo y más largo que podéis revisitar AQUÍ, titulado: Trazos de tiza en el suelo.

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Lizzy vive conmigo hasta que Servicios Sociales encuentre acogida. Aunque duerme algo mejor, hoy la encontré en mi estudio con un carrete del caso Stan.
—Él venía aquí —murmuró.
—¿Quién?
—El hombre que mató a mi familia.
—Ese hombre nunca ha estado en mi casa —dije sobresaltada.
—Sí. Te vigila desde la noche anterior a que tú me encontraras —dijo señalando mi mesa.
La llave del armario donde la encontramos apareció junto a mi mejor cámara. Según el informe, se perdió durante la extracción. Yo solo soy la fotógrafa de la escena del crimen… Sentí miedo por primera vez.

19/12/2025

28 años después: El templo de los huesos

  

Desvarío: Zombis

Este domingo fui a ver la película 28 años después, y por si alguien no lo sabe, es la tercera entrega de la saga iniciada con 28 días después (2002) y 28 semanas después (2007).
Esta tercera parte, como la primera, está dirigida por Danny Boyle y escrita por Alex Garland.

Sinopsis principal

Tres décadas después del brote del virus de la rabia, un pequeño grupo de supervivientes vive aislado en una isla fortificada en Gran Bretaña. Jamie (Taylor-Johnson) y su mujer enferma Isla (Jodie Comer), junto a su hijo Spike (Alfie Williams) forman parte de este grupo de supervivientes.
Spike es iniciado por su padre en el arte del tiro al arco para defenderse de los infectados que habitan en la Escocia interior, allí el chico verá una hoguera humeante que le llenará de curiosidad, y será así como sepa de la existencia del Doctor Kelson (Ralph Fiennes).



Opinión

Personalmente me ha encantado el papel que se marca Ralph Fiennes, un personaje que nos deja una buena enseñanza que, si bien en algunas de las cosas que hace no logramos entenderlas en un principio, después, podemos llegar a entenderlo precisamente al juramento hipocrático a la que se debe como médico. También me ha gustado el joven Alfie Williams y la actriz que da vida a su madre, Jodie Comer.

Y lo que menos me ha gustado es un aspecto del Infectado Alpha, y la manera en la que han decidido darle cierre a la película. Para mi gusto, creo que se le fue la pinza más de lo necesario. Mención especial a una escena que en la sala se transformó en carcajada entre Alfie y el soldado sueco Erik (Edvin Ryding). Quien vea la película sabrá a qué me refiero.

Para quienes nos gusta este subgénero ya tenemos confirmada su secuela: 28 años después: El Templo de los Huesos, cuyo estreno está previsto para enero de 2026 y estará dirigida por Nia DaCosta y contará con Cillian Murphy retomando su rol de Jim de la primera película de la saga.

Merece la pena verla si te gustan las películas de zombis, o como en este caso, de infectados, y si te gusta que se cuente la historia de esos supervivientes que tienen que continuar en un mundo post apocalíptico. Por mi parte espero a que la siguiente película no me decepcione y que todo vaya bien para que pueda hacerse la tercera parte de la que parece ser la trilogía definitiva, dotando a la saga de cinco películas.

04/12/2025

Tilda y el manual para conquistar el universo

CONCURSO DE RELATOS 48ª Ed.
El color de la magia de Terry Pratchett


En el desván de tía Lucinda se podía encontrar de todo, incluso un MANUAL PARA DOMINAR EL UNIVERSO (para niños). O así decía el título.

Tilda lo encontró enterrado bajo un mantel bordado mientras buscaba una caja de disfraces, ya que los necesitaba para hacer una obra de teatro con sus primas.

—¡Vaya! Me lo voy a quedar. —Exclamó la niña.

El libro tenía bonitas ilustraciones a color y decía ser “No apto para menores con exceso de iniciativa”. Y de eso iba bien sobrada la curiosa criatura. El libro olía a polvo y esi hizo estornudar tres veces a Tilda. Lo abrió justo por el tercer capítulo: ”Cómo dar vida temporal a formas simples”. Para hacer aquello necesitaba barro arcano, pero como no tenía, bajó a su habitación con el libro y sin la caja de disfraces, y usó toda la plastilina que pudo encontrar hasta moldear una criatura. Una bola con dos ojos desiguales y cuatro tentáculos blandurrios.

—Te vas a llamar Gluso —aseveró.

La criatura abrió los ojos, se tambaleó, emitió un ruidito como de beso mal dado y luego se estiró.

—¡Buenas tardes, maestra! —exclamó con una voz que parecía salir de un tubo de pompas de jabón—. ¿Cuál es nuestro primer paso para dominar el universo?

—¿Cómo? —dijo Tilda parpadeando muy rápido.

—En este libro está escrito un claro plan de conquista y tú me has creado para que te ayude. ¡Estoy listo para ello! —contestó Gluso hinchándose orgulloso.

La niña pasó a la página siguiente. En letra muy pequeña decía: Las criaturas modeladas tienden a malinterpretar las instrucciones. Mantengan supervisión adulta y una escoba a mano.

Demasiado tarde. Gluso ya estaba moldeando otras criaturas. Cada vez que tocaba un montoncito de plastilina, nacía un nuevo ser. Cuando ya no hubo nada más que moldear, aquellos pequeños monstruitos comenzaron a marchar en formación militar. Parecían como si los muñecos de Tilda hubieran cobrado vida.

—¡A la conquista, mis muchachos! —proclamó Gluso—. Empecemos por esta casa hasta poder con todo el universo.

Las nuevas criaturas empezaron a reorganizar el cuarto infantil, tomar medidas, construir barricadas con bufandas y leotardos y proclamar decretos como “A partir de ahora, todas las moscas deberán registrarse”. Una de las dos que había se aferró a una lámpara e inició una campaña para instaurar “iluminación permanente y absoluta”, lo cual consistía en encender y apagar la luz cada tres segundos.

—Esto no está bien… —murmuró Tilda. —Me la voy a cargar.

Y entonces apareció tía Lucinda por la puerta.

—¿Por qué hay un peluche vivo dentro de mi cafetera? —preguntó con un tono que presagiaba tormenta eléctrica doméstica.

Tilda se quedó inmóvil y Gluso saludó a la tía con uno de sus tentáculos.

—Oh, no. Otra vez no —dijo Lucinda llevándose una mano a la frente.

—¿Otra vez? —repitió Tilda.

—Ese manual lo encontré cuando tenía tu edad —dijo suspirando, como quien recuerda una vergüenza antigua—. Y también fabriqué una criatura que en mi caso, quiso conquistar el gallinero. Y fíjate que consiguió ser un emperador durante dos días.

—¿Y cómo lo paraste?

—Con tiza —respondió señalando un cajón—. El libro tiene una página especial en donde dibujas una puerta y todo vuelve a su lugar… O debería.

Tilda no sabía porque su tía no sonaba muy convincente pero abrió el libro. Sí. En el capítulo trece lo encontró: “Solución de emergencias. Puertas dibujadas y otros trucos de contención”. Pero antes de que pudiera coger la tiza, Gluso se interpuso.

—¡Maestra! No nos traiciones —dijo la criatura dramáticamente—. ¡Tenemos el dominio universal al alcance de la mano! ¡Mire nuestro ejército!

—¿Pero qué vas a conquistar tú, mequetrefe? —le retó Tilda.

—Hoy empezamos por esta casa, pero mañana puede ser toda la calle. El barrio quizá. Y más adelante… ¡El planeta entero!

Lucinda carraspeó.

—Vamos, niña. Dibuja la puerta antes de que esto empeore.

Tilda hizo gala de sus habilidades como dibujante y trazó una puerta perfecta, en arco de medio punto y con un pomo exquisitamente circular, y entonces el libro vibró. La puerta se abrió y una ligera brisa absorbió a las criaturas. Gluso fue el último en desaparecer levantando un tentáculo:

—¡No me olvide, maestra! ¡Volveré cuando el universo esté más desorganizado!

Y la puerta se cerró tras él.

Tía Lucinda se ajustó las gafas y se alisó el delantal.

—Creo que las dos necesitamos unos churros con chocolate bien caliente —dijo—. Aunque antes voy a esconder este libro en un lugar más seguro.

Después ambas se dirigieron a la cocina, sin ver que una bolita de plastilina olvidada, rodaba lentamente bajo el armario de la niña… Se detuvo y abrió uno de sus ojos con expresión traviesa. Porque la conquista del universo nunca empieza a lo grande, sino con una pequeña idea plastilina de colores.


Palabras: 797